30 Oct 2008 - 3:00 a. m.

Así corrió sangre en ‘La Arenosa’

Según las familias, la mayoría de las víctimas fueron presentadas como muertos en combate por el Batallón La Popa de Valledupar. El Espectador recorrió la capital del Atlántico y encontró más de 100 casos parecidos al de Soacha.

Enrique Rivas G./ Enviado Especial

Víctor Manuel Mendoza Ospina sólo tenía 17 años. Un soplo de vida que apenas le había dado para estudiar hasta décimo en el colegio Isolina Daza, querer al Deportivo Cali, aprenderse las letras de unas cuantas canciones de champeta, salsa y vallenato, con las que solía conquistar chicas de su misma edad. Darwin Aragón, en cambio, tenía 10 más, había prestado servicio militar y su única aspiración era conseguir empleo para no seguir recorriendo con su amigo, de arriba abajo, las polvorientas calles de Por Fin y Me Quejo, dos barrios pobres del suroccidente de Barranquilla.

Los dos fueron engañados con una oferta de empleo bastante tentadora en un mundo de necesidades y de hambre: ganarse $800.000 como albañiles en sólo tres días. Por eso salieron a las 11:30 de la mañana del miércoles 30 de abril pasado rumbo a Valledupar. Nunca regresaron a sus casas, pero ocho horas después aparecieron dados de baja en un paraje del Cesar, región a la que nunca habían ido.

De ellos únicamente se supo el 17 de agosto pasado, cuando Clara Luz Mendoza Ospina fue llamada por la Fiscalía. Allí le mostraron una foto en la que aparecían como muertos en combate su hermano Víctor y el amigo Darwin. Ambos fueron reportados por el Batallón La Popa como guerrilleros abatidos en un sector rural de la vereda La Honda, jurisdicción del municipio de Pueblo Bello, Cesar.

De esta cadena de asesinatos forman parte otros 100 casos de jóvenes de la capital del Atlántico que fueron engañados entre 2005 y 2008 con ofertas de empleos y luego terminaron siendo registrados como insurgentes dados de baja por el Ejército en Cesar, Sucre, La Guajira y Córdoba. Víctimas que salieron de los cordones de miseria que componen también barrios como Chiquinquirá, El Bosque, El Porvenir y otros sectores del municipio de Soledad.

Todos estos crímenes empezaron a ser denunciados desde 2005, pero hasta ahora comenzaron a ser visibilizados después de ponerse en evidencia los 18 casos de jóvenes desaparecidos en Soacha (Cundinamarca) y luego asesinados en Ocaña, Norte de Santander, como miembros de grupos al margen de la ley.

Ola de ejecuciones que se inició a las 11 de la noche del 20 de noviembre de 2005 en el estadero Los Paragüitas del municipio de Soledad, área metropolitana de Barranquilla, sector similar a Soacha y cercano a Bogotá. Ese día John Jairo Pareja Pérez, Iván de Jesús Sierra, Alfredo Manuel Retamoso y Walberto Cohen, todos residentes del barrio El Porvenir, fueron abordados por un hombre que les ofreció trabajo recogiendo algodón en un municipio del Cesar. Al siguiente día fueron asesinados.


“Ellos aparecieron en un periódico de Valledupar como subversivos de las Farc muertos en un enfrentamiento con el Batallón La Popa, en una parcela de San Diego, cerca de Valledupar”, relató Yadira Pérez, madre de John Jairo, quien denunció que primero los emborracharon y luego se los llevaron.

Una denuncia que también fue ratificada por Elisa de la Hoz, esposa de Iván de Jesús, un vendedor de gallinas de 32 años y padre de tres hijos. “Logramos saber de él porque en sus bolsillos le encontraron un Nuevo Testamento y los teléfonos de la Emisora Madrigal de Soledad, de donde nos llamaron”, relató.

Los otros casos

Estela Roca, madre de Luis Eduardo Carriasco, de 25 años, residente en el barrio La Pradera de Barranquilla, dijo que su hijo salió de la casa en la mañana del 10 de agosto de 2006. Le avisó a su papá Luis Eduardo que iba de viaje. Ese mismo día apareció muerto en combate con el Ejército al lado de Carlos Daniel Angarita y otra persona enterrada como N.N. en el cementerio de Villa Nueva, La Guajira.

Ese mismo año, Martha Elena Díaz Ospina, también vio cómo su hijo Douglas Alberto Tabera Díaz, de 27 años, salió el 28 de marzo de 2006 del barrio Chiquinquirá, tras una oferta de trabajo y apareció como guerrillero muerto en combate el 2 de abril de ese mismo año en Guamachal, una vereda de San Juan del Cesar. Al lado de Douglas apareció Danis Díaz y dos indigentes más que fueron sepultados en el mismo cementerio.

“Yo no he podido reclamar el cadáver de mi hijo porque hay un enredo en las actas y en las bóvedas”, denuncia la señora Díaz.

Rosina de Vergara, abuela de Juan Diego Vergara, de 22 años, también le dijo a El Espectador que su nieto fue sonsacado del barrio Montes de Barranquilla, a las 4:00 p.m. del 14 de febrero de 2007. “Le ofrecieron $800.000 mensuales trabajando como escolta de un ganadero. Un día después apareció muerto en combate en Sahagún (Córdoba). Estaba al lado de Juan Carlos Maestre, de 19 años, de quien se dijo era integrante de las Farc.

Aún así, la muerte también puede hacer milagros. Hoy un pequeño grupo de mujeres que se hace llamar “Unidas por el Dolor”, comenzó a exigir justicia en Barranquilla. Martha Elena las lidera y junto con otras diez mujeres recorren la Primera División del Ejército, la Policía, la Defensoría del Pueblo y la Fiscalía pidiendo castigo para los asesinos.

Este esfuerzo grande que están haciendo viudas, madres y hermanas está creciendo. Otras nueve familias del bario Montes, cuyos hijos aparecieron muertos en Sucre y cuatro de Ciudad Modesto, que también perdieron a sus hijos en Montería el año pasado, comenzaron a comunicarse para unirse en una sola causa.

Pero este es sólo el principio del destape de una verdad en la Costa Atlántica. Aún falta ver otras realidades en Sahagún (Córdoba), donde hay otros 25 casos y en zona rural de Sincelejo, con 15. Serían 40 víctimas más que tiñeron de sangre La Arenosa.

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