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Después de mucho dudarlo -nunca es tarde para este tipo de denuncias- he decidido referirme al “escándalo nacional” -como bien lo llamó la escritora Carolina Sanín en su más reciente monólogo[1]– que se ha armado en los más prestigiosos medios de comunicación del país y otros y, claro, en las redes sociales, a propósito del cambio de los materiales de una escalera, ubicada en un apartamento diseñado por el arquitecto Rogelio Salmona en Bogotá, quien con G. García Márquez serían los únicos profesionales colombianos con real y merecida proyección internacional en el siglo XX y lo que va del XXI.
Y hago una precisión desde el comienzo: se trató del cambio de los materiales de la escalera, no de su demolición ni de su desplazamiento.
Todo empezó con la publicación en las redes sociales[2] de la firma de diseño Deconama, en la que mostraban la remodelación por ellos hecha en este apartamento. ¡Quién dijo miedo! Saltaron los youtubers a protestar por el “atentado”, “la aberración”, expresada en frases como: “Debería estar penado con cárcel”, “Colombia está patas arriba” o “el dolor me supera”. “Un desastre”. “La indignación que siento”. “Un crimen”. Por favor, seamos serios.
Aquí no hay lugar al debate, hay matoneo puro y duro. Agresión, ofensa e intimidación, de las cuales no dudo que hace parte del director del Instituto Distrital de Patrimonio, quien a mi modo de ver, con más afán de protagonismo que de justicia, sin fórmula de juicio y sin abrir expediente, ya sugirió multas multimillonarias, sanciones y pidió la recuperación de los materiales originales de la escalera. Resulta cuestionable que se actúe con tal severidad frente a la ingenuidad de las diseñadoras, mientras se ignora a quienes vulneran las normas urbanísticas de forma sistemática. Esto parece una táctica de distracción institucional: ante la incapacidad de controlar a los grandes infractores, se busca proyectar una falsa eficiencia sancionando de forma ejemplarizante a la parte más vulnerable, por un hecho que en nada afecta el patrimonio público.
Es común el caso de edificaciones licenciadas para diez pisos y se construyen doce. Vemos también derruirse diariamente inmuebles de inmenso valor patrimonial de lo que poco se habla y mucho menos se sanciona. Y, en cuanto a la verificación de las condiciones estructurales de nuestros inmuebles, lo vivido en el reciente terremoto habla por si solo. Por favor, seamos serios.
Una de las más claras obligaciones del Estado colombiano es la protección del patrimonio público en beneficio de tod@s y cada un@ de quienes en este país vivimos, que para lo que tiene que ver con la arquitectura corresponde a la construcción de ciudad, el espacio público, los volúmenes y las fachadas que lo conforman, velar por que estos lugares inviten al encuentro, a la convivencia, al disfrute y el cuidado del medio ambiente, amén de la seguridad e integridad de sus habitantes. Cuando hablo de integridad, me refiero fundamentalmente a las condiciones de la estructura portante de nuestras viviendas y edificaciones en general. Estas condiciones son verificadas, en principio, a través de los diseños y de las licencias que tramitan las curadurías urbanas, pero no existe un control equivalente y efectivo sobre lo que finalmente se ejecuta en la obra.
Es común el caso de edificaciones licenciadas para diez pisos y se construyen doce. Vemos también derruirse diariamente inmuebles de inmenso valor patrimonial, de lo que poco se habla y mucho menos se sanciona. Y, en cuanto a la verificación de las condiciones estructurales de nuestros inmuebles, lo vivido en el reciente terremoto habla por sí solo. Por favor, seamos serios.
El espacio que habito no es simplemente privado; es íntimo. La forma en que lo ocupo, lo configuro y lo vivo forma parte esencial de mi intimidad. El Estado no puede, bajo ninguna circunstancia, dictarme cómo debo habitar mi propio hogar. Después de todo, el modo de vida de una sociedad también constituye una forma de patrimonio; un principio de libertad elemental que se respeta incluso bajo los regímenes más autoritarios. No hacerlo, como se pretende en este caso, no deja de ser una actitud demagógica, que representa una forma de corrupción. El interior de mi casa no puede considerarse patrimonio público.
