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Con un aula flotante, una escuela impulsa el bioecoturismo en La Mojana

Descubre cómo una canoa convertida en laboratorio escolar vivo revoluciona la conservación, el bioecoturismo y los saberes ancestrales en La Mojana. ¡Súmate a esta travesía de esperanza comunitaria y pedagógica!

Institución Educativa San Marcos
Farid García, pescador, guía y cartógrafo empírico, comparte sus saberes tradicionales a bordo del aula flotante en La Mojana.
Foto: Jairo Castro

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1. El río como escuela: cuando el agua dicta la lección

¿Cómo puede una canoa artesanal que navega caños, ciénagas y ríos ser el motor de una auténtica revolución pedagógica, científica y social? La respuesta se despliega navegando el riñón hidrográfico del Caribe colombiano, La Mojana, a bordo del aula flotante, una disruptiva pedagógica de la Institución Educativa San Marcos, en el departamento de Sucre.

En una ecorregión históricamente sometida a inundaciones periódicas, sedimentación desbordada y severa degradación ambiental, la escuela tradicional solía operar de espaldas al paisaje fluvial. Frente a esta desconexión, el proyecto ideó una respuesta: transformar las aguas del río San Jorge y de la Ciénaga de San Marcos en laboratorios vivos de aprendizaje contextualizado. A través de travesías fluviales de hasta siete horas en canoas adaptadas, los estudiantes rompen el confinamiento de las cuatro paredes del salón y asumen el reto de estudiar, diagnosticar y restaurar su territorio desde el propio espejo hídrico.

En estos recorridos, el aula flotante no funciona como una simple embarcación de transporte turístico, sino como un aula viva y sentipensante donde se produce conocimiento de frontera. Aquí, los jóvenes investigadores se encuentran de igual a igual con científicos universitarios, ambientalistas y pescadores artesanales, articulando la investigación de punta con las memorias orales de los pueblos anfibios. Esta vivencia formativa no solo despierta vocaciones hacia el cuidado ambiental, sino que también sienta las bases operativas de un modelo autogestionado de bioecoturismo comunitario que contribuye directamente a la sostenibilidad de las comunidades ribereñas.

2. Pedagogía Anfibia: el ciclo de la hicotea como método científico

La base metodológica que guía al aula flotante es la Pedagogía Anfibia, un modelo propio cimentado en la educación emancipadora de Paulo Freire y la Investigación-Acción Participativa (IAP) de Orlando Fals Borda. Mediante la biomímesis, la propuesta adopta el ciclo reproductivo de la hicotea (Trachemys callirostris) como una ruta de cinco fases formativas:

  • Exploración: identificación de las problemáticas ecosistémicas mediante cartografías sociales y expediciones directas a bordo del aula flotante.
  • Fecundación: diálogo de saberes entre conceptos biológicos formales y la sabiduría tradicional de pescadores y campesinos ribereños.
  • Incubación: traslado de interrogantes al laboratorio escolar y al Nodo Computacional 420 para diseñar prototipos tecnológicos.
  • Eclosión: divulgación y comunicación pública de las soluciones a través de redes sociales y escenarios de apropiación social del conocimiento.
  • Estivación: autoevaluación reflexiva y sentipensante de los aprendizajes logrados, ajustando metas conjuntas de sostenibilidad.

Este enfoque desmitifica la ciencia abstracta, transformándola en herramienta analítica para resolver urgencias locales. Así, el aula flotante dota los aprendizajes escolares de sentido práctico, transformador y comunitario.

3. Bioeconomía circular y soberanía tecnológica

Uno de los mayores impactos del aula flotante es transformar pasivos ambientales en activos productivos mediante el enfoque STEM y la bioeconomía circular. Frente a la quema a cielo abierto de cascarilla de arroz y la acumulación de desechos pesqueros en La Mojana, el semillero escolar consolidó dos alternativas sostenibles:

  • Láminas aglomeradas: procesamiento y compresión de cascarilla de arroz para fabricar pupitres, estanterías y mobiliario escolar.
  • Bio-papel de escamas: aprovechamiento de escamas residuales para producir bio-papel artesanal.

A esta labor se suma un avance clave en soberanía tecnológica: la Eco-Cuna Tecnológica. Diseñada y programada por los estudiantes con microcontroladores Arduino y sensores, esta incubadora automatizada regula temperatura y humedad para proteger nidadas rescatadas de hicotea.

