
Las calles francesas se han convertido en el escenario de las protestas de estudiantes y jóvenes que reclaman mejores oportunidades, menos desigualdad y, sobre todo, cambios en un sistema educativo que, aseguran, les ha fallado durante décadas. La violencia policial y el alcance político que han adquirido estos enfrentamientos se han convertido en el centro de la conversación alrededor de estas movilizaciones masivas.
Lo que comenzó como una expresión para respaldar a profesores en huelga en un colegio de las afueras de París, rápidamente tomó una dimensión mucho mayor y terminó convirtiéndose en un movimiento que se extendió por todo el país.
La escalada de las protestas ha dejado cientos de colegios cerrados y más de 5.000 personas detenidas, en su mayoría adolescentes sin antecedentes judiciales. Los enfrentamientos también han dejado heridos entre estudiantes, docentes y agentes de policía. En medio de la violencia, un estudiante de Lens, en el noreste de Francia, perdió una mano después de recoger, según las versiones conocidas, una granada, mientras que otro joven, en Tours, perdió la visión de un ojo.
Según Iván Otero, abogado y analista, la particularidad de estas protestas está en que comenzaron con reclamos específicos sobre la falta de profesores, el hacinamiento en las aulas y el deterioro de los centros educativos, pero luego trascendieron esas demandas y adquirieron un carácter generacional y nacional. En cuestión de días el movimiento se extendió a cientos de instituciones y sumaron otras preocupaciones de los jóvenes, como la desigualdad, la incertidumbre económica, el cambio climático, el impacto de la inteligencia artificial, el acceso al empleo y el avance de la extrema derecha.
“Por eso, más que una protesta sectorial, comienza a parecerse a una expresión de una generación que siente que las instituciones están tomando decisiones sobre su futuro sin escucharla suficientemente”, añadió el abogado.
Tiene sentido que el detonante de estas masivas movilizaciones sea la educación, porque, ¿qué dice más de una sociedad que las oportunidades que ofrece para acceder a ella? Los jóvenes que ven cómo se debilita su sistema educativo también enfrentan un futuro más incierto, con menos garantías y una sensación de menor control sobre sus propias decisiones de vida. Esa incertidumbre, inevitablemente, alimenta el malestar.
En Francia, además, existe una larga tradición de movimientos estudiantiles, recuerda César Niño, profesor titular de la Facultad de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad de la Universidad Militar Nueva Granada. Basta recordar mayo de 1968, cuando las protestas estudiantiles que comenzaron en universidades se extendieron por todo el país y terminaron convirtiéndose en una movilización social de gran escala, con millones de trabajadores sumándose a las huelgas. El movimiento cuestionó las estructuras políticas, sociales y culturales de la época, y marcó uno de los mayores episodios de protesta de la historia reciente de Francia. Sin embargo, lo novedoso de estas protestas no está en el hecho de que los estudiantes vuelvan a salir a las calles, sino en el contenido de sus reclamos y en el mensaje que están poniendo sobre la mesa.
“Se exige a los jóvenes mucho esfuerzo, preparación y competencia, pero las condiciones laborales para cumplir esas exigencias y retribuir lo invertido en esfuerzo intelectual parecen ser muy desiguales. Entonces, las protestas expresan una distancia entre la promesa de oportunidades y la experiencia cotidiana de estudiar”, afirmó Niño.
Estas protestas también han estado marcadas por la respuesta del gobierno, desde la actuación de la Policía, que algunos críticos han calificado de desproporcionada, hasta la posición del presidente Emmanuel Macron, cuyo mandato llegará a su final en 2027.
Las movilizaciones han escalado con barricadas, daños en más de 100 institutos y enfrentamientos con la Policía. La actuación de las autoridades ha sido cuestionada por el uso de la fuerza, incluido un caso en Alençon, en el que un agente aplicó a una estudiante una técnica policial que está prohibida. El ministro de Educación, Édouard Geffray, calificó el hecho como “humanamente dramático” y pidió esperar a que se esclarezcan las circunstancias.
Según el profesor Niño, aunque las demandas de los estudiantes son concretas, también requieren respuestas puntuales y verificables por parte del gobierno de Emmanuel Macron. En ese contexto, las denuncias sobre un uso desproporcionado de la fuerza contra menores abren una discusión adicional sobre la manera en que las autoridades están respondiendo a quienes protestan.
El gobierno francés, no obstante, ha rechazado las acusaciones de “represión policial”, mientras decenas de miles de estudiantes, acompañados por padres, profesores y sindicatos, volvieron a las calles el martes para exigir mejores condiciones de aprendizaje. Las consignas de las movilizaciones reflejan el fondo del reclamo: “Escuelas sin dinero, país sin futuro”.
Desde la ultraderecha, encabezada por el Rassemblement National (RN) de Marine Le Pen y Jordan Bardella, el discurso suele centrarse en el orden público: respalda a las fuerzas de seguridad frente a las acusaciones de "represión policial" y critica los bloqueos y las alteraciones en los centros educativos. Al mismo tiempo, el partido suele culpar a los sucesivos gobiernos del deterioro de la escuela pública y reprocha al oficialismo no haber garantizado seguridad ni calidad educativa, a pesar de que los estudiantes también esten protestando su candidatura. Sectores más radicales, como Reconquête, de Éric Zemmour, endurecen ese tono y acusan a la izquierda de instrumentalizar a los estudiantes, algo que sus dirigentes niegan.
Para Niño, lo que empieza como una exigencia de mejores servicios públicos puede transformarse en una demanda de reconocimiento. “Protestar también es expresar una expectativa democrática”, señala, al tiempo que advierte que los Estados pueden verse desbordados cuando no logran responder de manera efectiva a las demandas sociales.
Según el abogado, el principal impacto de estas protestas puede ser político más que inmediato, pues podrían convertirse en un símbolo del balance de la era Macron y alimentar la disputa electoral de 2027. Francia enfrenta una situación fiscal compleja y el gobierno tiene poco margen para responder con grandes aumentos del gasto, mientras las movilizaciones están poniendo precisamente la inversión social y educativa en el centro de la discusión.
Además, las elecciones presidenciales están previstas para el 18 de abril y 2 de mayo de 2027, por lo que las protestas llegan en un momento especialmente sensible. Macron no puede aspirar a un tercer mandato consecutivo, pero su legado sí estará en disputa y distintos sectores políticos podrían intentar capitalizar el malestar de los jóvenes. Para el abogado, el mayor riesgo para el oficialismo no es que las protestas derriben al gobierno de inmediato, sino que consoliden entre los jóvenes la percepción de que el sistema político dejó de ofrecerles un futuro.
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Atenas(06773)•Hace 8 horasTanta liberalidad o gabelas de la q’ se ufanan los franceses, no vano proclaman ser el pueblo más inteligente sobre la tierra, o país sometido al peso de la izquierda, incluso hay un movimiento q’ se llama La Francia Insumisa, ahí le está pasando factura de cobro a Macron; y ver las horrendas porquerías q’ allí pasan, como ese en un poblado típico francés, a más de 50 hombres haciendo fila pa violar a una mujer de 70años estando dopada y durante 10 años, da cuenta de su miseria mental.Atenas