15 Jul 2014 - 5:09 a. m.

'Dejemos en paz a las mujeres con bajo riesgo de cáncer de mama'

La científica de la U. de Duke cree que es necesario diferenciar los riesgos individuales de tener cáncer de mama para no aplicar el mismo enfoque médico a enfermedades que son diferentes.

Daniel Mediavilla / Esmateria.com

El cáncer no es una sola enfermedad. La afirmación es casi un mantra entre los expertos, pero en ocasiones parece que la idea no cala, ni entre los pacientes ni entre los responsables del sistema sanitario. Este es uno de los mensajes de Victoria Seewaldt, investigadora de la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke (EE.UU.) y especialista en el tratamiento de cáncer de mama.

Las mamografías, explica, son eficaces para detectar algunos tipos de cáncer, pero inútiles para atajar a tiempo los más agresivos. “Tenemos que acabar con la idea de que un sistema de prevención puede servir para todos los tipos de cáncer de mama”, afirma.

Dice usted que es posible que el riesgo de cáncer de mama pueda estar influido por lo que comieron nuestras madres. ¿Qué quiere decir?

Se ha descubierto que en el momento de la implantación del bebé, por un proceso que se llama impronta genética y que está afectado por la nutrición de la mujer, hay un número de genes que se fijan. Estos son unos genes que están implicados en el desarrollo normal de los órganos y cuando esos genes se desregulan se han observado casos de autismo, esquizofrenia, cáncer, enfermedades cardiovasculares y obesidad. Por eso, si una madre toma muchas calorías, esto afecta la programación de algunos de estos genes en el momento en que se fija la impronta.

¿Cómo puede la dieta provocar ese efecto?

Una de las cosas que hacemos es observar cómo algunos de estos genes están relacionados con el desarrollo de cáncer a lo largo de la vida. En particular estamos mirando un gen, el KCNK9, que cuando está expresado a altos niveles está involucrado en la función de las mitocondrias y en cómo reaccionan frente a estímulos dañinos. Si una célula está dañada, la mitocondria está involucrada en la decisión de si la célula muere o no. Si tu impronta no es normal y tienes altos niveles del gen, es más probable que se propagaran células anormales.

¿Esa impronta es una condena?

Puede dañar, pero también se puede arreglar después con buena nutrición para el bebé y durante el desarrollo posterior. En principio se creía que las marcas de impronta se fijaban y nunca se podían cambiar, pero hay nuevas pruebas de que parte de las marcas pueden ser maleables. Tenemos, por ejemplo, la oportunidad de dar agentes preventivos a mujeres que tienen una pérdida de impronta. Se sabe que el extracto de pimienta de Sichuan puede alterar el potencial mitocondrial de membrana (relacionado con la capacidad de las mitocondrias para eliminar o no células dañadas que después pueden provocar cáncer). Otra posibilidad es la metamorfina, un fármaco para la diabetes que puede ser una oportunidad para que gente con un alto potencial mitocondrial de membrana lo reduzca con un fármaco de bajo coste.

¿Estos tratamientos serían puntuales o para toda la vida?

No lo sabemos, pero se podrían aplicar en momentos puntuales. Se ha visto, por ejemplo, que cuando una mujer entra en involución, después del parto, es más vulnerable; el tratamiento se podría aplicar en ese período como prevención. No soy una gran fan de dar un tratamiento a una persona para toda la vida, prefiero el ejercicio y la vida saludable.

Se sabe que la dieta influye en las posibilidades que tenemos de desarrollar un cáncer, pero, una vez tenemos la enfermedad, ¿se puede curar a través de la alimentación?

Es muy improbable que la dieta o los suplementos alimenticios puedan curar el cáncer. Sabemos que la glucosa y la insulina estimulan la AKT, un factor negativo en muchos tipos de cáncer, y si reduces el estímulo de insulina reduciendo tu ingesta de glucosa, puedes esperar una mejora en la supervivencia, pero eso no es una cura. Me gustaría que fuese así, pero no creo que la comida pueda curar el cáncer.

La detección precoz ha mejorado la supervivencia de cáncer de mama, pero aún es difícil detectar muchos.

Sabemos que el cáncer de mama son muchas enfermedades diferentes. El problema con la mamografía es que es un sistema igual para todos. Se monitoriza igual el cáncer que se desarrolla en una persona de 18 años que en alguien de 40. El problema es que la mamografía detecta principalmente calcificaciones, porque algunos tipos de cáncer de mama están asociados con frecuencia con calcificaciones. Pero cánceres como los triple negativo, que son los más agresivos, típicamente no tienen calcificaciones asociadas. Hacer una mamografía para encontrar un cáncer de mama triple negativo es utilizar la herramienta equivocada. Para mejorar esto tenemos que dejar de pensar en un sistema que valga para todo, tenemos que pensar en los riesgos que tiene cada mujer en cada parte de su vida y ajustar el sistema de vigilancia a esos factores.

¿Qué se debería hacer para mejorar la detección precoz y que el sistema siga siendo sostenible?

Tenemos que encontrar las vías de señalización biológicas que puedan identificar a versiones más agresivas de la enfermedad y desarrollar biomarcadores. También hay sistemas simples. En la consulta preguntamos: ¿tu madre o tu hermana o el padre de tu hermana tuvo cáncer antes de los 50 y fue un cáncer de mama triple negativo? Con las mujeres que responden positivamente, podemos plantearnos dedicar recursos de imágenes diagnósticas. Necesitamos desarrollar modelos de riesgo simples que pongan esta información a disposición de los médicos. Creo que tenemos que centrar la monitorización en las personas con alto riesgo y dejar en paz a la gente que es de riesgo bajo.

 

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