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Después de haber escrito antieditoriales y cartas contra El Espectador, el 30 de septiembre leo un editorial impecable, caracterizado por su pulcritud y valentía: "Consuelo Araújo Noguera, el vallenato y más víctimas de la violencia", se titula. Para la muestra, un botón: "El 30 de septiembre de 2001, Colombia conoció una noticia horrible: […] ‘La Cacica’, exministra de Cultura, periodista y fundadora del Festival de la Leyenda Vallenata, había sido asesinada por las FARC […]. Veinticinco años después, la conmemoración de ese crimen obliga a recordar no solo a una mujer emblemática, sino también que la cultura ha sido otra víctima de la violencia". Como un editorial tiene poco espacio, solo agregaría cuatro asuntos esenciales que este deja por fuera:
1. Santander Araújo, controvertido patriarca liberal,/ y Blanca Noguera, mujer sensible al río musical,/ hicieron posible en Valledupar sentimental,/ en el año cuarenta de mil novecientos,/ el inolvidable milagro de su nacimiento:/ "He aquí mi orgullo; tengo un origen vallenato",/ siempre decía, parodiando al caro pensador nato./ La flor nata de la cultura vallenata, en medio de descaradas críticas de hermanos machistas,/ sus dos apellidos, sin saber de valientes feministas, juntó,/ para que el de resignada madre no quedara relegado:/ Araujonoguera se autoapellidó.
2. Subsumida con ánimo en la música popular,/ publicó Vallenatología en la década del setenta: / uno de los primeros libros sobre la canción vallenata,/ representante de la cara campesina singular/ (ese calloso pueblo oloroso a monte adentro/ que taburetea cuentos debajo de un almendro)./ Funda estudios sobre la cultura musical valduparense,/ que agrandó como ningún otro investigador cesarense./ El aislamiento ancestral de la antigua provincia de Padilla/ rompió con su obra estrella, que en el cielo literario brilla./ Este auténtico libro colombiano le sirvió para bautizar/ esta rama novísima de las perseguidas ciencias sociales.
3. Ungida de voces y de gracia, de saberes y de décimas,/ de personajes y de historias de su pueblo sin par,/ en la década del noventa parió El lexicón Upar./ Entiende la lengua como expresión afirmativa/ de entrañable identidad regional llamativa. El Instituto Caro y Cuervo, centro de investigación lingüística y literaria —mi casa de estudios—, acaba de hacer el lanzamiento de una edición conmemorativa de este libro, que es una investigación sobre el lenguaje y las tradiciones populares.
4. Algunos casos controvertidos la llevaron a estar de acuerdo/ con La sangre llama, de Los Hermanos Zuleta, que ahora recuerdo:/ "A veces quedan doliendo/ heridas que están cerradas,/ aunque estén cicatrizadas,/ por dentro siguen ardiendo"./ Parada y vestida de Pilonera Mayor, enterrada quedó,/ tal cual ella en vida en un memorable epitafio solicitó:/ "Aquí yace Consuelo Araujonoguera, de pie, conforme vivió".
Dairo Elías González Quiroz
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