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Que el dolor se incruste

Jaime Arocha

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El Grupo de Estudios Afrocolombianos de la Universidad Nacional lleva más de veinte años abogando para que los guiones del Museo Nacional de Colombia vayan más allá de la exaltación decimonónica de próceres blancos y aristócratas. Sin embargo, la generala de la batalla contracultural ya arremete contra una museología incluyente de la diversidad histórico-cultural de la nación. Pienso en razones para que ella amplíe las purgas.

En la Trilogía de Mozambique[1], Mia Couto se refiere a los conflictos armados por la imposición del régimen colonial portugués en 1895. La joven heroína, Imani, aparece esquivando los muertos que dejó una batalla entre vachopis pro-lusitanos y vagunis opositores. Esperaba encontrar vivo a su hermano Dubula a quien le había suplicado que no vistiera el uniforme militar, porque esa ropa lo despojaría de su humanidad (pág.: 16). En esas, apareció un hombre que “cosechaba” ropa y armas de los caídos en combate. Justificó la profanación por su pobreza (pág.: 190). Sin embargo, más aberrante ha sido la justificación del millonario presidente uniformado de militar, quien afianza su poder mediante videos que lo retratan paseándose entre muertos empaquetados en bolsas blancas. Caminatas en pro de la guerra por venir.

Sacrilegios y despojos comparables se cometieron durante la invasión napoleónica de España y la Guerra de Independencia, como puede apreciarse en la ilustración que el maestro Francisco de Goya llamó “Se aprovechan”.

Goya
"Se aprovechan", de Goya.

Con otros 79 grabados, titulados “Los desastres de la guerra”, están acompañados de poemas de sufrientes extremos. Hoy se exhiben en Fragmentos, el contramonumento de arte y memoria que la maestra Doris Salcedo ideó para albergar las armas que las FARC-EP entregaron una vez iniciado el proceso de paz, el 24 de noviembre de 2016.

En esas salas es indispensable ver el documental sobre su origen y sentido. Se aprecia la disciplina con la cual guerrilleros y guerrilleras se desarmaron ante miembros de las Fuerzas Armadas. Policías y soldados formaron hileras simétricas con fusiles y ametralladoras. Las retrata un dron que se eleva para ofrecer la panorámica de un armamento que ya no servirá para herir o matar compatriotas. En el filme, los uniformados recorren los callejones que separaban los fierros de guerra. Contraria a la anterior, esa es una caminata por un futuro en paz.

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Esos cañones salen de los hornos de INDUMIL convertidos en unas láminas a las cuales 20 mujeres golpean con pesados martillos. Como víctimas de violencia sexual durante el conflicto, hacen ese oficio con una ira catalizadora del dolor sufrido. Adelgazadas, aplanadas y convertidas en receptáculo de exasperaciones profundas, las placas forman el piso del espacio que el arquitecto Carlos Granada imaginó dentro de una casa colonial en ruinas.

Conmociona pararse sobre planchas que exorcizan indignidades, admirar grabados sobre la inhumanidad de la guerra y leer poemas tan sobrecogedores como los de mártires palestinos:

La tierra se estrecha para nosotros. Nos hacina en el último pasaje… nos exprime… (Mahmud Darwish).

Los que estamos colgados/ nos hemos cansado/ así que bájanos/ y déjanos descansar./ Arrastramos historias detrás de nosotros/ aquí/ dónde no hay ni tierra ni cielo/… (Najwan Darwish).

Es posible que esos versos conviertan a “Los Desastres de la Guerra” en documento antisemita y que, en consecuencia, El Tigre le dé un zarpazo a Fragmentos. Sin embargo, quienes aborrecemos las armas atesoraremos los versos de la maestra Piedad Bonnett. Honran la misma exposición y el inquebrantable poder de la memoria:

Pido al dolor que persevere/ Que no se rinda al tiempo que se incruste/ como una larva eterna en mi costado…

* Doctor en antropología cultural; miembro fundador, Grupo de Estudios Afrocolombianos, Universidad Nacional.

[1] 2025, Penguin Random House.

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Comentarios
  • Atenas(06773)•Hace 34 minutos
    De tan lacrimógeno opinador de una dolorosa causa q’ ha verse de forma más enhiesta como prueba de imbatible dignidad y no de llanto lastimero si la pretensión es erguirse, ¿qué más se puede esperar? Visite Ud. el museo Martin L.King en Atlanta y verá cómo se honra la causa negra: sin guerrillos en la pared, sin adoctrinamiento, con la dignidad de su viuda,Coretta. ADLE eso quiso limpiar: el culto a Bateman y dejar historia. Una cosa es memoria afro y otra usar lo afro pa colar al M-19.Atenas
  • Juan(cnp52)•Hace 4 horas
    Jirones del traje nuevo del emperador. El Material preferido de Abelardo. Estan inagurando una exposicion de su trayectoria artistica, politica, e intelectual en el museo nacional. Son mas de treinta obras que estan siendo exhibidas en las salas Hacer Sociedad; Memoria y Nacion; y Fuerza, Fe y Sustancia.
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