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Cada vez más personas buscan en el senderismo una forma de salir de la rutina y acercarse a la naturaleza. Pero el aumento de visitantes en los territorios también plantea una pregunta: ¿cómo caminar, y hacer turismo, sin que esa presencia termine afectando los ecosistemas que se quieren conocer?
En el Santuario Las Moyas, en los Cerros Orientales de Bogotá, distintos actores han venido construyendo una respuesta a ese desafío: convertir el turismo de naturaleza en una herramienta para la conservación, el desarrollo de las comunidades cercanas y una relación más responsable con la montaña.
El sendero Las Moyas atraviesa una zona de bosque altoandino y asciende hasta cerca de los 3.300 metros sobre el nivel del mar, y en los últimos años ha ganado popularidad entre quienes buscan hacer senderismo sin salir de Bogotá.
El sendero es operado bajo un esquema de reserva previa y acompañamiento. Parte de los recursos asociados a los recorridos llega a la reserva para apoyar su recuperación. El objetivo es que la visita no sea solamente una experiencia de recreación, sino que contribuya al mantenimiento y conocimiento del territorio.
La idea de regular el acceso no es menor. Las Moyas está dentro de la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, un territorio donde conviven ecosistemas de bosque, subpáramo y páramo y que requiere medidas de protección frente a las presiones propias de una ciudad en expansión.
Para Diana Wiesner, directora de la Fundación Cerros de Bogotá, esa relación entre ciudad y montaña es fundamental. “La mejor manera de proteger el territorio no es cerrándolo, sino generando modelos sostenibles. Hay que tener una presencia responsable y acercar estos lugares a quienes viven en las ciudades".
Y una de las piezas centrales de ese modelo es justamente el componente comunitario. Las Moyas, como colectivo, impulsa a la Fundación EcoGuardianes, una iniciativa que busca crear oportunidades de formación, empleo y liderazgo para jóvenes de comunidades cercanas a los Cerros Orientales.
"Nosotros comenzamos cinco personas en EcoGuardianes y hoy en día somos más de 40. Cada persona que entra acá no llega por un empleo, llega por un proyecto de vida. Nosotros somos del barrio San Luis, vía a La Calera, y este proyecto nos ha ayudado a recuperar y a tener un impacto social en donde vivimos, a acabar con los estigmas", cuenta Daniel Peña, EcoGuardian.
La apuesta está dirigida a que, en lugar de que la actividad económica llegue desde afuera y deje a la comunidad en el papel de espectadora, quienes viven alrededor de los cerros también participen de la operación y encuentren oportunidades de formación y empleo relacionadas con el territorio.
Esa mirada ayuda a entender por qué el turismo de naturaleza no puede medirse solamente por el número de visitantes. También importa qué ocurre en las zonas después de que se van.
No es una idea completamente nueva. Desde hace varios años, iniciativas vinculadas a LiveHappy y la Fundación Cerros de Bogotá han trabajado con habitantes de sectores cercanos para fortalecer procesos de conservación, seguridad, educación ambiental y acompañamiento a los caminantes.
La conservación, además, no se limita al sendero que recorre el visitante. Incluye procesos de restauración, educación ambiental y mantenimiento de la infraestructura necesaria para que el territorio pueda ser visitado sin perder de vista que su función principal no es meramente turística.
"Acá hemos sembrado equivocadamente en Bogotá eucaliptos, pinos, acacias, retamo espinoso y especies que son invasoras y que podrían estar en otros lugares. El proceso de restauración es complejo y no basta con sembrar un árbol. Por eso quisimos hacer lo que llamamos ‘el vivero ciudadano más biodiverso’, llevamos varios años con el vivero, los Cerros Orientales tiene más de 400 especies nativas y solo los viveros comunitarios producen más o menos 30 especies", explica Diana Wiesner al señalar que Las Moyas es el ejemplo de lo que puede hacer la unión de muchas fuerzas ciudadanas en pro de la restauración de los cerros.
El modelo tiene también un componente de aporte empresarial desde la marca Topara que en el marco de su alianza con LiveHappy, plantea destinar más del 1 % de sus ventas a iniciativas de conservación de territorios y desarrollo de comunidades.
“Una marca de aventura también debe asumir la responsabilidad de cuidar los territorios que inspiran cada recorrido”, señala Benny Bursztyn, fundador de Topara y vicepresidente de Producto e Innovación de Nalsani.
El reto está, efectivamente, en cómo se traduce ese compromiso en el territorio: qué recursos llegan a la conservación, qué capacidades quedan instaladas en las comunidades y cómo se puede extrapolar esta misma fórmula a otras reservas y espacios que también estén comprometidos con la conservación.
Ese es, probablemente, uno de los puntos centrales del turismo responsable en los Cerros Orientales. La popularidad de lugares como Las Moyas puede ayudar a que más bogotanos conozcan y valoren la montaña, y usar el turismo como plataforma para que impulse las estrategias de conservación en los territorios.
Antes de ir: lo que debe saber sobre Las Moyas
Las Moyas está ubicada en los Cerros Orientales, en el barrio Rosales, localidad de Chapinero. El acceso es por la Transversal 2 Este #78-93.
Una de las particularidades del sendero es, justamente, su cercanía con la ciudad: en pocos minutos se pasa del entorno urbano a un paisaje de montaña, con bosque, aves y vistas de Bogotá.
El sendero principal tiene 3,4 kilómetros en un solo sentido. El recorrido asciende desde los 2.705 hasta los 3.309 metros sobre el nivel del mar, con 604 metros de desnivel positivo. Su dificultad es media, 3 sobre 5. Esto significa que exige un buen estado físico, pero no experiencia técnica de montaña.
No es necesario haber hecho senderismo antes. Los recorridos están clasificados según su dificultad y las caminatas cuentan con el acompañamiento de un EcoGuardián que conoce el territorio.
El acceso es controlado y requiere reserva previa. Los horarios de apertura son de martes a domingo y lunes festivos, de 6:00 a. m. a 9:00 a. m. Antes de desplazarse, vale la pena revisar las condiciones de acceso y disponibilidad.
¿Qué llevar? Ropa cómoda y adecuada para condiciones de montaña, calzado apropiado para senderismo, agua suficiente, algo de comida ligera, protección solar y un morral cómodo que no tenga un peso excesivo.
El recorrido tiene tramos de subida, por lo que el ritmo debe ajustarse a la condición física de cada persona. Las pausas también hacen parte de la caminata.
Durante el trayecto es posible encontrar vegetación propia de los Cerros Orientales y aves, además de distintos puntos de observación y descanso. La panorámica de Bogotá aparece como uno de los atractivos del recorrido: después del ascenso, la ciudad se ve desde otra perspectiva.
La recomendación más importante: sea consciente de que está entrando a un ecosistema sensible. Siga el sendero, respete las indicaciones, no deje residuos y evite alterar la vegetación o la fauna.