25 Aug 2008 - 9:24 p. m.

Canciller del medio ambiente

Cristian Samper es el primer colombiano en formar parte de la junta directiva de The Nature Conservancy.

Diego Alejandro Alarcón

Cuando Steve McCormick fue a finales del año pasado a la oficina de dirección del Museo Nacional de Historia Natural de Washington, llevaba un ofrecimiento entre manos. Quería visitar al colombiano Cristian Samper para tener una conversación entre directores: Samper, director del Museo, y él (McCormick), en ese entonces cabeza de The Nature Conservancy, la ONG ambiental más grande y prestigiosa del planeta.

La propuesta fue concreta y sorprendió a Samper. McCormick lo estaba invitando a formar parte de la junta directiva de la organización, un ofrecimiento que de inmediato aceptó con agrado. En gran medida era el reconocimiento a una labor que había iniciado desde su juventud  y que lo había paseado por los campos de la ciencia, los animales, las plantas y el medio ambiente.

Samper debutó en la junta hace cerca de un mes, en una de las cuatro reuniones que Nature Conservancy pacta anualmente. Al lado de 21 miembros más, entre quienes se mezclan grandes empresarios, científicos y ambientalistas, participó en el debate sobre un proyecto de conservación natural con terrenos en Estados Unidos, un modelo que la organización pretende aplicar en varias zonas del mundo.

En un fugaz paso por Colombia, en el que dictó una conferencia sobre la biodiversidad natural del país en el marco de Expo-Gestión, El Espectador habló con él a cerca de su trayectoria antes de que retornara a tierras estadounidenses a continuar al frente del Museo Nacional de Historia Natural.

Recorrido por la ciencia

“Si uno crece en Colombia es muy difícil no dejarse maravillar por su naturaleza”, dice Samper. Aunque no recuerda con exactitud cuándo fue que las ciencias naturales se convirtieron en su pasión, sí sabe que su viaje adolecente a las selvas chocoanas le dio el impulso definitivo para decidirse por la biología en vez de la medicina veterinaria.

Pasó un mes respirando el aroma de la manigua del Pacífico, identificando plantas y aves al lado de Jorge Enrique Orejuela, el hoy director del Jardín Botánico de Cali, y sus recorridos ecológicos fueron preámbulo de su entrada a la Facultad de Biología de la Universidad de los Andes, en una decisión que no duda en decir que fue acertada.

Con apenas 19 años, tuvo la fortuna de aplicar exitosamente a una propuesta de intercambio estudiantil con Harvard. Fue un período corto pero sustancioso, dice. Allí, sentado en un pupitre de clases, pudo ver a los ojos a aquellos profesores que en Bogotá eran nombrados casi a diario en los pasillos y en las aulas como la élite de la investigación en ciencias naturales. Samper se enamoró de Harvard y pocos años después, en 1987, convertido en un biólogo curtido, regresaría a sus instalaciones para iniciar un doctorado en ecología vegetal.

Su tesis doctoral lo trajo de vuelta al país, y eligió la reserva natural de La Planada, ubicada en las vecindades de Chucunés, una pequeña población del departamento de Nariño, para investigar lo que él llamó las “Dinámicas de los bosques andinos”. Según cuenta, fue así como pudo conocer la Colombia rural a fondo, compartiendo con los nativos sus costumbres y estudiando el ecosistema de lo que describe como “una de las zonas de mayor riqueza ambiental que existen en el mundo”.


Después de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, organizada por las Naciones Unidas en 1992, los representantes de los gobiernos asistentes fueron testigos de la primera gran convención que comenzaba a preocuparse por la salud ecológica del planeta. El tema ambiental se valorizó notablemente y, en el caso colombiano, se iniciaron gestiones para fundar lo que se llamaría el Ministerio del Medio Ambiente. Ahí estuvo Cristian Samper aportando su cuota. Participó en el establecimiento de la nueva cartera y fue el escogido para liderar la creación del Instituto Alexander Von Humboldt para la Investigación de Recursos Biológicos.

Sentado en un escritorio del piso 31 del edificio Avianca, la primera oficina que tuvo el Instituto Humboldt, pasó horas pensando en proyectos científicos que resultaran fructíferos para la ecología nacional. Incluso llegó a participar en la mesa de negociación de paz con la guerrilla de las Farc, desempeñando el papel de abanderado del medio ambiente.

Por su apellido, Samper habría   llegado  a la política casi  por inercia. Hijo  de Armando Samper Gneco, quien fuera ministro de Agricultura del gobierno de Carlos Lleras Restrepo, y primo del Expresidente de la República Ernesto Samper, tenía las puertas abiertas para incursionar en los  cargos   dirigentes del país. Sin embargo, siempre tuvo su vocación clara: “No soy político, soy científico”.

Por esa razón, cuando en 2001 recibió una propuesta para formar parte del Instituto Smithsonian de Estados Unidos, no tuvo que pensarlo demasiado. Le fue asignado el puesto de jefe de investigaciones del centro tropical en Panamá.

Tuvieron que pasar dos años antes de que Samper diera el salto más importante de su historial científico. Con apenas 37 años y tras una destacada labor en territorio panameño, recayó en él la responsabilidad de ser el director del Museo de Historia Natural de Washington, el ícono más representativo del Instituto Smithsonian.

Ahora, a sus 42 años, al tiempo que ocupa su cargo en Washington tiene el privilegio de ser el primer colombiano en la junta directiva de The Nature Conservancy. Samper lo toma con responsabilidad, “es una bonita oportunidad para apoyar el trabajo ambiental”, asegura. Actualmente, dice estar de acuerdo con la política del Ministerio del Medio Ambiente al refozar el apoyo al sistema de Parques Naturales Nacionales, pero también incita a una reflexión ecológica: “Los colombianos deben darse cuenta que tienen la riqueza del futuro”.

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