26 Oct 2017 - 11:44 p. m.

Centro Democrático: de “democrático” solo el nombre

La representante Margarita Robledo es hoy centro de una polémica por cuenta de una campaña que muchos han tildado de agresiva y amenazante.

Tania Tapia Jáuregui - VICE

** El Espectador publica esta columna de opinión de ¡PACIFISTA! en el marco de la alianza de medios con VICE. 

 

Desde el viernes han venido circulando varias imágenes por Twitter en la que aparecen Claudia López, Sergio Fajardo, Humberto de la Calle, Jorge Enrique Robledo, Roy Barreras, Armando Benedetti e Iván Cepeda, todos ellos, amordazados: cada uno con una cinta negra sobre la boca en forma de equis. Arriba y abajo del fotomontaje, dos frases: "BRAVUCONES INCONSISTENTES", "Los callaremos en las urnas".

Tres días antes de que las imágenes inundaran nuestras redes, había tenido lugar en el Senado de la República el debate sobre corrupción, impulsado por López y Robledo, en el que los dos senadores acusaron al fiscal Néstor Humberto Martínez y a Germán Vargas Lleras de corrupción y de haber, premeditadamente, entorpecido la justicia. También se refirieron a la supuesta financiación que Odebrecht había destinado a la campaña de 2014 de Santos, pero también a la de Óscar Iván Zuluaga: un golpe al partido del expresidente Álvaro Uribe.

No mucho después le llovieron las críticas. Senadores, periodistas, académicos y los mismos políticos protagonistas de sus imágenes rechazaron la campaña de la representante señalándola de violenta y amenazante. Varios incluso vieron en la iniciativa una muestra de la que creen es una actitud general del Centro Democrático: un discurso caracterizado por el odio y la falta de diálogo.

La campaña además es paradójica y poco reflexiva si se tiene en cuenta que, en reiteradas ocasiones, han sido los mismos integrantes del Centro Democrático quienes se han quejado de sentirse silenciados, poco escuchados y hasta perseguidos por parte del Gobierno. Ese ha sido, hasta hoy, su más grande argumento para oponerse a, por ejemplo, la implementación de los Acuerdos de Paz —aunque sí los hayan escuchado—.

¿No se daría cuenta la representante del Centro Democrático, o su equipo, de que ponerle cintas negras en la boca a sus opositores le desbarata el discurso? ¿O será que el convencimiento es tal que da para pensar, a lo Uribe, que "cuando yo lo hago está bien"?

Y sí, es solo una imagen. Y nadie amordazó a nadie físicamente. Pero no importa qué tanto uno pronuncie o adorne discursos, partidos políticos, carteles o campañas con la palabra "democracia", o cualquiera de sus derivados, cuando en los gestos más mínimos se acude a estrategias de violencia, negación e invisibilización.

Si esto ocurre cuando apenas está empezando la carrera electoral, solo queda imaginar de cuántas maneras los senadores, representantes y las campañas políticas podrán pelar en los meses que quedan por delante. Alístense.

Comparte: