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En los municipios que recorrí durante estos años en gestión pública territorial, aprendí algo que ningún manual enseña: muchos profesionales llegan a ocupar cargos importantes sin conocer la cultura del municipio, sin conocer su plan de desarrollo. Llegan porque hay que pagar un favor político, y eso termina condenando a quienes sí tienen el mérito, pero no se enmarcaron con el político correcto.
No creo que el problema sea que existan favores políticos. Siempre los habrá, siempre habrá que devolver algo a quien ayudó a llegar. Eso es parte de cómo se mueve la política, y no pretendo desconocerlo.
El problema es cuando esa lógica atropella el mérito real, cuando la regla no escrita es "hay que ser amigo de" para poder ocupar un cargo, sin importar quién está mejor preparado para ejecutarlo.
Hay algo, además, que pocos nombran: cuando un profesional empieza un camino de formación real, hacia una maestría, un doctorado, ese proceso también construye criterio propio. Y el criterio propio es difícil de masticar. Incomoda al político de turno, porque ya no se deja moldear fácilmente. Por eso, muchas veces, no es que falte mérito: es que sobra criterio, y eso también se paga caro.
No es un problema de personas. Diputados, concejales, alcaldes: todos tienen el derecho de devolver un favor. El problema es de diseño institucional, cuando ese favor pesa más que la capacidad real de quien va a ejecutar un cargo, y termina crucificando a profesionales que se han dedicado en serio a conocer el territorio.
Hoy, con tantos departamentos necesitando cooperación internacional, gestión territorial, comercio exterior, hay una oportunidad real: que el mérito sea, por fin, la llave que abra esa puerta, no la bandera política.
A quienes hoy deciden quién ocupa un cargo en el territorio: la próxima vez que tengan un favor que devolver, devuélvanlo donde no le cueste el puesto a quien sí sabe hacerlo. El país no necesita menos política. Necesita más criterio.
Milena Rodríguez
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Héctor(15733)•Hace 7 horasMe gustó esta columna, bien escrita, bien argumentada. Sólo le cambiaría, en el primer párrafo, la expresión "político correcto" por "político de turno".
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Julio César(69508)•Hace 10 horasEn Colombia ni la carrera judicial se respeta. Los numerosos cargos de carrera designados en provisionalidad, por màs de 10 años, revela el censurable ejercicio de la perversa facultad discrecional del nominador, que se tratò de enterrar con las normas de carrera.