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Embalse Topocoro de Isagen: donde apreciar las aves es fuente de sustento

Información institucional | Desde 2023, Isagen y la firma santandereana Biótica Consultores trabajan con familias santandereanas en la Ruta de Aviturismo Comunitario Topocoro.

Avistamiento de aves en Topocoro.
Avistamiento de aves en Topocoro.
Foto: Asociación de Mujeres en Busca de un Mejor Mañana - Asociación de Mujeres en Busca de un Mejor Mañana

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En los bosques que rodean el embalse Topocoro de la central hidroeléctrica Sogamoso de Isagen, en Santander, se mezclan los cantos de la reinita castaña y del nacumero con los llamativos contrastes del torito dorsiblanco y la carpuela bonita. Entre el follaje desfilan la silueta diminuta de la coqueta crestada, los tonos intensos de la cotinga azul y el pico desmesurado del yátaro, entre muchas otras especies de aves que habitan la zona. Desde la ribera del río Sogamoso hasta las cumbres de la Serranía de los Yariguíes, este territorio reúne una extraordinaria diversidad de pájaros de las tierras bajas, de los bosques andinos y de las regiones Caribe y Pacífico.

Para un grupo de familias de la zona, esa riqueza se convirtió en una forma de vida. Desde 2023, Isagen y la firma santandereana Biótica Consultores trabajan con ellas en la Ruta de Aviturismo Comunitario Topocoro, que reúne siete emprendimientos en municipios como Betulia, Zapatoca y Lebrija. Allí, los visitantes encuentran senderos, comederos, miradores, guianza local y, en varios casos, alimentación y hospedaje. Lo que ofrecen las comunidades depende de que las aves y sus bosques se conserven, y esa relación ha cambiado actividades, fuentes de ingreso y la manera de entender el territorio.

La abundancia de aves en la zona tiene una explicación geográfica. Alrededor del embalse confluyen las tierras bajas del Magdalena Medio y los bosques de la Serranía de La Paz; a poca distancia están la Serranía de los Yariguíes y el cañón del Chicamocha, y la región recibe además influencia biogeográfica del Caribe y del Pacífico. El terreno asciende desde los 160 metros sobre el nivel del mar, en la ribera del río Sogamoso, hasta más de 2.500 metros en los bosques andinos y altoandinos de los Yariguíes.

Ese gradiente permite que convivan especies de orígenes y afinidades ecológicas muy diferentes. La guía de la ruta reporta más de 400 especies registradas, cerca del 25% de las que se conocen en Colombia, y estima un potencial superior a 580. Entre ellas hay especies de interés para la conservación, como la lora cabeciamarilla (Amazona ochrocephala), protegida internacionalmente y registrada en la mayoría de las localidades monitoreadas, y el carpintero bonito, endémico del país, cuya permanencia depende del estado de su hábitat.

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Para ofrecer esa experiencia, las comunidades tuvieron que conocer a fondo lo que tenían. Tradicionalmente, el inventario de aves de una región quedaba en manos de investigadores que llegaban, tomaban muestras y se llevaban los datos. En Topocoro el proceso tomó otra dirección. Tras cerca de diez años de estudios de Isagen en la zona del embalse, la alianza con Biótica se diseñó con metodologías participativas: los habitantes ayudaron a identificar la riqueza de aves, a trazar los senderos y a definir cómo recibir a los visitantes.

La formación fue el núcleo del trabajo. Las comunidades de La Playa, Serranía de La Paz, Belmonte y Panorama recibieron capacitación en monitoreo de avifauna, guianza, fotografía y uso de tecnología. Diana Caballero, profesional ambiental de Isagen, lo explica así: "La apropiación social del conocimiento se convirtió en el eje articulador del proceso: aprender, intercambiar saberes y convertir lo aprendido en acciones concretas".

La ruta cuenta con ocho puntos de observación registrados en eBird, la plataforma mundial de ciencia ciudadana para el registro de aves. Los siete emprendimientos que la conforman publican sus propios conteos, que van de 104 a 212 especies por sitio, desde la ribera del Sogamoso, a 160 metros de altitud, hasta los bosques de Entre Flores y Aves, que alcanzan los 1.000 msnm. Varios de ellos difunden sus avistamientos en redes sociales. Esa información, producida y mantenida por quienes viven allí, es la base de la oferta turística.

