25 Nov 2009 - 8:12 p. m.

Corazón alicorado

El famoso cardiólogo Arthur Klatsky visitó el país para hablar sobre las bondades del alcohol.

Valeria Gómez Rodríguez

La mayoría de personas que ingieren bebidas alcohólicas no lo hacen precisamente por sus bondades medicinales. El embriagante elixir ha sido un placer compartido desde los tiempos de Baco, dios del vino en Grecia, hasta nuestros días, sin olvidar al patriarca Noé, quien se embriagó luego del diluvio universal.

Para Arthur L. Klatsky, cardiólogo e investigador del Kaiser Permanente Center de California, EE.UU., el abuso de las bebidas alcohólicas no ha permitido valorar del todo sus beneficios. Durante casi 40 años, este médico norteamericano, quien visitó el país por estos días, se ha dedicado a investigar las propiedades medicinales del alcohol.

Su principal tesis sustenta que quienes toman con mesura aumentan el nivel de colesterol bueno (HDL) muy por encima de los abstemios o bebedores en exceso. El HDL actúa como diluyente, limpia los vasos sanguíneos previniendo enfermedades cardiovasculares.

Para quienes no beben, esta afirmación no formaliza una invitación para empezar a hacerlo, y para quienes sí lo hacen, tampoco se trata de una justificación para seguir bebiendo en exceso.

Klatsky sostiene que “los beneficios del consumo moderado de alcohol se dan principalmente en mujeres mayores de 50 años y en hombres mayores de 40”. Por esto, recomendó a las mujeres menores de 50 años no ingerir bebidas alcohólicas debido a que son más propensas a desarrollar cáncer de seno que enfermedades cardiovasculares.

Un trago diario de vino, cerveza o cualquier licor fuerte para las mujeres y dos tragos para los hombres ayudan a prevenir enfermedades del corazón, como infartos, y derrames cerebrales. Las cantidades no son una cuestión de género: se debe a que la fisiología de las mujeres absorbe más rápidamente el alcohol.

Según Klatsky, aprender a tomar no crea adicción, pero ingerir más de tres tragos al día se considera un consumo elevado y es peligroso, aumenta el riesgo de cánceres, cirrosis, desordenes degenerativos del sistema central nervioso y daños irreversibles en el corazón.

Por esto es fundamental ingerir bebidas alcohólicas moderadamente. Se entiende que la bebida estándar es cinco onzas de vino, 12 de cerveza y 1,5 onzas de licores destilados. Klatsky aconseja que los tragos diarios no ingeridos no se pueden acumular para ser consumidos durante el fin de semana: el don medicinal del alcohol no tendría éxito y sería excesivo.

El abuso de alcohol incrementa la accidentalidad, la violencia y el crimen. La proporcionalidad entre el riesgo y el beneficio de ingerir grandes cantidades de alcohol es desigual, tiene muchos riesgos y ningún beneficio. Para esto, Klatsky sugiere transformar las adicciones en buenos hábitos que fomenten un estilo de vida más saludable en el que el alcohol podría ayudar a prevenir enfermedades del corazón.

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