14 Apr 2012 - 11:00 p. m.

Cuba, presente

Aunque el gobierno castrista no fue invitado, Cuba se convirtió en un tema clave de la VI Cumbre de las Américas.

Daniel Salgar Antolínez

Lo dijo el presidente de Bolivia, Evo Morales, minutos después de descender del avión que lo llevó hasta Cartagena: este debe ser el último encuentro continental sin Cuba. La gran mayoría de asistentes a la Cumbre de las Américas opinan lo mismo. Sólo el gobierno de Estados Unidos, con Canadá en su sombra, se niega y no está dispuesto a cambiar su posición, menos en un año electoral en el que el voto de los exiliados cubanos en Norteamérica es demasiado importante. Barack Obama ha manifestado que, por no cumplir con los estándares fijados en 2001 en materia de democracia y derechos humanos, la isla comunista no debe ser invitada. Pero, aún sin invitación, Cuba es protagonista en la cita hemisférica que hoy llega a su final.

Los ministros de Relaciones Exteriores de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Argentina, Héctor Timmerman, entre otros, pusieron sobre la mesa del encuentro de cancilleres la invitación de Cuba a la próxima cumbre, que se desarrollará en Panamá dentro de tres años. Sin embargo, dado que Estados Unidos y Canadá vetaron los dos artículos sobre esta iniciativa, no se logró un consenso al respecto, por lo que tampoco hubo declaración final y Maduro anunció que Venezuela no irá a las próximas cumbres si no está Cuba.

El presidente del país bolivariano, Hugo Chávez, fue más lejos en su retórica y afirmó que la Cumbre de las Américas debe desaparecer si los norteamericanos y Canadá siguen negándose a discutir los temas gruesos de Latinoamérica, que según él son la adhesión del gobierno castrista al foro continental y la disputa entre el Reino Unido y Argentina por la soberanía de las islas Malvinas.

Pero Cuba sí tuvo su representación, aunque no oficial, en la cumbre. Once exiliadas volaron a La Heroica, no para pedir la adhesión de la isla, sino para pedir que, mientras no se solucione la vulneración a los derechos humanos de los disidentes y las medidas que impiden a los cubanos salir de su país, Cuba no sea invitada a ningún encuentro de naciones democráticas.

Las mujeres venían lideradas por la disidente cubana Silvia Iriondo, presidenta de la organización Madres y Mujeres Antirrepresión (MAR por Cuba), con sede en Miami, quien afirmó que “estamos aquí porque los gobiernos electos de América Latina quieren incluir a Cuba, la dictadura, en la Cumbre de las Américas… Incluir al régimen de La Habana sería excluir los derechos fundamentales de los cubanos”. Así, sembró una inquietud que, aunque hayan pasado por alto muchos mandatarios y cancilleres, tuvo eco en los eventos sociales de la cita hemisférica.

Las Damas de Blanco, otro grupo de exiliadas que luchan por la liberación de sus familiares encarcelados en la isla por ser disidentes del régimen, también aparecieron en Cartagena para pedir que los gobiernos amigos de Raúl Castro no insistan en invitar a Cuba si prevalece el “régimen totalitario y represivo”. “Al tiempo que crece la campaña encabezada por los países miembros de la Alba para que Cuba sea incluida en las cumbres, se recrudece a lo largo de toda la isla la represión contra los opositores”, denunciaron.

Antes de que se encendiera el debate sobre la invitación a Cuba, Amnistía Internacional (AI) emitía un informe sobre el aumento de la represión y las detenciones arbitrarias a disidentes cubanos durante los últimos 24 meses. Según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, entre enero y septiembre de 2011 hubo 2.784 abusos contra los derechos humanos, la mayoría detenciones breves de disidentes. Desde marzo de 2011, más de 65 periodistas independientes han sido detenidos.

AI denunció que los activistas de derechos humanos o los periodistas independientes que son arrestados suelen permanecer en centros de detención durante unas horas o varios días y son sometidos frecuentemente a interrogatorios, intimidaciones, amenazas y, ocasionalmente, palizas.

Estos hechos, según dieron a entender las manifestantes, quedaron relegados a un segundo plano detrás del alboroto sobre la presencia de Cuba en Cartagena, que surgió por boca de Rafael Correa, el presidente de Ecuador. Correa intentó condicionar la asistencia de los países de la Alba a la cumbre, a la invitación de la isla al mismo evento, pero no lo logró y terminó siendo el único mandatario que se marginó de asistir por esa causa.

Cuba, por su parte, no ha participado en las cinco cumbres de las Américas anteriores y, por voluntad propia, no ha ingresado a la Organización de Estados Americanos (OEA), que en 2009 levantó la resolución de exclusión del país comunista. Tampoco ha mostrado interés alguno en mejorar su relación con Estados Unidos.

Lo irónico es que, además, el gobierno castrista nunca ha manifestado oficialmente su intención de asistir a este ni a cualquier otro encuentro continental donde esté Estados Unidos. Sólo a través de la canciller de Colombia, María Ángela Holguín, evidenciaron cierto interés en ir a Cartagena. Interés que pronto se desvaneció cuando el presidente Santos convenció a Raúl Castro de que no viniera para evitar que la cumbre, programada para lograr metas concretas, se convirtiera en un escenario de confrontación entre Castro y Obama.

No obstante, Fidel Castro, el padre del comunismo cubano retirado del poder desde 2006, en las Reflexiones que escribe para los medios estatales de la isla, ironizó sobre la guayabera —camisa caribeña de origen cubano— que el colombiano Édgar Gómez diseñó para que Obama luciera durante el cónclave. “Lo curioso, amables lectores, es que Cuba está prohibida en esa reunión; pero las guayaberas, no. ¿Quién puede aguantar la risa?”, afirmó.

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