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Del otro lado de la columna

Juan Diego Soler

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El plan original era presentarlo en la Feria del Libro de Pereira, pero el sismo del pasado 10 de agosto obligó a cambiar de planes. Llegué a Bogotá y luego pasé a Medellín para presentar el libro que no había visto impreso, pero que llevaba atrapado entre el pecho y la espalda durante los últimos cinco años. Fueron nueve días de entrevistas, podcast, visitas a librerías, presentaciones en los espacios dedicados a la ciencia en ambas ciudades y encuentros con los amigos que lo reciben a uno como si jamás se hubiera ido. Además de mi libro y los gratos recuerdos de esa vertiginosa gira, me llevo de Colombia una lección que me permite seguir escribiendo esta columna.

La ansiedad suele comenzar el martes por la noche, en la víspera de la entrega de la columna. ¿De qué hablar? ¿De lo que ha sucedido esta semana? Cuando acepté hacerme cargo de esta columna, el 14 de noviembre de 2023, tomando el espacio dejado por José Fernando Isaza, me prometí nadar en contra de la coyuntura, casi siempre hacia la ciencia, y cumplir el encargo que, desde mi punto de vista, tiene un colombiano reportando desde otra latitud y otro huso horario: traer noticias del mundo. En esos tres años he escrito con entusiasmo sobre la ráfaga de rayos gamma que casi acaba con la humanidad (sin que esta se diera por enterada), sobre mecánica cuántica y sobre el vino con cocaína. He intentado no ser ajeno al martirio del pueblo ucraniano, al dolor en Gaza y en El Fasher, pero también he hablado sobre las películas que me fascinaron, sobre el origen de la física en Colombia y sobre las consecuencias del calentamiento global, entre otros muchos temas. Poco a poco, el impulso inicial se me ha ido desgastando y, en este viaje a Colombia, iba tanto a presentar mi libro como a hacer las paces con el ejercicio de escribir esta columna.

“Escribir, en el mejor de los casos, es una vida solitaria”, decía Ernest Hemingway y no le faltaba razón. Aunque uno puede estar absolutamente solo sin sufrir de soledad mientras escribe, al entregar un texto se siente el vacío del náufrago que arroja al mar un mensaje en un barquito de papel. Dada la inmaterialidad de este periódico y de otros medios en nuestros días, las 600 palabras de cada columna parecen quedar a merced de la cascada de información de la red, que, como el Salto del Tequendama, es imponente, pero no impoluta.

Estar en Colombia fue descubrir que mis lectores viven en la red, pero también son gente de carne y hueso que me regala su tiempo dos viernes cada mes y, ahora, un rato más largo para compartir mi nuevo libro. Me sentí menos solo al escribir estas palabras y, por eso, quiero agradecerle a usted, que me lee hoy y me ha acompañado en otros viernes. Le agradezco, como le agradecí a la mujer vestida con sastre azul que se cruzó con el afiche de la presentación del libro en Llanogrande y se quedó a escuchar mi charla con Mauricio Builes solamente porque reconoció la foto que acompaña mis columnas. Mientras ella me contaba lo mucho que le había gustado aquella en la que narraba el inicio del año escolar en Austria, recordé por qué me siento frente al teclado a escribir una columna de opinión: no para gritar más fuerte que otros sobre el acontecimiento del momento, sino para crear un espacio en el que, aunque no nos conozcamos y nos separe un océano, podamos encontrarnos y compartir la fascinación por el mundo.

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Juan Diego Soler

Por Juan Diego Soler

Doctor en Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Toronto, Canadá. Investigador científico del Departamento de Astronomía de la Universidad de Viena, Austria. Autor de los libros “Relatos del confín del mundo (y el universo)” y “Lejos de casa”. Escribe sobre ciencia para El Espectador desde 2011.
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Comentarios
  • Hernando(61673)•Hace 9 segundos
    Uyuyui.. ni se le ocurra abandonarnos..
  • Dionisio(cvtsc)•Hace 11 minutos
    Gracias también a usted, Dr Soler.
  • Melmalo(21794)•Hace 2 horas
    Sus aportes son muy valiosos para mi,mientras siga escribiendo lo seguiré leyendo. Y también la columna que más me ha gustado la del inicio del año escolar en Austria.
  • @;-)=B:-(=(4444)•Hace 8 horas
    Muy buenas columnas. Se disfrutan y se aprende.
  • Gines de Pasamonte(86371)•Hace 9 horas
    Para nosotros, sus lectores ocasionales o permanentes, ha sido un placer leerlo pues hasta ahora ha cumplido con lo mínimo que se le puede exigir a un periodista, no siendo esa su profesión, por supuesto, y no es otra cosa que la de transmitir con seriedad, divulgar con responsabilidad y sin sesgos el acontecer diario en la ciencia o bien en otros tópicos que acometa. ¡Enhorabuena, profesor!
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