23 Jan 2010 - 3:58 a. m.

Daniel Álvarez es el director del documental sobre Fanny Mikey

Este proyecto audiovisual muestra la vida de Fanny, sus viajes, sus montajes y su despedida el 16 de agosto de 2008.

Sara Araújo Castro

“El principio es muy emotivo; pero es que cualquier cosa con ella es emotiva”. Aclara Daniel Álvarez antes de que empiece la película sobre Fanny Mikey. Un documental que comenzó a rodar sin tener muy claro para dónde iba en el año 1995 y que sólo hasta después de su muerte se editó.

No haría falta que un director de cine justifique la emotividad de su trabajo, sólo que aquí la relación no es de director-personaje solamente. El director, Daniel, es el hijo del personaje, Fanny, y de qué personaje. Así que este trabajo, que se realizó con Señal Colombia y será proyectado como antesala del próximo Festival Iberoamericano de Teatro, va mucho más allá de la historia de una mujer que dedicó su vida a hacer grande y masivo el teatro.

Lo emocionante y único de esta historia, además de la natural emotividad de Fanny, es descubrir los secretos con los que Daniel convivió desde niño y revelarlos a través del seguimiento que hizo de ella por años a través  de sus testimonios, de sus historias de infancia, de esos momentos en los que ella se acostumbró a la cámara como una extensión de su propio hijo y se le reveló tal como era.

Que Fanny era una mujer inagotable en su deseo fue algo que compartió con la humanidad, pero descubrir cómo hasta el final luchó contra el cansancio de su cuerpo, pues su cabeza estuvo siempre lúcida, arraigada a aquel momento de plenitud cuando decidió hacer algo grande y nació el Festival Iberoamericano, explica mucho de lo que ella era; al igual que su devoción infinita por el ejercicio teatral que hacía que se relacionara con el mundo como un director con su grupo.

“Recogiendo las cosas de Fanny encontré una carta en papel rosado de 1986, la escribió en Venecia, tenía 56 años y decía que se sentía plena, y por fin, realizada y que quería hacer algo por los demás, algo grande”, cuenta Daniel, sorprendido de ver cómo su madre encontró el equilibrio muchos años después de haber salido de casa, de haber hecho tres teatros y una infinidad de cosas: “Algunas las hizo muy temprano, salió de su casa a los 16, y otras no tanto, su gran sueño lo realizó casi a los 60”, afirma.

Este sí es un documental de Fanny Mikey, pero no sólo eso. Es la historia de ella y de su hijo. De cómo él la vio, la descubrió a través de la cámara y de otros, de cómo él fue siempre su polo opuesto y por ende su polo a tierra. Y de cómo él percibe el verdadero orden de su vida, no ese cronológico del nacimiento a la muerte, sino el orden en el que uno quiere ser recordado. Por esto desde el principio la historia está llena de emociones y de genio.

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