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Entré a trabajar en el DANE en 1973 bajo la tutela de Bernardo García y como investigador en el Seminario de Problemas Colombianos (Seprocol). El director de la entidad era el ingeniero Ernesto Rojas Morales, quien adquirió la computadora de mayor capacidad del país en ese entonces y le dio un notorio giro técnico a la entidad. En esta fase se lanzó la Encuesta Nacional de Hogares que suministró información para medir el mercado laboral en el país; registró los cambios en los niveles de empleo y suministró información para el diagnóstico de la fuerza de trabajo.
Trabajar en el DANE fue para mí una experiencia invaluable en el inicio de mi carrera. Investigué el sector agropecuario y su historia, y publiqué El desarrollo de la agricultura en Colombia. Tuve la suerte, aunque no me di cuenta entonces, de que el corrector de estilo que embelleció mi torpe prosa era Luis Vidales, autor del poemario Suenan timbres. Más adelante supe que él había ayudado a Salomón Brainsky a traducir del yidish su libro de relatos de la Bogotá de los años treinta, Hombres en la noria. Fui muy amigo de su hijo Simón, médico psiquiatra, gran consejero que me ayudó a superar una grave crisis de salud.
Rojas Morales fue destituido por el presidente Misael Pastrana en 1972 al publicar datos sobre desempleo que desfavorecían la gestión del gobierno, aunque en verdad no lo hacían. Rojas adujo que “estrellar contra el piso el termómetro que marca la fiebre es la actitud soberbia de quien no quiere aceptar la presencia de una enfermedad”, o lo que es equivalente a matar el mensajero.
Como nuevo director del DANE fue nombrado el economista Álvaro Velásquez Cock, quien venía de cursar una maestría en la Universidad de Londres. Todos los funcionarios estábamos temerosos de que se venía una purga similar a la que había tenido lugar en la Universidad Nacional, de la cual yo había sido víctima, a pesar de ser solo profesor de cátedra. Sin embargo, el nuevo director ratificó al equipo directivo y se abstuvo de atender las presiones del columnista Arturo Abella, quien denunciaba que Alfredo Sarmiento y mi persona falsificábamos los datos de inflación, aunque ninguno tenía que ver con el índice de precios al consumidor.
Otro director del DANE que tuvo problemas con la autoridad fue César Caballero, quien renunció ante Álvaro Uribe en 2002, presionado a generar información benévola para el gobierno. La destitución fulminante de Ricardo Valencia por Abelardo de la Espriella, tras solo tres semanas en el cargo, es otra muestra de injerencia indebida del poder. La razón aludida fue haber convocado una rueda de prensa sin autorización de Presidencia, en la que informó que no había encontrado anomalías en la gestión de la administración anterior. Contrariamente, el nuevo gobierno afirmaba que había descubierto una institucionalidad hecha trizas en todos sus niveles.
Este incidente es desafortunado porque le resta credibilidad a una institución como el DANE que, más que otras, requiere de la fe pública en la información estadística que provee, y que es fundamental para que empresas, gremios y personas tomen decisiones informadas. Esa credibilidad fue la que Ricardo Valencia intentó defender infructuosamente.
El DANE debe mantener su independencia a toda costa: no es posible alcanzar altos estándares de calidad en la generación de estadísticas que facilitan el análisis económico y social, si hay intervenciones del poder político que entorpecen su funcionamiento y, peor aún, socavan su credibilidad.
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DONALDO(67774)•Hace 56 minutosErnesto Rojas Morales es fue un hombre de moral y de buena recordación, en estos tiempos en que prescindir de la ética es lo políticamente correcto.
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Dionisio(cvtsc)•Hace 1 horaEjemplo contundente de que Espriella no es ningún estadista. El DANE es un instrumento de navegación muy útil para los navegantes que lo saben leer, no para abogangsters expertos en likes. Alterarlo como busca Espriella es igual a hacerse trampa jugando solitario, pero lo terminamos pagando todos.
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Gines de Pasamonte(86371)•Hace 28 minutosTotalmente de acuerdo con lo que expones, Dionisio. Fraudelardo de estadista tiene lo que tiene el matarife de honesto o alias porky de sagaz. Saludos.
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Juan(cnp52)•Hace 3 horasEra muy clara la diferencia entre Cepeda y Abelardo pero preferian insistir en las mentiras que Ricardo Valencia desmintio sin querer. Medio pais, empezando por el presidente, dice odiar al otro medio; el presidente actua en consecuencia; pero la prensa ya no tiene como nombrar todo eso. Una palabra desaparecio del diccionario el 7 de agosto, se parece a oso polar y a dolarizacion, ¿la recuerdan?