
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La primera vuelta de las presidenciales brasileñas estuvo cerrada y polarizada, y la segunda vuelta, el 25 de octubre, tiene a la región al borde de un ataque de nervios. Con solo dos puntos porcentuales de diferencia —Flavio Bolsonaro con 47 %, y el actual presidente, Lula da Silva, con 45 %—, la ultraderecha cobra ventaja y es la más opcionada para ganar definitivamente. A pesar de los escándalos y de sentirse como una mala copia de su padre, Bolsonaro ganó y podría ganar también los dos millones de votos de diferencia. Y no solo eso: sus hermanos y su madrastra fueron elegidos en el Congreso. Flavio Bolsonaro es un proxy de Jair (que no se pudo postular porque está preso por intentar un golpe) y también está siendo investigado por corrupción (el desfalco multimillonario del caso Master). Si gana, es probable que empiece por buscar la impunidad propia y la de su padre. La campaña bolsonarista repite la fórmula de las ultraderechas, autoritarias, libertarias y antiderechos de la región: “Dios, patria, familia y libertad”, que en este caso el mensaje resuena en una ciudadanía que ya tenía el terreno allanado por el avance de grupos evangélicos, y un populismo reaccionario, militarista e histórico.
Del otro lado está Lula, uno de los políticos de izquierda más brillantes de la región, con una agenda de derechos humanos, soberanía nacional y redistribución de la riqueza.
Casi 12 años de gobierno han implicado un desgaste considerable y, con 80 años, esta será probablemente su última carrera presidencial. Como en muchos países, la izquierda brasilera tiene un problema de “sucesión”, así que Lula, con su carisma y pragmatismo, se lanzó a un cuarto período presidencial, y ahora le apuesta a movilizar 33 millones de abstencionistas. Esta semana sacó a las calles una marea roja que podría ser una señal de esperanza para el PT.
Si bien no es perfecto, Lula sí ha mejorado materialmente la vida de las clases populares. También ha sido el primero en la región en parársele a los tecnofeudalistas exigiendo la regulación de las redes, y ahora quiere prohibir también las apuestas en línea que están llevando a la quiebra y al suicidio a muchas personas, especialmente a hombres jóvenes. La resistencia de estas corporaciones con lucro millonario se nota: Meta le cerró sus cuentas a horas de la elección, en medio de una campaña marcada por la inteligencia artificial, los algoritmos sesgados y las noticias falsas (de lado y lado). Lula también es uno de los mayores adversarios de Trump, quien ha ido poniendo fichas en casi todas las presidencias de Suramérica. La región se ha convertido en un juego de Risk, y Brasil es una de las economías más importante del mundo, sin mencionar sus recursos naturales.
Es fácil caer en la tentación de vaticinar que va a pasar lo mismo que ya hemos visto pasar en Argentina, Perú y Colombia, y puede ser, pero aún no ha pasado. El neoliberalismo colonial y fascista, al que parece que vamos en picada, no es irremediable. Es importante recordarlo porque lo que está en juego es la capacidad de imaginarnos que sí es posible un mundo más justo e igualitario. E incluso si pierde el proyecto de Lula, seguimos estando todas las personas que podemos y queremos imaginarlo.
-
Juan(cnp52)•Hace 35 minutosAlberto, la izquierda no ha dado la talla, pero al menos existe la nocion de talla. A la derecha nunca le ha importado fallarle a la mayoria y responderles nada mas que con caridades vacias. Los fascistas creen tener muchas razones y solo repiten las mismas excusas.
-
Alberto(68074)•Hace 2 horasY porque ocurre que la derecha triunfe, simplemente porque la izquierda no ha dado la talla