1 Oct 2008 - 2:18 a. m.

Dos violentos narcos en la mira

‘El Loco Barrera’ y ‘Cuchillo’, los hombres del poder ilegal en la zona de los Llanos Orientales.

Redacción Judicial

“Y voy a preguntar especialmente a la División del Ejército en Villavicencio si es capaz de capturar a El Loco Barrera o si es que lo está protegiendo”, expresó el presidente Álvaro Uribe desde El Salvador el pasado jueves. Y luego, sumando a este narcotraficante el nombre de Pedro Guerrero Castillo, más conocido como Cuchillo, reiteró su interrogante: “¿Vamos a ser capaces de capturarlos o no?”. Como una orden perentoria, el Primer Mandatario conminó a la Fuerza Pública a capturar a los dos colosos del narcotráfico en el oriente del país.

¿Pero quienes son estos dos peligrosos sujetos que eluden a la justicia y preocupan al Jefe del Estado? No es la primera vez que el presidente Uribe señala a El Loco Barrera. En 2006, en desarrollo de un consejo de seguridad en Villavicencio, el Primer Mandatario expresó que sentía vergüenza de que éste siguiera delinquiendo a sus anchas. Desde entonces, las autoridades han venido configurando un detallado prontuario sobre sus actividades, al punto de que hoy tienen claro que es el hombre fuerte de las drogas.

Nacido en Bogotá en noviembre de 1968, es decir, con apenas 40 años de edad, Daniel Barrera Barrera llegó muy joven al departamento del Guaviare, donde se vinculó al negocio del narcotráfico. Su primer actividad conocida fue el contrabando de químicos para preparar la cocaína y el transporte de estos insumos para las lanchas y aviones del narcotráfico. “Se inició como el cocinero en los laboratorios en las selvas del Guaviare”, precisó un oficial de inteligencia, quien detalló que después de la muerte de su hermano Ómar, se transformó en un sanguinario personaje.

De ahí el apodo con el que se le conoce. Sin mayores escrúpulos, El Loco Barrera se convirtió, a través del negocio de la cocaína, en el punto de contacto entre enemigos irreconciliables. De hecho, empezó a moverse como pez en el agua entre los frentes de las Farc implicados en el narcotráfico a través de los comandantes conocidos como El Negro Acacio y John 40 así como entre jefes paramilitares como Miguel Arroyave, Ramiro Cuco Vanoy o Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario. Negociando coca, fue capaz de unir guerrillas y paramilitares.

Se sabe que en 1990 logró ser detenido y que se fugó de la cárcel de San José del Guaviare, refugiándose en la región de Puerto Gaitán (Meta). En esa zona, sin el acoso de la guerrilla ni de los grupos paramilitares, entró en contacto con otro coloso de la muerte en la región de los LLanos Orientales: Pedro Oliverio Guerrero Castillo, más conocido como Cuchillo. Natural del departamento del Meta, este último personaje comenzó a desarrollar su propia historia, convirtiéndose en el comandante de las autodefensas en el departamento del Guaviare.


De esta manera, mientras El Loco Barrera aumentaba su poder narco, Cuchillo acrecentaba el suyo en el paramilitarismo. Del primero quedó claro que era uno de los personajes con libre acceso a la zona de distensión en El Caguán, y que tenía autorización de las Farc para negociar con El Negro Acacio y John 40, los negocios de cocaína del frente 43. Del segundo, que se convirtió en la retaguardia del bloque Centauros de las autodefensas y puntal de la guerra de los urabeños contra las autodefensas del Casanare, al mando de Martín Llanos.  

Al cobrar forma el proceso de paz entre el Gobierno y las autodefensas, Cuchillo se desmovilizó hasta abril de 2006, no sin antes haber sido protagonista de uno de los hechos de violencia más sonados de este proceso: el asesinato en septiembre de 2004 del máximo jefe del bloque Centauros, Miguel Arroyave. El hecho tuvo lugar en el área rural de Puerto lleras (Meta) y de entrada quedó claro que con su muerte y la desmovilización del otro jefe ‘para’ de la región, Manuel de Jesús Pirabán, alias Jorge Pirata, el nuevo hombre fuerte es Cuchillo.

Por eso, como estaba previsto, Cuchillo abandonó el proceso de paz y retornó a los territorios de sus andanzas, esta vez al frente del autodenominado Ejército Revolucionario Popular Antiterrorista de Colombia (Erpac), con el propósito de rearmar las bandas desmovilizadas del paramilitarismo. Una estrategia de guerra que parte del departamento del Meta y se proyecta hasta los departamentos de Guaviare y Vichada. Sus hombres hoy constituyen el principal desafío de seguridad en la región, incluso para otros desertores del proceso de paz que, desde Antioquia, han querido recobrar poderes.

Y en esos desatinos de la guerra, era lógico que tarde o temprano Cuchillo restableciera contactos con El Loco Barrera y que hoy los dos desde sus posiciones violentas constituyan un desafío del narcotráfico a las autoridades. El Loco Barrera es el gran conector de la guerra, y sus negocios de coca le permiten moverse en la clandestinidad, no sólo entre las bandas del rearme paramilitar o los frentes de las Farc, sino incluso entre algunas unidades de la Fuerza Pública que se hacen las de la vista gorda para no confrontarlos abiertamente.

Sin embargo, para las autoridades de Ejército y Policía es clara la orden presidencial. De hecho, hace apenas unas semanas cayó en Villavicencio uno de los principales hombres del grupo de El Loco Barrera. Los grupos de inteligencia trabajan activamente. Así como la captura de Don Mario es una prioridad en el norte del país, El Loco Barrera lo es en el suroriente. De paso es urgente aprehender también a Cuchillo. Cortar a tiempo estas peligrosas alianzas es evitar que rebrote la violencia en una región que ha pagado un costo demasiado alto por cuenta del narcotráfico.

Alertas de la Defensoría del Pueblo

El Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo ha emitido varios reportes sobre la amenaza que hoy se cierne sobre las comunidades en torno a las actividades ilícitas de Pedro Oliverio Guerrero o ‘Cuchillo’. Se dice que poco a poco ha venido ampliando su influencia en los departamentos del Meta, Guaviare y Vichada, y que hoy controla los corredores de movilidad de la producción de cocaína. Entre sus labores ilícitas se tiene detectado que controla las poblaciones ribereñas de los ríos Meta y Orinoco y que extiende sus tentáculos hasta el municipio de Puerto Carreño. Sus métodos son los mismos de la violencia paramilitar.

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