14 Jan 2009 - 11:00 p. m.

Astronomía ayer, hoy y mañana

Los orígenes de la astronomía se pierden en la noche de los tiempos. Es posible que junto con sus primeras herramientas el primitivo ser humano se ingeniara nombres para el Sol, la Luna, las más brillantes estrellas e imaginara las primeras constelaciones.

Germán Puerta*

Como todas las ciencias, la astronomía ha nacido seguramente de las necesidades de la vida cotidiana y también de los temores frente a los fenómenos naturales. Cada cultura tiene su historia arraigada en las más antiguas tradiciones de cómo se formaron la Tierra, el cielo y la humanidad, dando forma a leyendas y mitologías celestes de gran belleza.

La más práctica aplicación derivada de la observación del cielo es, además, una de las más antiguas, pues desde remotas épocas se hizo evidente que el día, la noche y las estaciones son pasajes de tiempo que se repiten con asombrosa regularidad y precisión. En casi todas las culturas el ciclo anual del Sol y las fases de la Luna han sido la base del registro del tiempo, aun hasta nuestros días, mediante uno de los inventos más antiguos de la humanidad: la confección de relojes y calendarios en una gran variedad de formas y sistemas. Ninguna civilización podía progresar sin un calendario. Y además, la orientación, los viajes y la navegación exigían un conocimiento de los movimientos del Sol, y de la posición de las estrellas, especialmente de la Estrella Polar.

Sin embargo, los más dramáticos cambios en nuestra forma de entender el universo son mas bien recientes. Primero, cuando los grandes renacentistas como Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Johannes Kepler e Isaac Newton demolieron el mundo antiguo acabando con la divinidad de la bóveda celeste. Y ahora, más bien desde hace unos cuantos años, por el desarrollo de los nuevos telescopios portátiles para los aficionados, y la aparición de la Internet que ha colocado el cielo al alcance de todos.


Además, estamos en el siglo XXI, la centuria de la exploración del espacio. Los primeros seres humanos que viajarán al planeta Marte, ya nacieron. Pero antes tendremos turistas en la Estación Espacial, hoteles en órbita, nuevos viajes tripulados a la Luna con naves de Estados Unidos, Europa, Rusia, China y Japón. Ahora sí el conocimiento científico es una primera necesidad especialmente en temas de astronomía, astronáutica, ciencias del espacio y ciencias de la Tierra. Cuánto sepan los habitantes de una nación sobre el mundo que nos rodea y cómo los Estados promuevan las ciencias del espacio y su infraestructura, determinarán sin duda el papel de las naciones en este nuevo mundo que se aproxima.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado nada desde los más remotos tiempos: el éxtasis que representa la observación a simple vista del cielo estrellado en una noche perfecta, en un sitio ideal. Una carta celeste y unos sencillos binoculares multiplican el placer de la observación. Y si se cuenta con un telescopio de buena calidad óptica, y se sabe manejarlo, tenemos a nuestro alcance más universo del que podremos observar en toda nuestra vida, incluyendo cometas, asteroides y estrellas novas que esperan avistarse primero por astrónomos aficionados que escudriñaban el cielo en el momento adecuado.

Así, puede concluirse que la astronomía nos abre la mente a los grandes enigmas del universo. Iniciarse en ella es muy sencillo, observar el cielo nos puede cambiar la vida, y además es divertida, muy divertida.

 * Astrónomo experto  y miembro de la Asociación de Astrónomos Autodidactas de Colombia

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