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Que un campesino sin ninguna educación en artes marciales fuera capaz de abatir de un simple balazo a un samurái que había consagrado su vida a perfeccionar el manejo de la espada, fue un argumento citado en Occidente para explicar por qué Japón restringió el uso de armas de fuego entre la población civil. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Disparar fue estigmatizado como un “acto cobarde” y la noble katana (la espada japonesa) se convirtió en emblema de la clase guerrera, según estudios en inglés que circularon hasta bien entrado este siglo.
David B. Kopel, miembro de la Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos (NRA, por sus siglas en inglés), sostenía que la reticencia de la policía nipona moderna a enaltecer las armas de fuego se originó en la creencia de que “son para los cobardes”.
Kopel argumentaba que el desarme atribuido a Toyotomi Hideyoshi y al shogunato de la era Edo (1603-1868) fue posible porque Japón estaba bajo una dictadura totalitaria y que, por esa razón, el modelo nunca sería replicable en la democracia estadounidense.
Un investigador del Centro Internacional para la Conversión de Bonn, Michael Ashkenazi, afirmaba que el edicto de Hideyoshi en el siglo XVI confiscó espadas, lanzas, arcos y armas de fuego a la población no samurái.
Aquello ocurrió porque el país acababa de salir de un largo período de guerras civiles durante el cual la movilidad social a punta de sablazos y tiros había sido posible.
Señalaba como ejemplo al propio Hideyoshi, un campesino convertido en guerrero que unificó un archipiélago de feudos belicosos.
La tesis de Ashkenazi sobre el rechazo de las armas de fuego por considerarse “poco varoniles y deshonrosas” fue cuestionada en 2018 por la investigadora Tamara Enomoto en un ensayo en inglés titulado “¿Renunciar a las armas? Desmontando los mitos sobre la confiscación de espadas y el control de armas de fuego en Japón”.
Enomoto explicaba que la necesidad de cazar animales dañinos, como jabalíes y monos, prolongó su uso entre los campesinos.
Tras la Segunda Guerra Mundial, las Fuerzas de Ocupación estadounidenses ordenaron el desarme casi total de la población civil japonesa. Recuperada la soberanía, Japón autorizó los rifles para caza, tiro deportivo y control de plagas en 1958.
Hoy las licencias requieren examen psicológico, pesquisas entre familiares y vecinos del solicitante, además de inspecciones periódicas del lugar donde se guarda el arma y, por separado, su munición. Japón, con 123 millones de habitantes, registró solo un caso de homicidio con arma de fuego en 2025.
Al anunciar el histórico dato, la Agencia Nacional de Policía advirtió del auge de compras por internet de pistolas disfrazadas de juguetes y el aumento de incautaciones y arrestos por posesión ilegal.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.