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El efe-eme-í

Marc Hofstetter

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Muchos habíamos advertido de tiempo atrás que la crisis fiscal colombiana iba a requerir de la ayuda del FMI. Finalmente, el presidente mismo admitió en reciente alocución que había echado a andar esa conversación.

Colombia pasó por ahí durante la crisis de final del siglo XX, en medio de un lío fiscal combinado con la quiebra de instituciones financieras y problemas en las cuentas externas. Además de un préstamo por 2.700 millones de dólares, el acuerdo de 1999 fue fundamental para darle un sello de calidad a un programa de reformas macroeconómicas.

Hoy el escenario es diferente. No hay problemas bancarios—las lecciones del 99 llevaron a una mejor regulación y supervisión financiera—, ni cambiarios—tras el acuerdo de 1999 abandonamos las metas cambiarias—, ni un déficit externo preocupante. Pero el problema fiscal es más complejo que el de antaño: la deuda como % del PIB casi dobla de la del siglo pasado, el déficit es mayor que el de 1999 a pesar de que no estamos en medio de una crisis económica y, tras más de una docena de reformas tributarias en lo que va de siglo, hay menos espacio para aumentar el recaudo.

¿Qué podría estar buscando el gobierno? Dos cosas. Como en 1999, un sello externo de calidad al plan de ajuste: luego de afirmar que las cuentas heredadas estaban llenas de humo, necesita un tercero que audite y certifique las cifras. Segundo, al país le serviría poder completar con el FMI el financiamiento externo de los próximos años. Esa sería una gran noticia tanto porque las tasas de interés que cobra el FMI son menores a las que conseguiría Colombia en los mercados de capitales, como porque el acceso a crédito en todas partes del mundo está muy complejo.

¿De cuánto financiamiento hablamos? No han trascendido detalles de lo que querría Colombia. A manera de comparación, si el FMI nos diera el mismo monto de 1999 como proporción del recaudo del gobierno, la cifra de hoy superaría los 20.000 millones de dólares; si nos diera lo mismo del 99 como proporción del tamaño de la economía, la cifra rondaría 13.000 millones de dólares. Suena enorme, pero sin ajuste es poco: aun la mayor de estas cifras solo cubriría seis meses del descalce actual entre ingresos y gastos.

Por eso, el sello y posible financiamiento del FMI no sustituye el ajuste: hay que reducir gastos, aumentar ingresos y reconstruir la institucionalidad fiscal—el gobierno pasado suspendió la regla fiscal. En lo pragmático, hacer el ajuste de la mano con el FMI implica tener acceso a un equipo externo de la más alta calidad y experiencia internacional que retroalimentará las posibles recetas. Pero en lo político la conversación será tildada como una injerencia imperial encaminada a recortar los derechos del pueblo. Esa narrativa es efectiva: se le echa la culpa a un tercero con cara de banco manipulado por intereses geopolíticos. El año entrante hay elecciones regionales en Colombia: esa sigla, el efe-eme-í, será el caballito de batalla de muchos.

X: @mahofste

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Comentarios
  • Helga66(40077)•Hace 8 minutos
    Petro y su equipo fue un irresponsable fiscal. Giro en su presente con cargo al futuro. Mucha nomina paralela y las famosas contrataciones de Órdenes de Servicio. El desorden en Ecopetrol afecta. La caída en construccion, baja la inversión y por ende el recaudo. Pero hay un punto a rescatar de Petro y que De la Espriella quiere echar abajo: el subsidio a los combustibles. Ese desmonte fue bueno y debe continuar. Esta semana echaron abajo el aumento de la gasolina. Esa decisión es antieconóm
  • carlos(swzlw)•Hace 2 horas
    si se busca devaluar aceleradamentente el peso, pagar la deuda externa con endeudamiento interno, porque la devaluación genera ahorro interno y los connacionales que pueden ahorrar tienen una oportunidad financiera, en el país asi hay desarrollo impulsado por los colombianos. De paso hay que estimular la repatriación de capitales que fueron muchísimos los que sacaron su ahorro por temor a la terrible que parece haber pasado

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