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El acierto de limitar los celulares

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La Alcaldía y la Secretaría de Educación de Bogotá acertaron al prohibir el uso de celulares durante la jornada escolar. La medida abarca colegios públicos y privados, con excepciones por razones pedagógicas, de salud, inclusión y emergencia. Proteger la atención no puede depender exclusivamente del esfuerzo individual. La autorregulación se aprende; darla por adquirida en niños y adolescentes desconoce esa tarea educativa. Reservar tiempo para aprender y convivir contribuye a esa formación.

Desde séptimo grado, en mi colegio nos recogían el celular a las siete de la mañana, lo guardaban en una caja y nos lo devolvían a las tres de la tarde. Hoy agradezco esa decisión. En recreos y almuerzos conversaba con mis amigas cara a cara. En las evaluaciones respondía con lo aprendido, sin buscar respuestas en el celular. Escribir suponía ordenar mis conocimientos y expresarlos. Ese esfuerzo iba más allá de la nota: me enseñaba a pensar por cuenta propia. Hoy valoro esa formación, cuando es tan fácil obtener una respuesta sin haber aprendido a construirla.

Para que la medida sea efectiva, lo primero es garantizar el respaldo institucional a los docentes. Según los sondeos citados por la Secretaría de Educación, el 82 % de los consultados observa que los estudiantes utilizan dispositivos durante las clases para jugar u otras actividades. No es razonable dejar a cada profesor resolver esa dificultad por su cuenta. Los colegios deben establecer procedimientos claros para aplicar la medida.

En segundo lugar, el Distrito debe evaluar la medida y responder por sus resultados. Investigadores de la Universidad de Augsburg revisaron cinco estudios y encontraron beneficios, principalmente en bienestar social. Recomendaron acompañar las restricciones con educación digital. En 2025, un estudio observacional en 30 colegios ingleses encontró menor uso durante la jornada escolar, pero no diferencias significativas en bienestar mental ni en el tiempo total de uso. La evaluación debe medir qué cambia en la atención y la convivencia, publicar los resultados y corregir lo que no funcione.

Adicionalmente, la medida acierta al incluir los recreos. Conversar, jugar y compartir un almuerzo son oportunidades para aprender a convivir. Los colegios deben facilitar la participación, especialmente de quienes tienen dificultades para integrarse. Cuidar la convivencia sigue siendo su responsabilidad fuera de clase.

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Estos límites deben acompañarse de una formación digital que prepare a los estudiantes para decidir cuándo y cómo utilizar la tecnología. Bogotá permite el uso pedagógico de celulares desde el grado octavo, bajo orientación docente, y regula otras pantallas según el nivel educativo. Esos espacios deben servir para buscar información y verificar fuentes. Los colegios deberán explicar qué protegen las reglas, escuchar las objeciones de los estudiantes y permitirles participar en su aplicación.

La inteligencia artificial (IA) debe tener un lugar en esa formación. Bien utilizada, puede ayudar a explorar ideas, revisar argumentos y comprender un tema. Los estudiantes deben aprender a utilizarla y a escribir sin asistencia tecnológica. Un ejercicio puede combinar una primera versión propia con una revisión mediante IA; después, los estudiantes pueden justificar los cambios y comprobar las fuentes.. Los conocimientos adquiridos permiten evaluar respuestas generadas y detectar errores. La evaluación debe reconocer qué aprendió el alumno y cómo utilizó la herramienta.

La medida debe contribuir a que los estudiantes aprendan a regular su uso de la tecnología también fuera del colegio. La objeción de que la prohibición dificulte aprender a autorregularse merece atención. Los colegios deben ofrecer actividades guiadas y autonomía acorde con la edad. Las familias deben participar en los acuerdos y contar con canales para atender emergencias. Las reglas deben respetar la intimidad de los estudiantes.

Estoy convencida de que esta decisión beneficiará a los estudiantes durante sus años de colegio y en su vida adulta. Mi experiencia como estudiante y mi trabajo creando contenido educativo en redes sociales sostienen esa convicción: los jóvenes necesitamos aprender a aprovechar la tecnología y a pensar por cuenta propia. La autonomía que defendemos requiere conocimientos, criterio y oportunidades para convivir. Los límites de hoy deben contribuir a que mañana puedan decidir por sí mismos.

Gabriela Alonso Jaramillo

Por Gabriela Alonso Jaramillo

Estudiante de Gobierno y Asuntos Públicos y de Ciencia Política en la Universidad de los Andes. Máster en Comunicación Política del Centro Europeo de Postgrados. Creadora de contenido, reconocida por Cifras & Conceptos como líder nativa digital y ganadora del Youth Leadership Award de los Napolitan Victory Awards.
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