26 Apr 2019 - 5:11 p. m.

Así es la ciudad que reúne todos los vicios

En los confines orientales de Birmania, en Mongla, una ciudad cerca de la frontera con China, la prostitución, las drogas y el juego son moneda corriente.

Agencia Afp

Cae la noche, y los Bentleys y los BMW descapotables aparcan ante el casino Venetian, en las inmediaciones de la ciudad, donde unos porteros imponentes, vestidos de negro, impiden a los indeseables entrar en las zonas VIP. 

Los signos de desarrollo económico y turístico son visibles por todas partes, aunque sea sólo por el ritmo de construcción. Las grúas cubren el horizonte de una ciudad que no da abasto para responder a las necesidades de vivienda. 

La prostitución, las drogas y el juego, prohibidos en China, hacen que Mongla duerma de día y se despierte de noche. A sus habitantes les atrae el dinero de la vecina china: un tercio de la población birmana vive bajo el umbral de la pobreza.

Aquí, una prostituta sin licencia puede ofrecer sus servicios por menos de 7 euros, y la que obtuvo una puede solicitar el doble. Las habitaciones en los hoteles más caros pueden superar los 500 euros por noche.

Algunos birmanos vienen a divertirse. "Los hoteles ofrecen droga, mujeres sexys y todo el resto", explicó Ah Yan, de 24 años, llegado de una ciudad vecina.

Ah Maung, de 22 años, vino a Mongla para encontrar trabajo como albañil y enviar dinero a sus padres. Dos años después, no ha ahorrado nada: la atracción por los casinos y los burdeles es demasiado fuerte. "Hay mucha diversión aquí", confió.

Pero la mayoría de la clientela sigue siendo china, el yuan es la moneda de cambio, la mayoría de las personas hablan mandarín y los teléfonos se conectan a las redes del poderoso vecino y no a las de Birmania, que son menos efectivas. 

La insaciable demanda de productos derivados de especies protegidas y en peligro de extinción por China está también alimentando un tráfico ilegal de animales muy importante en la región, que se ha convertido en un "supermercado de fauna salvaje", según Nick Cox, director de Conservación del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). 

Al norte de Mongla, en Panghsang, la capital de una zona totalmente autónoma controlada desde hace 30 años por la facción rebelde más poderosa de Birmania -el Ejército Unido del Estado Wa (UWSA)-, pieles de tigre y leopardo se amontonan en puestos junto a piezas de marfil y jaulas llenas de aves raras. 

Los productos derivados de pangolines o de cuernos de elefante y rinoceronte, se utilizan en la medicina tradicional china por sus virtudes, muy discutidas, contra el cáncer o la impotencia sexual, en particular.

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