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Torre de Tokio: bilingüismo corporal

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Participante en el IV Concurso Intercultural de Oratoria en Español que tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Tokio el 12 de septiembre 2026.
Participante en el IV Concurso Intercultural de Oratoria en Español que tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Tokio el 12 de septiembre 2026.
Foto: Gonzalo Robledo

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Qué cara ponen y cómo mueven las manos los estudiantes japoneses cuando hablan en nuestro idioma fueron algunos de los criterios para calificar a los participantes en el IV Concurso Intercultural de Oratoria en Español que tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Tokio a mediados de este mes. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
A los miembros del jurado, compuesto, entre otros, por el director del Cervantes, diplomáticos de República Dominicana, Costa Rica, Perú, Paraguay y España, además de un colega periodista japonés, nos entregaron una tabla de puntuación en la que se nos pedía calificar el tema, el uso del idioma, la entonación, la presentación y el “lenguaje facial y corporal”.
Acostumbrado a una comunicación sobria que no necesita dibujar con las manos un arco para subrayar, por ejemplo, la magnitud de una montaña, el orador japonés suele hablar en público con una postura erguida, alguna que otra sonrisa neutra y muy contados movimientos corporales.
Las concursantes, en su mayoría mujeres, iban desde una niña de seis años descendiente de hispanohablantes y nacida en Japón, hasta universitarias japonesas que por el trabajo de sus padres han tenido la oportunidad de vivir y estudiar en países de América Latina o España.
De vez en cuando extendían las manos abiertas hacia la audiencia para expresar claridad, levantaban el índice para subrayar un concepto o juntaban pulgar e índice para señalar precisión.
También se ponían una mano en el pecho al decir “yo”, o juntaban las palmas en forma de plegaria para simbolizar reflexión.
Las manos entrelazadas por delante del cuerpo, típicas de la etiqueta empresarial, fueron la norma para la mayoría de las participantes.
Cada discurso, a su manera, brilló como una joya.
Nos enteramos de una madre latina que lucha con el japonés al hablar con las profesoras de su hija de problemas como el acoso escolar o la inevitable crisis de identidad de quienes se sienten parte de dos culturas diametralmente opuestas, como la latina y la japonesa.
La niña de seis años empezó su hilarante apología de las mujeres que la rodean explicando cómo aprendió a desmitificar la realidad al leer en su escuela un popular cuento japonés titulado “Las princesas también se tiran pedos”.
El único participante masculino relató un amor infantil no correspondido a bordo del trayecto diario en un tren y contó cómo descubrió en la universidad las lecciones de la amistad verdadera tras descubrir El arte de amar de Erich Fromm.
El rico vocabulario y la excelente pronunciación hicieron la selección tan difícil que la única manera de romper el empate fue restarles puntos por levantar las manos a destiempo, agradeciéndoles su genuino intento de convertir en bilingües también sus cuerpos.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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