Ese conocimiento se tradujo en otra forma de ganarse la vida. Algunos anfitriones de la ruta, que antes practicaban la cacería, hoy defienden la conservación y promueven un turismo responsable. Para ellos, la naturaleza pasó a ser fuente de aprendizaje y sustento para sus familias.

La ruta incluye además trabajo sobre el hábitat. En 2025 se adelantaron acciones de restauración ecológica y se establecieron mini viveros. Varios emprendimientos combinan la observación con sistemas agroforestales de cacao, comederos y zonas de enriquecimiento con especies vegetales nativas, lo que integra la conservación a la producción de las fincas. Arbey Silva, administrador de la Finca Cinco Estrellas, resalta cómo esta gestión se nota en el comportamiento de los pájaros: "Las aves respondieron muy bien al llamado que se les hace a diario, y los visitantes pudieron observarlas".

Aviturismo Topocoro
Aviturismo Topocoro.
Foto: Cortesía

La llegada de Topocoro transformó el paisaje de la región y abrió preguntas legítimas sobre la relación entre la infraestructura energética y su entorno. La ruta de aviturismo aporta una respuesta: los bosques y franjas de protección alrededor del agua funcionan hoy como hábitat y como punto de encuentro entre comunidades y visitantes. La iniciativa hace parte de un proceso de planificación más amplio, que incluye el Plan de Desarrollo Turístico de la Región Topocoro 2024–2034, formulado mediante convenio entre Isagen, Fundaculta y la Cámara de Comercio de Bucaramanga, y que se enmarca en el Plan de Ordenamiento del Embalse, que en 2017 la Asamblea de Santander adoptó mediante la Ordenanza 038, convirtiéndolos en una directriz de ordenamiento departamental.

Además del turismo, está la sensibilización y el aporte al estudio y conservación de las aves. En noviembre de 2025, un recorrido de familiarización llevó a invitados por La Playa, Corintios y Altamira, en Betulia, y por la vereda Belmonte, en Zapatoca. Juan Lázaro Toro, director de estrategias de conservación de aves de ProAves, destacó tras la visita: "Ver a la comunidad tan entusiasmada con este tema me pareció fabuloso". En ese recorrido, los expertos resaltaron además la importancia de conservar los nombres con los que las comunidades conocen a las aves, como parte de su legado cultural. El biólogo Fernando Ayerbe Quiñones lo explica así: “Los nombres de las aves tienen una historia detrás y son una de las herramientas que tienen las comunidades para conservar su patrimonio y su historia”.

El proyecto suma dos encuentros regionales el segundo, realizado entre el 23 y el 26 de julio de 2026, comunidades, guías y expertos recorrieron la ruta e intercambiaron experiencias. El siguiente paso es la primera Feria de las Aves de Santander, programada del 4 al 6 de junio de 2027 en el Ecoparque Cajasan Yaguarí, en Topocoro. Con ella, el departamento busca consolidarse como destino de aviturismo en el país.

El crecimiento plantea retos como la sostenibilidad económica de los emprendimientos, los cuales nacieron con formación y acompañamiento externo, y su continuidad dependerá de que el turismo genere ingresos suficientes. Por eso la ruta pide a los visitantes respetar las tarifas definidas por los emprendimientos, que financian el mantenimiento de senderos y la conservación de los hábitats. A esto se suma el relevo generacional. "Las nuevas generaciones son las que a futuro se van a adueñar de todo esto", afirma Ayerbe, para quien el aviturismo es una actividad ambientalmente importante y también rentable. Y de otro lado está la calidad de la información, ya que a medida que crece el interés, la consistencia de los registros en cuanto a cantidad de especies, lugares, métodos, pesará tanto como su número, porque de ella depende la credibilidad del destino ante observadores especializados.

En Topocoro, las aves pasaron de ser presa o paisaje a ser el centro de una economía familiar que depende de cuidarlas. Quienes antes cazaban hoy guían, las fincas restauran sus bosques y cada visitante se va con una idea más clara de lo que vale conservar. La Feria de las Aves de 2027 será la prueba de si ese modelo puede crecer sin perder lo que lo sostiene: comunidades que conocen su territorio, viven de él y lo cuidan

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