21 Mar 2020 - 1:29 a. m.

¿El coronavirus será la muerte del individualismo?

Nunca, como hoy, las creencias que afirman que el poder individual es el fundamento del progreso de la humanidad habían demostrado tan claramente su grave error. Hoy, solamente las acciones de cooperación y compasión colectivas podrán dar por terminada la emergencia planetaria. ¡Es nuestra oportunidad de despertar!

El Espectador

Nuestra ilusión es que la vida sea como un sendero donde nuestros recursos internos y externos nos permitan manejar los obstáculos que se nos presenten, una situación en la que nuestros saberes y habilidades estén al límite resulta traumática. Nos obliga a un salto de conciencia.

Hoy la humanidad se encuentra en ese lugar, nuestros modos usuales son insuficientes, estamos en un “punto de no retorno”.

Nunca, como hoy, las creencias que afirman que el poder individual es el fundamento del progreso de la humanidad habían demostrado tan claramente su grave error. Hoy, solamente las acciones de cooperación y compasión colectivas podrán dar por terminada la emergencia planetaria. ¡Es nuestra oportunidad de despertar!

Y es que ya habíamos oído alarmas. Pero no nos bastó ni la contaminación ambiental, ni el daño ecológico al servicio de intereses individuales, ni el abuso sexual perpetrado por individuos ávidos de poder, ni los miles de sufrimientos y ansiedades cotidianas que experimentan los alumnos, los hijos y los empleados sintiendo que su alegría y su destino terminan manipulados por algún maestro, jefe o gobernante que quiere afirmar su “precioso” valor individual sometiendo a otros a su poder.

Hoy la supervivencia del más “poderoso” y la del más humilde está en las “manos de todos”. El planeta es uno y la humanidad es una. Ella es un ser vivo conformado por todos y cada uno de nosotros somos una unidad y a ella estamos conectados, tal como nuestras células al propio cuerpo. Así, todo lo bueno o malo que alguien hace se lo hace a sí mismo y a la humanidad.

Importante, estamos conectados a través de “circuitos” invisibles que funcionan como las redes eléctricas, “circuitos” por los que transita información, es decir, los pensamientos, sentimientos, intenciones y emociones individuales se transportan para formar la mente colectiva.

Y desde allí, a través de la mente individual, interactuando se va creando la realidad. La mente ni es individual ni intracraneal, es colectiva y transpersonal. Hoy, más que nunca, esa mente colectiva, que alimentamos y nos alimenta, debe crear la conciencia de unidad para que la compasión solidaria sea el valor que guíe nuestras acciones.

Imaginemos que, desde el aislamiento forzoso, algunos de los poderosos, expertos en acumular riquezas, entienden que sin expectativa de vida sus riquezas son insignificantes y descubren que su destino esté ligado al de todos.

Y, más aún, entienden que tanto la salud física y emocional como el equilibrio financiero de todos son derechos y no privilegios, entonces aportan recursos significativos para soluciones financieras, de infraestructura, de transporte y científicas para sobrevivir la pandemia.

No cabría duda, ¡estaríamos asistiendo al funeral del individualismo y al nacimiento de una nueva forma de organización social para la humanidad!

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