En las sentencias T-280 de 2022 y Sentencia T-170 de 2025, la Corte Constitucional dictamina: En estas decisiones, el tribunal fijó una escala sobre la "expectativa razonable de intimidad". Determinó que el espacio privado (el hogar, el lugar de habitación) goza de una "Expectativa Máxima" de protección. Esto significa que cualquier intervención de un tercero o del Estado en dicho perímetro tiene una barrera constitucional casi infranqueable, ya que allí el individuo resguarda actividades que solo le conciernen a él.[3]
El inmueble en el que está el apartamento que ha suscitado el escándalo nacional tiene nivel de protección 2[4], es decir que corresponde a: Conservación del tipo arquitectónico. Protege la configuración arquitectónica y espacial característica del inmueble, aunque permite determinadas intervenciones internas compatibles.
En este punto quiero comparar el caso que nos ocupa con la restauración que se está llevando a cabo en el Teatro Amira de la Rosa,[5] símbolo arquitectónico de la ciudad de Barranquilla debido a sus singulares características. Un edificio del Estado colombiano y para uso público. Un inmueble catalogado como Bien de Interés Cultural de la Nación Nivel 1 Conservación Integral. El más alto nivel de protección que otorga la legislación colombiana en materia de patrimonio: Sin embargo, en la Modificación Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP)[6] en el Área frontal lobby y foyer bajo la fórmula: restauración (reintegración-liberación), adecuación, modificación y reforzamiento estructural, se permitió la demolición de la escalera principal, elemento definitivo en la composición arquitectónica, amén de su riqueza espacial, como se aprecia en la foto. Con eufemismos como "tanto nos gusta". Cuando se dice “reintegración-liberación”, léase demolición. Por favor, seamos serios.


A lo anterior podemos, por ejemplo, sumar el anuncio de la gobernadora del Valle del Cauca[1] en el sentido de que se prepara la demolición de 17 iglesias afectadas por el terremoto en 15 municipios de su departamento. Todas ellas fueron declaradas Bien de Interés Cultural Municipal.
Por fortuna —y para que quede como documento y testimonio de lo que estamos a punto de perder—, estas iglesias están cuidadosamente registradas en el muy bien documentado y maravilloso libro de Sylvia Patiño Editores, uno más de esa importante labor editorial: Arte y Arquitectura Religiosa en el Valle del Cauca. En él no solo se estudia y registra el patrimonio inmueble, sino también el patrimonio mueble que hace parte de estos templos.
Gracias a su editora. El tiempo habrá de reconocer esta labor. Porque, si finalmente se produce la demolición anunciada, quedará allí el testimonio de la desidia de quienes tenían la responsabilidad de proteger este patrimonio y de todo aquello que pudo haber sido y no fue.
Y surge una pregunta que, hasta donde sé, poco o nada se ha planteado: ¿qué será de los objetos ornamentales, las imágenes, los altares, las piezas artísticas y los objetos sagrados que forman parte integral de estas iglesias? ¿Serán inventariados? ¿Serán trasladados? ¿A dónde? ¿Quién garantizará su conservación y su integridad?
De esto, sin embargo, casi no se habla.
Ni siquiera los youtubers —tan atentos en otras ocasiones a los escándalos patrimoniales— parecen haber reparado en el asunto. Apenas se anuncia la noticia, y no se conoce una reacción significativa de profesionales del patrimonio, arquitectos, historiadores, académicos o, incluso, de los improvisados youtubers que suelen convertirse en inesperados comentaristas de estos temas.
He ahí la paradoja: una escalera en un apartamento cambia de material y el país parece estremecerse; 17 iglesias declaradas Bien de Interés Cultural están amenazadas de demolición y el silencio resulta, en cambio, ensordecedor. Por favor, seamos serios.
Fotos de Sylvia Patiño en seguida:



[1] https://www.youtube.com/watch?v=_O1VmsF8Ykk
[2] https://www.instagram.com/reels/DctgcA-CFN3/
[3] https://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2025/t-170-25.htm
[4] Resolución 2043 del 2010
[5] Merecido homenaje a esa gran mujer y gran escritora.
[6]https://normograma.mincultura.gov.co/compilacion/docs/resolucion_mincultura_0485_2023.htm?utm_source=chatgpt.com
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Lucila(60806)•Hace 7 horasNo dicen nada,porque a los pastores les conviene que sean sus iglesias las que reciban el diezmo,que asi estên con hambre,van y lo entregan.Quê tontos!!!
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Atenas(06773)•Hace 7 horasLo descrito equivale a perder el sentido de las proporciones o a una tormenta en un vaso de agua con la locura anexa de no haber releído el texto antes de su publicación a efectos de no repetir párrafos enteros. Atenas