
Cuando Colombia y Corea del Norte se vuelvan a ver las caras este miércoles 23 de septiembre en el Stadion Miejski LKS de Lodź, no será un simple cruce de semifinales. Será la revancha de un duelo que hace apenas diez días terminó en paliza: 3-0 a favor de las asiáticas, con gol de Choe Rim-Jong y doblete de penal de Choe Yon-A. Ese antecedente no favorece al conjunto colombiano, que llega a esta instancia tras 16 años de ausencia entre las cuatro mejores del mundo, después de eliminar a Nigeria con un gol agónico de Valerin Loboa.
Del otro lado está el equipo llamado a ganarlo todo. Corea del Norte llega a Łódź como campeona defensora, con un registro perfecto de cuatro victorias en cuatro partidos, once goles a favor y ninguno en contra. En cuartos de final sufrió más de la cuenta ante Canadá, pero resolvió con un doblete relámpago en el descuento: Rim Jong Choe marcó en el 90+2′ y Kyong Ho definió en el 90+6′ para sellar el pase.
Una dinastía en Corea del Norte que no da tregua
El dato no es casual ni nuevo. Corea del Norte llega a este Mundial como tricampeona, con títulos conquistados en 2006, 2016 y 2024 —el último de ellos, disputado en Colombia—, empatando el récord histórico de la categoría junto a Estados Unidos y Alemania. A eso hay que sumarle su dominio regional: dos Copas Asiáticas Sub-20 (2007 y 2024) y un historial de finales asiáticas casi ininterrumpido desde mediados de los 2000.
Pero el fenómeno no se limita a la categoría Sub-20. Un año atrás, la selección Sub-17 del país defendió su corona mundial goleando 3-0 a Países Bajos en Marruecos, la cuarta estrella de esa categoría para el país. Entre ambas franjas etarias, Corea del Norte se ha convertido, sin discusión, en la fuerza dominante del fútbol juvenil femenino mundial.
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¿Cómo un país con una población futbolística tan reducida y aislada del circuito internacional logra este nivel de consistencia? La respuesta tiene raíces históricas, una estructura estatal muy particular y una lógica geopolítica que vale la pena desmenuzar.
El origen: un discurso en México 86
La historia se remonta al Congreso de la FIFA durante el Mundial de México 1986. Allí, la noruega Ellen Wille —hoy considerada una de las madres del fútbol femenino— pronunció un discurso incendiario contra la discriminación hacia las mujeres en el fútbol, denunciando que la FIFA apenas le había dedicado media página a la disciplina femenina en su informe anual. Wille reconoció después que, siendo una mujer de apenas 1,50 metros hablando ante un auditorio de cien hombres, tuvo que improvisar su intervención sobre la marcha ante la indignación que sentía.
Ese discurso llegó a oídos de la delegación norcoreana presente en el congreso y encendió una idea: invertir en el desarrollo del fútbol femenino como forma de obtener una ventaja competitiva que el país difícilmente lograría en el fútbol masculino de élite. Kim Il-sung dio el visto bueno inicial, y su hijo y sucesor, Kim Jong-il —reconocido aficionado al fútbol—, terminó de impulsar el proyecto, entendiéndolo como una herramienta para mejorar la imagen internacional del régimen.
Las lágrimas del terror detrás de la adoración y el culto a la personalidad.
— Cristian Crespo F. 🇨🇺 (@cristiancrespoj) June 3, 2026
Las campeonas regionales de fútbol femenino de #Corea del Norte apenas mostraron emoción mientras competían en Corea del Sur. Sin embargo, tras regresar a su país y reunirse con Kim Jong Un, se vio a… pic.twitter.com/0cYSrOatss
De atletas de pista a futbolistas por decreto
El reclutamiento inicial no fue orgánico. Los responsables del programa recurrieron a atletas de otras disciplinas —principalmente atletismo— para formar los primeros equipos, muchas de ellas reticentes al cambio. En un sistema donde la disidencia no tiene cabida, el modelo se impuso rápidamente, en particular después de que Corea del Sur se quedara con la organización de los Juegos Olímpicos de 1988, un golpe simbólico que el régimen quiso revertir por otra vía.
En apenas un año, el país ya contaba con 18 equipos femeninos repartidos por todo el territorio. Las crónicas de la época narran que el primer plantel tuvo que entrenarse escondido en un bosque, por la vergüenza que sentían las jugadoras ante su nulo manejo del balón. El fútbol femenino terminaría convirtiéndose, con los años, en una herramienta más de propaganda y orgullo nacional, al punto de inspirar una telenovela estatal sobre una capitana disciplinada que aprende a subordinar su ambición individual a las órdenes del entrenador, un reflejo bastante literal de la doctrina Juche que rige al país.
