23 Mar 2011 - 11:38 a. m.

Aviones sin piloto

La Embajada de Estados Unidos resaltó el apoyo de vehículos aéreos no tripulados en las acciones contra el terrorismo y el narcotráfico.

El Espectador

En diciembre de 2006, en un cable diplomático enviado a Washington quedó en evidencia un aspecto que hoy resulta inédito en la historia reciente de la lucha antidrogas y antiterrorista: la utilización de los UAV (Vehículos Aéreos no Tripulados) que con gran impacto estaban dando magníficos resultados. El “águila escáner” fue definido como una aeronave de cuatro pies de largo y diez entre las alas, tan pequeño que ni se ve ni se oye a más de 3.000 pies de altura, pero con comprobada eficacia.


El vehículo aéreo transmite imágenes de video en tiempo real mientras sobrevuela su objetivo y puede hacer zoom sobre estructuras en tierra. Con un costo bajo de operación, cada avión puede volar alrededor de 15 horas con apenas 5,5 litros de gasolina, capacidad de acción en climas pesados y rango de transmisión hasta de 70 millas. El cable destacó que la prioridad del UAV era, además de la lucha antinarcóticos, apoyar el rescate de los secuestrados y asistir al Ejército en busca de los líderes de las Farc.


El cable añadió que los aparatos ya habían demostrado su efectividad en operaciones contra las Farc. Los aviones permitieron la vista actualizada por varios objetivos identificados por inteligencia, con la posibilidad de medir las condiciones climáticas en el lugar. Cuentan con cámaras que permanecen enfocadas en los objetivos hasta que llegan los aviones y, además, cuando la tropa ha estado en terreno enemigo han servido para observar casos de amenaza antiaérea para los helicópteros. Tras los ataques pueden continuar la vigilancia y advertir rutas de escape.



Por ejemplo, en una oportunidad, uno de los UAV pasó sobre un camión que estaba desembarcando guerrilleros y, como había un bombardero de la Fuerza Aérea cerca del lugar, se montó un operativo de asalto en 30 minutos. En otro caso, uno de los UAV detectó dos vehículos que estaban siendo cargados con coca, con lo cual, de inmediato fue enviado un helicóptero que destruyó el objetivo. Evidencias que prueban su utilidad en operaciones a campo abierto.


Asimismo, el cable refirió que los UAV son ideales para la vigilancia e interdicción de rutas de tráfico fluviales, especialmente en las fronteras del este y el sur de Colombia. Entre los beneficios para el Ejército colombiano fueron destacados la reducción en el riesgo para el personal, la expansión en las actividades de inteligencia, el bajo costo en las misiones militares y la optimización de los activos en las distintas tareas de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.


El cable concluyó reconociendo que el Ejército colombiano estaba en proceso de desarrollar una doctrina conjunta para el uso de los UAV, pero que en ese momento el entrenamiento no estaba concluido. Por el contrario, el reporte de la Embajada dejó claro que todavía se dependía de los entrenadores norteamericanos y que esta instrucción sería extendida hasta que los colombianos fueran capaces de utilizar los aparatos por sí mismos.



En ese momento los UAV, o “águila escáner”, fueron definidos como ideales para asuntos de inteligencia en aquellos lugares donde resultara necesaria mayor agresividad en las acciones de las Fuerzas Militares. Obviamente, se admitió que estos equipos debían ser utilizados como suplemento y no como sustitutos de la inteligencia humana o de la interceptación de las señales de los terroristas o narcotraficantes.

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