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Desde que estaba pequeño, en cada rincón del colegio, en la tienda de la señora, con el señor que vendía mangos y mamoncillos al lado del puente, con el banquero que iba cada quince días o con la dueña del almacén, decían lo mismo: “Ya viene el desarrollo. Hágale, estudie, que aquí va a quedar un puerto. Ya casi”. “Uf, esto tiene tanto potencial”.
Eso fue hace unos 30 años. Y si le preguntan a mi mamá, seguramente les dirá que esas mismas expresiones se escuchaban desde muchos años atrás. Incluso mis abuelos decían, sin titubear: “Esta es la perla que más brilla, pero que pocos se atreven a ver”. Pues bien, hoy muchas de esas cosas que durante décadas parecían lejanas son una realidad.
Urabá tiene cerca de 120.000 hectáreas en cultivos agrícolas, 631.166 cabezas de ganado bovino y más de 550.000 hectáreas destinadas a la ganadería. Y claro, no he olvidado el banano: según Augura, la región alcanzó las 32.465 hectáreas sembradas. El volumen exportado desde Urabá fue de 81,9 millones de cajas en 2025, con un valor cercano a los USD $720 millones. Como diría el empresario Adolfo Zapata: “Esta región es la más organizada, tiene todo para lo que usted quiera hacer”. Y tiene razón en algo fundamental: las condiciones están ahí.
Puerto Antioquia ya es una realidad. Después de décadas de hablar de puertos, hoy existe una infraestructura que comenzó operaciones –hoy al 30 % de su capacidad– y que está cambiando la manera en que debemos mirar la región. En sus primeros siete meses ha movilizado cerca de 30.000 contenedores y se estima que alrededor del 11 % de la carga nacional pasará por acá.
Y ya no solo viene este puerto. También están en proceso Puerto Pisisí, Puerto Progreso, Puerto Cirilo, Puerto Darién y otros proyectos que ya empiezan a ser trazados sobre el papel. Entonces, ¿ahora qué? Ahora viene, quizá, una conversación mucho más importante: ¿estamos preparados para lo que realmente está sucediendo?
Preparados empresarial, social, económica, ambientalmente y, sobre todo, preparados como personas para asumir una transformación que durante décadas estuvimos esperando. Si me preguntan, diría que lo que hace falta es confiar. La confianza, atreverse a invertir, atreverse a construir, atreverse a mirar la perla y verla brillar.
¿Que todavía hay desafíos y retos? Sin duda. Sería ingenuo decir lo contrario. Pero las condiciones están –la Clínica Panamericana de alta complejidad, industrias como Coladrién o WeAgro, Unibán Logistics, centros empresariales, etc–. El sueño ya empezó a convertirse en realidad. Y ahora imagínese todo aquello que todavía no hemos logrado ver ni construir. Puede sonar un poco pretencioso desde el posibilismo. Puede sonar demasiado optimista. Pero créame, esto ya es real. No se trata solamente de ir a visitar la región –que es lo que más se ve hoy, y está muy bien–. Todavía hay personas que no saben que Puerto Antioquia ya existe y que ya no está en un PowerPoint.
La conversación tiene que cambiar. Urabá no necesita solamente más visitas. Necesita que empresarios, inversionistas, instituciones y personas se atrevan a preguntarse qué pueden construir allí. Porque ghostear a Urabá en estos momentos es dejar ir algo que quizás luego se va a repetir muy pocas veces. Durante 80, 50, 30 ó 10 años escuchamos que “ya casi”. Hoy, por primera vez, podemos decir que ese “ya casi” llegó. Así que no llegue tarde. Ojalá podamos conversar, escríbame, no me ghostee. No ghostee a Urabá.
Rafael Mejía Espinosa
rafaelmejia@comfama.com.co Líder de Expansión empresarial Comfama
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