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Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.
Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Tokio

Que la inteligencia artificial llegó para quedarse lo confirmó la señora Yumi cuando en un club de lectura de Tokio confesó haber usado Chat GPT para entender un cuento cubano que le había costado leer. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
La IA le puso en contexto golosinas como los chiviricos (palomitas de maíz caramelizadas), o las marquesitas (primas cubanas del barquillo), y le facilitó disfrutar de las evocaciones infantiles de Ena Lucía Portela en su relato “Párvula memoria inconsolable”, publicado en la serie Benengeli del Instituto Cervantes.
La candidez de la señora Yumi nos animó a los demás miembros del club a opinar sobre la IA y suscitó predicciones apocalípticas sobre la tan vapuleada tecnología.
Se habló con preocupación de la supuesta desaparición de los libros de papel.
“Llegará el día en el que dejarán de existir”, dijo una de las participantes mientras buscaba en su celular noticias sobre las compras masivas de libros de segunda mano que se usan para nutrir los modelos de lenguaje digital y luego se destruyen.
Aunque la reunión tenía lugar justo después de que en Francia surgiera el escándalo por las sospechas de que la novela “C’était ca ou mourir” de Thélyson Orélien había sido escrita casi en su totalidad con IA, hubo comentarios optimistas sobre la remota posibilidad de que los buenos novelistas sean reemplazados por las máquinas.
Por mi parte, comenté que mi primer experimento con Chat GPT había sido pedirle un soneto dedicado a la IA escrito en el tono satírico de Francisco de Quevedo.
El sorprendente remedo del estilo burlesco del poeta del Siglo de Oro sentó las bases de mi actitud hacia una herramienta que, desde entonces, es el primer lector de prácticamente todo lo que escribo.
Cuatro plataformas diferentes revisan la ortografía, confirman fechas, encuentran redundancias y, no pocas veces, señalan incoherencias o contradicciones.
Si el texto incluye citas literales de entrevistas, la IA me prepara una transcripción fidedigna de la grabación que envío al entrevistado para que la confirme o corrija.
Gracias a que a veces las plataformas alucinan —una se negó a reconocer que Japón está gobernado por Sanae Takaichi y describió a la primera ministra como una diputada más del gubernamental Partido Liberal Democrático—, la IA obliga a mantener la guardia en alto y recuerda la importancia para el periodismo de la sana e indiscriminada desconfianza.
Los incesantes avances de los sistemas artificiales de lenguaje permiten vaticinar que muy pronto la IA alcanzará niveles impensables de comprensión y análisis.
Pero en lo que respecta a la información, nos confirma que nunca perderá vigencia el dicho anglosajón que se enseña a todo joven periodista: “Si tu madre te dice que te quiere, verifícalo”.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.