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La humanidad lleva años prediciendo el fin del mundo con una regularidad admirable. Todas estas profecías normalmente incluyen fechas precisas que afirman que habrá fenómenos que acaben con nosotros, pero cuando la fecha llega y no pasa nada, los profetas simplemente anuncian una nueva fecha.
En la antigüedad, los fenómenos celestes eran interpretados como señales del desastre final. Con la llegada de la Edad Media, cálculos basados en textos religiosos llevaron a anunciar fechas fijas para la catástrofe. Por ejemplo, a la llegada al año 1000 medio mundo esperaba el Juicio Final. Luego, en 1524, astrólogos europeos aseguraron que una alineación de planetas provocaría un diluvio universal. Muchas personas vendieron sus bienes, y algunos incluso fabricaron arcas para sobrevivir. Ese día apenas cayó una lluvia normal. Cuando el cometa Halley hizo su visita en 1910 hubo periódicos que anunciaron que la Tierra atravesaría su cola, que contenía gas cianógeno y que todos moriríamos envenenados. Hubo quien compró píldoras anticometa y comercializaron botellas de aire puro.
Más recientemente, el calendario maya se usó para predecir el fin del mundo en 2012. Esta vez fueron los mayas quienes se equivocaron. También han aparecido teorías sobre asteroides gigantes, inversiones de los polos magnéticos y otras amenazas espectaculares, pero hasta ahora ningún científico ha respaldado estas teorías y las probabilidades de que veamos un nuevo amanecer son excelentes.