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“La vice no sirvió”

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Los vicepresidentes que ha tenido Colombia han sido, en su mayoría y gracias a sus oportunidades, personas con una sólida formación académica. No es un secreto para nadie que muchos han provenido de la gran oligarquía colombiana, pero también es cierto que llegaron al cargo con una preparación importante. Recordemos a Gustavo Bell: historiador, periodista y académico, formado en prestigiosas instituciones nacionales e internacionales, cuya trayectoria intelectual y pública lo llevó a ocupar la Vicepresidencia de la República. Se podrá discutir su gestión, pero difícilmente su preparación.

Podría dedicar páginas enteras a hablar de los vicepresidentes que ha tenido Colombia, independientemente de si su paso por el poder dejó un balance positivo o negativo.

No conozco a Aída Quilcué, ni particularmente me interesa hacerlo. Puede tener amplios conocimientos sobre medicina tradicional, hablar una lengua ancestral y haber padecido en carne propia los estragos del conflicto armado colombiano. Todo ello merece respeto y reconocimiento. Sin embargo, considero que esas experiencias, por sí solas, no constituyen la preparación necesaria para asumir la responsabilidad de gobernar un país de casi 55 millones de habitantes.

No sé si Iván Cepeda buscó impulsar una estrategia similar a la que Gustavo Petro utilizó con Francia Márquez: presentarlas como víctimas de las élites y representantes de los sectores históricamente excluidos, bajo la idea de que esa condición tiene más valor que un pregrado, un posgrado, un doctorado o incluso un MBA a la hora de ejercer las más altas responsabilidades del Estado.

Abelardo representa, a mi juicio, la ambición de quien aún tiene sed de más poder. Iván puede proyectar una imagen más moderada y humana; sin embargo, considero que su apuesta por una fórmula vicepresidencial encabezada por Aída Quilcué debilitó su candidatura, especialmente porque la percibo como una continuidad del proyecto político de Gustavo Petro.

Al final, más allá de los discursos, las identidades o las narrativas de reivindicación, Colombia necesita dirigentes capaces de demostrar experiencia, preparación y criterio para enfrentar los enormes desafíos de un país de casi 55 millones de habitantes. El voto no debería ser un premio a una historia personal ni un castigo a una élite, sino una decisión racional sobre quién está mejor preparado para gobernar.

El presidente Abelardo ya está en el mando y hay que dejarlo gobernar, ojalá la izquierda entienda y deje a un lado sus ideas que llevaron cuatro años de mal gobierno a Colombia.

Santiago Trujillo

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