La fábrica: la Pyongyang Football School
El corazón físico de este proyecto es la Pyongyang International Football School, ubicada junto al estadio Rungrado 1° de Mayo, el más grande del mundo. Allí se seleccionan, forman y educan niñas bajo un régimen de entrenamiento altamente disciplinado, sistemático y profesionalizado desde edades muy tempranas —13 o 14 años—, algo que contrasta con buena parte de las academias europeas, donde a esa edad todavía prima el componente lúdico del fútbol formativo.
Un dato que suele pasar desapercibido: entre 2000 y 2006, imágenes satelitales de Google Earth documentaron la construcción acelerada de canchas de fútbol e institutos en zonas antes rurales, evidencia de un plan deliberado para captar talento en regiones alejadas de Pyongyang. Y hay otro actor inesperado en esta historia: la propia FIFA, que según reportes norcoreanos había aportado más de 2 millones de dólares hacia 2013 a través de su programa Goal Project, destinado justamente a financiar infraestructura como la de estas escuelas.
El fútbol como arma ideológica
Dr. Jung Woo Lee, profesor de Política del Deporte en la Universidad de Edimburgo, explica que el deporte internacional es una de las pocas vías que tiene Corea del Norte para demostrarle soberanía e identidad al resto del mundo. Puertas adentro, además, cumple una función distinta: glorificar al liderazgo y proyectar la superioridad del sistema socialista.
Según Lee, la prensa estatal suele contrastar el desempeño norcoreano con el de las democracias capitalistas, subrayando que sus jugadoras compiten incluso exhaustas físicamente porque su voluntad pesa más que la opinión médica o técnica de un cuerpo de entrenadores, algo que en un sistema capitalista sería impensable. Es, en palabras del propio Lee, una forma de presentar el modelo socialista como superior al capitalista, incluso en el terreno deportivo.
Más allá del relato ideológico, hay un motor mucho más terrenal detrás del compromiso de estas futbolistas: la vida en Pyongyang es radicalmente distinta a la del resto del país, donde persisten carencias de alimentos y salud. El régimen premia a las jugadoras destacadas con certificados de residencia en la capital —un trámite obligatorio para poder vivir allí— y, en varios casos, con apartamentos propios. Lee lo resume de forma contundente: para estas jóvenes, triunfar en el fútbol equivale, en la práctica, a ganarse la lotería.
¿Por qué no las vemos en Europa o Estados Unidos?
Con figuras como Yu Jong-hyang, goleadora del Mundial Sub-17 2025, o Choe Il-son, pieza clave en los títulos Sub-17 y Sub-20 de 2024, es inevitable preguntarse por qué ningún club europeo o estadounidense se las ha llevado. Lee es escéptico: las sanciones económicas internacionales sobre el país complican cualquier operación, y hay antecedentes —en baloncesto— de jugadores norcoreanos en ligas extranjeras cuyo salario no llegó nunca a su cuenta personal, sino directamente a las arcas del Estado. El techo de cristal, en este caso, no es deportivo sino político.
Colombia vs. Corea del Norte
Con todo ese entramado detrás, Corea del Norte llega a Polonia 2026 como la gran favorita: fase de grupos con victorias por 2-0 ante Portugal, 4-0 ante Costa Rica y 3-0 ante Colombia; luego 2-0 a Japón en octavos y el ajustado 2-0 a Canadá en cuartos. Trece goles a favor, cero en contra, cien por ciento de puntos posibles. Dirigida por el estratega Ri Song Ho, buscará este miércoles su cuarta final consecutiva del ciclo reciente.
Colombia, comandada por Carlos Paniagua, quiere escribir su propia página: superar el cuarto puesto logrado en Alemania 2010 y meterse por primera vez en una final Sub-20. El objetivo de la Tricolor es corregir los errores tácticos que le costaron la goleada en la fase de grupos y dar la sorpresa ante la selección que, hasta ahora, ha sido imbatible en el torneo.
El vencedor de este cruce disputará la final contra el ganador de España-Italia, en lo que promete ser el cierre de un Mundial marcado, una vez más, por la hegemonía silenciosa —y muy política— del fútbol norcoreano.

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Juan(cnp52)•22 de septiembre de 2026 – 14:54Interesante que ese dominio no se refleja en la categorias absoluta: la seleccion de mayores no es competitiva.