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En “Mamá, me quiero morir” hay un artista contrariado. Es una obra de teatro (La Maldita Vanidad) sobre un hombre temeroso de plagiar a otros artistas igual o peor de contrariados, consciente de su existencialismo y de lo poco especial que es por sentirlo. O por padecerlo.

También es sobre un tipo con una infancia llena de miedos que fueron apareciendo a medida que su papá se volvía más violento y más cobarde. Ese adulto creció entre los gritos y los golpes habituales en su casa. Esos gritos y golpes se dirigían a su mamá, la señora que se casó convencida de que podía salvar a un hombre.
También es sobre lo pesado que puede ser un familiar. Sobre lo doloroso que es amar a alguien que no quiere salvarse y lo difícil que es reconocer que el amor tiene sus límites, y que estos se revelan cuando uno simplemente quiere que alguien ya no exista más. Que esa carga deje de existir.
“Gracias por dejarnos libres”, dice en algún momento el protagonista de la obra ante la esperada ausencia de ese grandísimo problema. Porque, para esa familia, ese amor era un problema, uno imposible de solucionar, que influyó demasiado en ese hijo un poco menos cobarde que su papá.
La obra es sobre ese niño que se convirtió en un adulto sobrepasado por la teoría. Que citó durante mucho tiempo a demasiados autores que le fueron quitando autenticidad y arrojo. Un tipo que también se encontró con otra mujer que estaba dispuesta a “amarlo demasiado”, así que esperó años y años mientras él descubría cómo sanarse las heridas. Y, entretanto, se le iban abriendo otras a ella, además de las que ya tenía por su propia carga, pero que no tenía tiempo de revisar. Había que cuidarlo a él, que seguramente estaba más dañado: decía que necesitaba más amor y se veía atormentado por el talento y el exceso de sensibilidad.
Cony Camelo interpretó a las mujeres de la vida de ese hombre, encarnado por Camilo Jiménez, quien a su vez interpretó a ese padre y a ese hijo.
Estos dos actores son amigos. De hecho, son exnovios. Y esta es una obra autobiográfica escrita por uno de ellos que se convirtió en un viaje profundo hacia los traumas del amor.