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Las dictaduras más peligrosas de la historia se han basado en la ignorancia, no en la fuerza.
Su estrategia es negar la información que necesita la democracia y utilizar el aparato del Estado como una máquina de propaganda. No evocaré, para no exagerar, las pesadillas de Alemania, Rusia, Italia… o Cuba o Venezuela en este continente.
Abelardo de la Espriella aparece en televisión constantemente, anuncia decisiones, explica sus propósitos y repite sus consignas. Pero hablar mucho es distinto de informar. La información comienza cuando alguien puede preguntar, repreguntar, comprobar y contradecir.
La Presidencia decidió que los ministros necesitan autorización para conceder entrevistas. Las ruedas de prensa desaparecieron y los funcionarios deben limitarse a los “medios amigos”. Los mandos militares y de Policía no pueden informar sobre sus operaciones. Incluso el DANE canceló una rueda de prensa.
La explicación oficial es que el Gobierno necesita comunicar de manera ordenada y coherente. La coordinación es legítima. El problema aparece cuando la coherencia significa que todos repitan una sola versión y nadie puede someterla a preguntas.
Mientras tanto, la información oficial circula por las redes del presidente, sus influenciadores y medios cercanos al Gobierno. Cambio documentó una red de cuentas que amplifica sus mensajes y ataca a sus críticos. La Silla Vacía encontró contratos para dos influenciadoras que apoyaron su campaña. Y Semana había difundido 133 videos proselitistas de De la Espriella entre las dos vueltas presidenciales, sin contexto periodístico.
A esto se suma la apropiación del sistema de medios públicos. De la Espriella anunció esta semana el “resurgir” de RTVC, encargado de defender la “Patria Milagro”. Carlos Suárez, estratega de su campaña, anunció más videos, más influenciadores y más “batalla cultural”. Los medios que pagamos todos los colombianos quedan al servicio del Gobierno.
También hay señales preocupantes en los medios tradicionales. Salió del aire el programa de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo; también salió Sebastián Nohra y fue despedido el caricaturista Vladdo. Las empresas alegaron razones comerciales, pero los periodistas denunciaron presiones políticas. La FLIP ha advertido sobre prácticas de “censura indirecta”.
Así se forma un círculo vicioso: el Gobierno controla lo que dicen sus funcionarios, sus aliados multiplican el mensaje, los grandes medios lo reproducen y quienes investigan quedan expuestos a campañas de descrédito, como lo estamos viendo con Juanita León o con Daniel Coronell.
La diferencia con Petro es notable. Los medios más poderosos estuvieron en su contra, y todavía lo siguen atacando. De la Espriella tiene el apoyo de esos medios, un manejo magistral de las redes, la simpatía silenciosa de Meta (dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp), una maquinaria de influenciadores y el sistema público de comunicaciones.
Pero hay otra diferencia, esta vez con las grandes dictaduras. En Colombia, los medios y periodistas independientes se resisten. Por eso importan tanto las investigaciones de La Silla Vacía, Daniel Coronell, Cambio y los periodistas que siguen preguntando –e infortunadamente siguen encontrando un rosario de pruebas contundentes contra el presidente y sus allegados–. También importa que los grandes medios defiendan su independencia, cualquiera que sea su orientación editorial.
La democracia necesita elecciones, Congreso, jueces y oposición, pero todos esos controles dependen de que los ciudadanos conozcan los hechos.
Por eso, independientemente de nuestras convicciones políticas, todos necesitamos información y no apenas propaganda.
*Director de Razón Pública.
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Marco(53341)•Hace 1 horaSeguirán esforzándose por esconder la verdad, atendiendo al mal ejemplo de Uribe de eludir responsabilidades criminales, estrategia que funciona bien a tanto taimado cobarde que hay en Colombia. Indigna también que, en el mundo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, muchos aún crean que pueden evitar el escrutinio público o incluso engañar a la rezagada administración de justicia. Qué rol tan bajo e indigno el de tergiversar o tapar la verdad, tarea de cucarachas.