Foto: Isaac Vergara

Actualmente, el proyecto valida su fase piloto en alianza con Corporación para el Desarrollo Sostenible de La Mojana y El San Jorge (CORPOMOJANA), optimizando parámetros técnicos para consolidar esta herramienta en la recuperación poblacional de dicha especie emblemática, esencial para el equilibrio ecológico del territorio.

4. Bio-ecoturismo comunitario: dinamización de las economías populares

El trabajo en el aula flotante trasciende la escuela: consolida una ruta de bio-ecoturismo científico, pedagógico y comunitario que armoniza saberes locales y académicos. Este circuito de memoria viva enlaza a más de diez pueblos anfibios, entre ellos Cuiva, Galindo, Lomas de San Juan, Palo Alto, Doña Ana y Santiago Apóstol.

Esta dinámica de bio-ecoturismo comunitario fomenta una cadena de valor local que beneficia a familias rurales y mujeres agro-pescadoras:

· Servicios locales autogestionados: familias rurales del territorio administran el suministro de alimentación típica, hospedaje campesino y navegación en canoas,

atendiendo anualmente a investigadores, docentes y estudiantes universitarios que visitan la experiencia.

  • El pescador como sabedor: campesinos y pescadores tradicionales no son simples remeros; ejercen como guías expertos y cartógrafos empíricos, compartiendo el conocimiento de las corrientes, las especies de peces y las dinámicas ancestrales de los caños.
  • Liderazgo juvenil: los estudiantes asumen el papel de divulgadores científicos, guiando a los visitantes en la lectura de sensores de calidad de agua y explicando los prototipos tecnológicos creados en las aulas.

De esta manera, el aula flotante demuestra que la conservación biológica y la educación contextualizada son compatibles con el florecimiento de una economía popular digna, solidaria y en armonía con los humedales.

5. Control social ambiental y salud comunitaria

Navegar en el aula flotante es un ejercicio de ciudadanía crítica y vigilancia socioambiental frente a amenazas como el arrastre de metales pesados —mercurio y plomo— y alteraciones hidrológicas en La Mojana. Junto al Instituto Javeriano del Agua, el semillero realiza batimetrías y mediciones técnicas para comprender la hidrodinámica fluvial y anticipar eventos extremos, como el rompimiento de Caregato en el río Cauca.

Esta labor técnica dialoga con el saber local: a través de cartografías sociales lideradas por el pescador Farid García Viloria, los jóvenes monitorean las fuentes hídricas y reflexionan sobre la salud del ecosistema.

La iniciativa trasciende el dato: junto al ICANH, acompaña a pacientes con enfermedad renal crónica, vinculando la degradación ambiental con la salud humana. Si el territorio —un gran riñón vital— enferma, sus habitantes también. Así, el aula flotante ratifica que defender el río es proteger la vida y la salud comunitaria.

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6. Replicabilidad: navegar hacia un futuro sostenible

El éxito acumulado demuestra que el aula flotante no es un acontecimiento aislado, sino una metodología pedagógica y ambiental completamente transferible a otras cuencas hidrográficas de Colombia y el continente. Escuelas rurales situadas en ciénagas, zonas de manglares, páramos y riberas pueden adaptar las cinco etapas de la Pedagogía Anfibia a sus propias realidades ecológicas.

Este diálogo de saberes quedó además plasmado en la memoria escrita del país: la experiencia del aula flotante hizo parte activa de la construcción del libro Tierra de AGUAS: bioculturalidades y defensa de lo común en La Mojana, una obra colectiva auspiciada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes que recoge las voces, investigaciones y memorias anfibias del territorio. (Aquí puede leer el libro: https://gaceta.co/wp-content/uploads/2026/07/MiCASa-Tierra-de-aguas-libro-digital.pdf)

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El aula flotante ha probado que el agua no tiene por qué ser sinónimo de tragedia, aislamiento o calamidad para las familias mojaneras. Cuando la escuela se atreve a subirse a la canoa, dialogar con los mayores y fundir la robótica con el barro de la ciénaga, el humedal se convierte en la mayor fuente de vida, ciencia viva y soberanía biocultural para Colombia y el mundo.

Foto: Hernán Carriazo

Por Institución Educativa San Marcos

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Comentarios
  • Carmen(d6co2)•04 de noviembre de 2026 – 05:52
    WOW¡ Felicitaciones a la persona que ideó este proyecto y a los que participan! ¡Qué orgullo para Colombia! Es que en Colombia somos muchos más los buenos y trabajadores, lo que pasa es que los malos hacen más ruido.
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