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Convertirse en científicos, descubrir los misterios del universo, comprender de dónde vienen las estrellas, por qué brilla el Sol y qué es un hoyo negro, son algunos de los deseos e inquietudes que embargan a la mayoría de estudiantes que cursan los grados de primaria y que no superan los diez años. Desafortunadamente, esas ganas de explorar el mundo y de investigar se van aplacando con la edad y al final del bachillerato son muy pocos los que conservan el entusiasmo por los laboratorios de física o los elementos de la tabla periódica.
Freddy Moreno, un ingeniero químico apasionado por las estrellas y comprometido con la enseñanza, creó hace dos años un novedoso proyecto que busca afianzar ese interés de los niños por la ciencia y la astronomía, para que perdure a través del tiempo y los acompañe durante toda la vida.
La iniciativa, que se ha ido perfeccionando con el paso de los meses, consiste en incentivar a los estudiantes de primaria y bachillerato a investigar sobre cuatro temas que Moreno ha identificado como los que más les llaman la atención: la temperatura y la influencia del Sol, la formación de la materia, el calentamiento global y la probabilidad de que un cuerpo espacial impacte la Tierra.
Dos veces por semana Moreno dicta una clase en la que los estudiantes deben desarrollar un trabajo en torno a alguno de estos temas. Para ello tienen que consultar la biblioteca, el laboratorio, algunas páginas de internet que él les recomienda y realizar actividades en el observatorio. En este lugar sus alumnos pueden ver las estrellas y estudiar el universo o aprender a analizar el comportamiento del Sol.
Aunque deben cumplir ciertos logros y desarrollar cuatro competencias específicas para aprobar la materia, los estudiantes han encontrado estos ejercicios de investigación en torno a los fenómenos del universo tan divertidos, que no sólo han obtenido calificaciones altas, sino que cada vez desarrollan más su gusto por la ciencia. Sorprendido por estos resultados, Moreno decidió este año presentar su propuesta al Premio Compartir al Maestro.
Sabía que ser seleccionado entre un grupo de 1.428 docentes de todo el país no iba a ser fácil. Sin embargo, confiaba en la creatividad de su proyecto y en que se tuvieran en cuenta los beneficios que éste les genera a sus alumnos. Hace un par de días recibió la grata noticia de haber quedado entre los 15 finalistas. Desde entonces, sus estudiantes no cesan de sonreír y las clases se han vuelto mucho más productivas, pues los pequeños confían en que su entusiasmo y rendimiento sean tenidos en cuenta por el jurado el próximo 7 de octubre.