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Contra la censura

Piedad Bonnett

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Un escándalo de esos que regocijan a los medios y exaltan a las redes se ha desatado ante la exclusión de la escritora argentina Ariana Harwicz del Festival Internacional Cultur-Alh de Granada, cuyas organizadoras la desinvitaron a última hora cediendo a la presión de la Red Universitaria por Palestina de Granada. La Red protestó por la participación de Harwicz aduciendo que es una negacionista que avala el exterminio del pueblo palestino, apoyándose en algunas de sus declaraciones: "Les angustia terriblemente que no haya genocidio. Lo desean, desean que haya genocidio para confirmar su odio a Israel".

Una vez cancelada, siete escritoras y un escritor firmaron un manifiesto de apoyo a su exclusión, y felicitaron al Festival por la valentía de cancelar a Harwicz. La polémica se avivó cuando a una declaración de rechazo contra la cancelación de los que opinan diferente, promovida por Jesús García Calero del ABC Cultural y la escritora y activista por los derechos de las mujeres Cecilia Szperling, firmada por muchos, le siguió una contradeclaración en la que sus firmantes celebraban la exclusión de Harwickz por, supuestamente, sobrepasar con los límites de la libertad de expresión. Los medios, alborozados, registraron la polémica como un concurso entre dos bandos irreconciliables, en el que las cifras subían minuto a minuto prometiendo que habría un ganador: 350 firmantes de la carta de apoyo que, según decían, ya iban llegando a 700, vs. 550 de la contracarta que probablemente intentarían lograr al menos un empate. El espectáculo prometía muchas emociones.

Yo firmé la primera declaración sin duda ninguna porque creo que, como allí se afirma, “la respuesta democrática a una opinión, por controvertida que sea, es el diálogo, la pregunta, la discusión pública, nunca la expulsión del programa”, y que “sin libertad para disentir no hay pensamiento” y “sin pluralismo no hay cultura”. Eso no significa que los firmantes neguemos el genocidio cometido por Netanyahu en Gaza —yo lo he denunciado públicamente y también la brutal violencia de Hamás— ni que compartamos las opiniones de Ariana Harwicz. Ella es talentosa, pero su radicalismo es manipulador. “Me desprograman por judía para convertirme en paria”, declaró para El País, poniendo los acentos en un supuesto antisemitismo. La forma lógica de contradecirla sería en un debate público.

Tiene razón Harwicz, sin embargo, cuando afirma que “llegamos a un lugar de la cultura oscurísimo”. Sus atacantes afirman que “organizar un boicot pacífico no es censurar. La discusión es si nuestras instituciones culturales tienen la obligación de proporcionar escenarios, recursos, prestigio y legitimidad a cualquier posición política imaginable. Creemos que no: criticar no es censurar, protestar no es censurar”. Se equivocan. Silenciar al contradictor es propio de los totalitarismos. Promover la censura desde el ámbito cultural es un precedente nefasto cuando gobiernos fascistoides están descabezando y desprestigiando a los que no comparten sus “valores” reaccionarios. Si el día de mañana los que hoy censuran y cancelan fueran acallados por sus contradictores o llevados a algo tan lamentable como la autocensura, se quedarían sin argumentos.

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Comentarios
  • leunamuno(9808)•Hace 15 minutos
    Los valores humanos están p’al perro dentro de está "cultura inculta" y carente de bases que no sean las del barco que depende del viento que le insufle el fascismo que no queremos ver, lo que al final nos conduce a la banalización de los hechos que nos mantienen en babia y a la deriva.
  • Juan(cnp52)•Hace 2 horas
    Si los que hoy censuran, mañana niegan el holocausto o el genocidio en Gaza, habra que censurarlos.
  • Mauricio(05056)•Hace 3 horas
    Si los que hoy cesuran y mañana. La emb. Arran pues. Hay que cendurarlosn

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