10 Jun 2020 - 2:00 p. m.

Docencia, una actividad que reúne lo humano y lo académico

Los títulos académicos nos definen la calidad de los profesores. La práctica académica exige habilidades que van desde la creatividad hasta la empatía.

Cada persona que en algún momento de su vida haya sido estudiante recuerda a uno o más profesores que marcaron su desarrollo académico. Bien sea por su estilo, lenguaje o la emotividad que producían sus intervenciones, siempre van a tener la figura de un maestro que incentivó su interés por una o más materias.

Generalmente, la formación académica de una persona, desde sus estudios primarios hasta los superiores, integran a un diverso número de maestros, sin embargo, no todos son recordados. Algunos, incluso, son olvidados, aunque la cátedra que haya dictado haya sido fundamental para su profesión.

¿Qué es un buen docente?

La función pedagógica exige que quienes ejercen la docencia tengan una noción clara de la naturaleza del aprendizaje y su papel en la práctica social, así lo considera Wílder Escobar, Docente de la Maestría en Docencia de la Educación Superior de la Universidad El Bosque.

“Un buen docente debe contar con competencias y conocimientos pedagógicos, metodológicos e intelectuales, de planeación, creación, búsqueda, comunicación, adaptabilidad, discernimiento, juicio y valoración, y otras competencias sociales y emocionales que le permiten entender a cada uno de sus estudiantes como un ser humano único”, afirma Escobar.

Dos habilidades marcan el camino para ser un buen docente: la comunicación y el interés por el conocimiento. De la primera de ellas, puntualiza Escobar, depende el tipo de interacción, participación y colaboración para generar aprendizaje. La segunda es fundamental, pues un docente también es un estudiante, que debe reflexionar para desarrollar y actualizar sus competencias pedagógicas.

La docencia trasciende los títulos académicos, que, aunque son necesarios, no definen la calidad del educador. La enseñanza es un compuesto que reúne de la formación humana de quien la imparte, así como su habilidad para construir un clima de aprendizaje en el aula.

¿Cómo se forma un buen docente?

No hay que ponerlo en duda, la docencia es una disciplina que requiere profesionalización. Quienes la ejercen deben fomentar su habilidad educativa a través del ya mencionado estudio constante, así como participando en procesos de investigación, que lleven su área del conocimiento a la práctica.

“Es necesario formarse como docente para poder desarrollar competencias pedagógicas que permitan diseñar, implementar y evaluar ambientes de aprendizaje conducentes a un desarrollo integral del estudiante en la disciplina”, cuenta Wílder Escobar.

Por ejemplo, posgrados en docencia, pedagogía, didáctica y otras temáticas afines, generan espacios para el desarrollo de competencias pedagógicas y humanas. Estos estudios fundamentan el ejercicio docente en teorías y modelos que han demostrado buenos resultados.

¿Cómo actúa un buen docente?

En la práctica, es importante mencionar el papel de las instituciones, que cumplen con el papel de formar y transmitir conocimiento a través de estos profesionales, quienes pueden diseñar mecanismos internos (ascensos, evaluaciones estudiantiles, apoyo financiero, etc.) que motiven la formación pedagógica de su cuerpo académico.

“Un buen docente es aquel profesional que, gracias a sus conocimientos disciplinares y pedagógicos, promueve un proceso de aprendizaje encaminado a mejorar las condiciones y calidad de vida de un grupo social. Él dedica sus esfuerzos a conocer sus estudiantes y reconocer sus diferentes estilos de aprendizaje para definir las estrategias de enseñanza que mejor respondan a la necesidad”, dice el docente.

Para finalizar, vale la pena mencionar que, en situaciones como la actual pandemia que afronta gran parte del mundo, la práctica educativa debe incluir un componente socioafectivo. En palabras del académico de la Universidad El Bosque, “son los docentes e instituciones educativas quienes deben procurar ambientes de aprendizaje seguros y sensibles a la realidad que viven sus estudiantes. Esto sólo es posible cuando el docente es empático y procura un clima social amable y de apoyo al estudiante”.

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