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Origen de una historia: un proyecto nacido de sueños

SINFONÍA TRÓPICO es una plataforma de arte y ciencia creada en 2014, centrada en la conservación y protección de la biodiversidad. Esta es su historia.

Origen de una historia: un proyecto nacido de sueños.
Origen de una historia: un proyecto nacido de sueños
Foto: SINFONÍA TRÓPICO

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SINFONÍA TRÓPICO nació de un sueño colectivo. Lo construimos con dedicación y entusiasmo desde las primeras reuniones en las que se gestó. Trabajamos durante más de un año en la planificación del lanzamiento que se dio en noviembre del 2014. Era un momento clave para Colombia: la mesa de negociación del proceso de paz estuvo en marcha desde el 2012 al 2016. A pesar de los baches, la esperanza flotaba en el aire, se vivía un cambio de proyección de imagen internacional del país. Queríamos contribuir a la construcción de identidad de los jóvenes en torno a la biodiversidad y a la riqueza natural del país, como alternativa a una identidad asociada a la violencia.

Empezamos a trabajar en un proyecto abonado con buenos augurios; era el lugar adecuado en el momento adecuado. La abogada, bióloga y consultora en cambio climático Charlotte Streck y el artista irlandés Lillevan llegaron a Colombia inspirados por una metodología que habían puesto en marcha en Asia Central, en el Glacier Music Festival, organizado por el Goethe-Institut: un proyecto multidisciplinario desarrollado durante cuatro años, que unía arte, música y ciencia, para concientizar acerca del cambio climático y el impacto del deshielo de los glaciares en la estabilidad social y política de los países afectados por esta consecuencia del calentamiento global. 

Cuando ambos llegaron de Alemania, Juan Pablo Castro, cofundador y gerente de SINFONÍA TRÓPICO, los llevó al nevado del Cocuy. Aunque en Colombia también sucede el deshielo de los glaciares, entendimos que el enfoque aquí, como país megadiverso, debía ser la protección de la biodiversidad, bajo amenaza por la deforestación y la contaminación de las cuencas hídricas, efectos provocados por actividades como la ganadería extensiva, los monocultivos, la minería ilegal o la expansión de la frontera agroindustrial. Durante esa época de proyección inicial, sucedió el Paro Nacional Agrario en contra de la ley 970, que permitía el decomiso de semillas nativas o criollas si no estaban registradas, poniendo en riesgo la soberanía alimentaria. En el aire estaba la conversación sobre la importancia de la variedad de cultivos que hace más resistentes a las especies. La celebración y protección de la riqueza biodiversa colombiana eran parte del espíritu de ese momento en el que sembramos las primeras semillas de nuestro trabajo.

Iniciamos un viaje plural, con el sueño de generar una transformación en los jóvenes, de plantar semillas en personas que empiezan a definir su postura frente a los retos que presenta el cambio climático y las posibles soluciones para combatirlo. Entre todas las personas que conformaron el equipo inicial, reunimos a artistas, músicos, científicos, gestores, instituciones aliadas y un comité directivo compuesto por Manuel Rodríguez Becerra, Brigitte L. G. Baptiste, José Roca y Gustavo Wilches-Chaux. 

Constituimos un grupo de personas que cree en el poder de transformación del arte amplificado por la unión del conocimiento científico con distintos lenguajes artísticos; un grupo que cree en la posibilidad de una juventud con opciones y esperanza. Actuamos desde el deseo de encontrar una transformación mutua, un intercambio de saberes y experiencias con las comunidades que nos reciben. Desde el inicio uno de los objetivos de Sinfonía Trópico ha sido descentralizar el arte, llevar experiencias de educación ambiental a través de talleres artísticos que, si bien se entrelazan con la riqueza cultural existente en la región.

Y bajo estas premisas nació SINFONÍA TRÓPICO: en 2014 lanzamos el proyecto con un concierto en Apartadó, en el marco del Encuentro Internacional sobre biodiversidad. Continuamos realizando una residencia artística pasando por Necoclí-Totumo y Chigorodó, Acandí y Triganá. En 2015 se dieron los talleres y festivales en Puerto Gaitán, San José del Guaviare y Usme; realizamos una residencia artística en Guachalito (Chocó) y, para culminar esta primera etapa, un festival de 3 días en Bogotá en el que mostramos una rica variedad de procesos y resultados logrados hasta el momento en lugares como el Museo Nacional, Flora ars+natura y Casa 9-69. Esta primera e intensa etapa se recoge en la publicación, SINFONÍA TRÓPICO. Un recorrido por Colombia biodiversa, lanzada en el 2016 en el Jardín Botánico de Bogotá. Ese mismo año trabajamos en Florencia (Caquetá), en 2018 en Tadó (Chocó), 2019 en Mitú (Vaupés), 2022 en Manaure (Cesar) y el 2023 en Carmen de Bolívar (Bolívar). En 2024 trabajamos en Queremal (Valle del Cauca) y celebramos una década de actividad en el marco de la COP16 en Cali. 

