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Torre de Tokio: secretos revelados

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon – Tokio

Imagen de Instagram de la libreria Nikki Tsukihi.
Imagen de Instagram de la libreria Nikki Tsukihi.
Foto: Archivo particular - Archivo particular

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Existe desde hace seis años en Tokio una librería especializada en diarios donde, al lado de confidencias célebres como las de Ana Frank o Virginia Woolf, se ofrecen textos escritos por personas comunes que comparten su intimidad y la ponen en las estanterSe llama, en traducción literal, Librería de diarios, meses y días (Nikkiya Tsukihi). (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Además de diarios vende agendas, cuadernos con centenares de páginas en blanco o libretas para agricultores provistas de columnas para registrar datos meteorológicos, fechas de cosechas y otras rutinas importantes del oficio de cultivar.
La librería, construida en madera y situada en una calle peatonal, ocupa dieciséis metros cuadrados y tiene un mostrador para servir café y cerveza. Celebra festivales donde se reúnen escritores profesionales y aficionados y se imparten cursillos para enseñar a poner la realidad personal sobre el papel.

“Tal vez al hojear el diario que escribiste hace diez años te encuentres con las emociones olvidadas de una persona que parece distinta a la de hoy”, dice un texto de una empresa que colabora con la organización.

Japón tiene el diario autógrafo más antiguo del mundo, registrado por la Unesco, y escrito por Michinaga, la persona más influyente de la corte imperial entre los siglos X y XI.

Prácticas escolares actuales como el diario de vacaciones, en las que los alumnos reportan durante varias semanas la vida de insectos o plantas, ponen a los niños en contacto directo con el mecanismo de observar, registrar y anotar con constancia.
La costumbre de llevar diarios cruzó el Pacífico con los emigrantes japoneses que viajaron a tierras americanas a principios del siglo pasado y se ilustra con el caso de un solitario agricultor que se separó de su grupo en el Valle del Cauca y se adentró en los Llanos Orientales de Colombia.

Contrajo matrimonio con una mujer indígena, con quien tuvo una hija, y compartió una vida simple pero holgada gracias a su diligencia y persistencia en el trabajo del campo. Después de su muerte, su hija conservó unas cajas llenas de cuadernos que nadie en su entorno podía leer por estar escritos en japonés.

Con la esperanza de que los diarios describieran la epopeya de la inmigración nipona a Colombia, una periodista nipona que hablaba español la contactó y se ofreció a traducirlos. La cara de la improvisada traductora pasó de la expectación al desconcierto cuando constató que cada página repetía entradas con variaciones numéricas de años, meses, días, horas, temperatura máxima y mínima, además de alguna observación sobre la lluvia o la humedad.

Fue, a su manera, una carta de amor a la tierra que lo acogió, le procuró familia y cosechas para subsistir

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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