Este es un recorrido por lugares a los que hemos tenido el privilegio de ir a trabajar en talleres de composición musical, de realización audiovisual, de performance, de pintura, de muralismo, de danza, de escritura, de gastronomía, de costura, de fotografía, de ilustración botánica, de teatro, de podcast, de joyería y de bordado.  Al ser un equipo estable que se junta para realizar estos festivales, residencias y eventos, como si se tratara de una cuadrilla con una misión, hemos mantenido una base de contenidos, aunque cada lugar ha supuesto una revisión del contexto para adecuar la programación porque, si bien creamos una metodología, no actuamos según una receta fija. Un ejemplo de esto es el trabajo realizado en Mitú, donde estuvimos varios meses trabajando en dos murales y un performance comunitario. 

La metodología consiste en encontrar un territorio en el que identificamos varios aspectos para poder llegar a trabajar (un problema socioambiental específico que afecta a una comunidad, por ejemplo), procesos afines que ya están en marcha, una institución o agrupación que convoque los grupos de estudiantes por cada taller, instituciones científicas activas en la región con las que trabajar, artistas y sabedores locales para fortalecer procesos educativos y sociales de la comunidad. El inicio se da con salidas de campo para contextualizar la parte científica con los distintos grupos en relación a las disciplinas artísticas. Después se conectan los temas vistos en campo con las disciplinas artísticas a trabajar. ¿Cómo podemos dar voz a la biodiversidad en una composición musical? ¿Qué aprendemos de las especies de un bosque cuando aplicamos la ilustración botánica? ¿Qué relación tiene el paisaje interior pintado con el paisaje natural de nuestro entorno? 

Las 2 o 3 semanas de talleres están encaminadas a la realización de un festival, una puesta en escena para la comunidad. Con este final, los procesos se abren al resto de la población, haciendo visibles las capacidades y temas que formaron parte del programa. Se hace registro y quedan algunos productos específicos como documentales, canciones o podcasts, entre otros. 

Continuidad en el camino de la transformación

SINFONÍA TRÓPICO
Mural en proceso en Urabá
Foto: Sinfonía Trópioc

En 2024 celebramos los diez años de existencia de SINFONÍA TRÓPICO en el marco de la COP16 en Cali. Durante varios días organizamos performances tipo flashmob en la Zona Verde y el 30 de octubre celebramos una fiesta en Casa de Mono, con una exposición de resultados artísticos de varias regiones, con música, con performances y con piezas de danza. Ese evento convocó a muchos de los que hemos sido parte de esta historia; como todas las celebraciones, fue un momento de análisis y replanteamiento. Surgen preguntas de continuidad, de dificultad de financiación, del sentido de los sueños que nos dieron las alas para arrancar. Rodeados de arte, de las personas que nos han acompañado, de nuevo en una ciudad, en el contexto urbano, rondaba una pregunta, ¿en qué consiste una transformación real? Esta pregunta nace de esto que sucede al cumplir la década: el mirar atrás que al tiempo lleva a mirar hacia el futuro para poder seguir trabajando por las mismas causas y objetivos en un mundo que ya no es el mismo, un mundo en el que a ratos la esperanza empieza a flaquear.

En este campo de acción en el que nos movemos, se usa la palabra transformación constantemente: el poder transformador del arte suele ser una de las banderas más ondeadas en proyectos artísticos que involucran trabajo con comunidades, como si fuéramos portadores de la poción mágica del cambio desde la teoría. En realidad, aunque se establezca a priori desde un objetivo enunciado en la formulación de proyectos, dicha transformación sucede en campo, en la vida sensible y real, en la conexión y el intercambio que se da entre una forma de arte, un conocimiento nuevo, un tallerista y los jóvenes con los que se trabaja. 

El sueño de la transformación es el sueño de tener un efecto mariposa con el toque del arte y la ciencia. Todo comienza con el cambio en el individuo, que a su vez tiene la posibilidad de tener impacto en una parte de la sociedad, empezando por el círculo cercano; después este puede ampliarse. El reto es llevar esto a una transformación real que tenga impacto en el cuidado del medioambiente, en la protección de la biodiversidad de la que somos parte. Obviamente, esto no se mide con un aplauso después del final del espectáculo, sino meses o años después, cuando esa comunidad ha cambiado la relación que tiene con el bosque, con el río. 

En Carmen de Bolívar, una chica nos contaba que para ella lo que nosotros llamábamos Bosque Seco Tropical (BST) para su familia era el monte y que este tenía una connotación negativa,  porque ahí se escondía gente mala, porque significaba trabajo duro, no valorado, del que ella misma quería escapar. Antes de salir, le tenía reparo a la actividad. Ese día de salida de campo a la reserva de BST de la IEETECA pudimos conocer la relevancia de este tipo de bosques, le pusimos cara a sus problemas, a sus especies, a sus ritmos. Como si el personaje del cuento resultara ser distinto; después de conocerlo mejor, la asociación que ella tenía cambió. 

La revisión que hacemos nos deja una conclusión: independientemente de lo que esté pasando, de si el momento parece favorable o no, de los gobiernos de turno, de los que apoyan y los que no, más allá de las dificultades, es importante y necesario seguir adelante.

*Coordinadora artística y curadora de SINFONÍA TRÓPICO

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