24 Mar 2009 - 11:00 p. m.

El correo que no debió ser

Google implementó un servicio que permite detener un ‘e-mail’ cinco segundos después de haber sido enviado.

Santiago La Rotta

Son cinco segundos los que lo separan de ser el hazmerreír de la empresa, el ejemplo de lo que no se debe hacer. Son cinco segundos los que hay entre ser un empleado más y la persona a la que todos se refieren como “el tipo más de malas de todos”. Una vez ese correo se ha ido, los dados ya se han jugado, su suerte ya no le pertenece. Descuidados, fanáticos de la ortografía, indecisos: no han de temer más, la salvación ha llegado, en forma de clic redentor. Google anunció la implementación a Gmail, su popular servicio de correo, de una herramienta que permite detener un mensaje cinco segundos después de que el usuario ha oprimido el letal botón que reza “enviar”.

Todo el mundo tiene una historia de aquella vez cuando, sin darse cuenta, reenvió un e-mail a quien no debía. El cuento sirve para recordar el día desde el cual ese amigo jamás volvió a contestar el teléfono a la mujer atractiva que ahora se refiere a él en una despectiva tercera persona o el último jefe que tuvo, claro está, en su último empleo.

El asunto no es de poca monta. El desastre inevitable de un correo mal enviado también afecta a las empresas. En 2008, una firma estadounidense realizó una encuesta con 703 altos ejecutivos de corporaciones presentes en 62 países sobre los riesgos en línea para la imagen corporativa. Para sorpresa de muchos, el 87% de los encuestados admitió que por error había enviado o recibido alguna comunicación electrónica.

Sin embargo, la preocupación de Google por el bienestar de sus usuarios no se queda ahí. A finales del año pasado el gigante de internet introdujo un servicio para evitar que alguien con el pensamiento ligeramente alicorado enviara correos que después habría de lamentar.


Mail Goggles (algo así como las gafas del correo) se enciende automáticamente los fines de semana en la noche, los momentos de la semana cuando su ayuda se necesita con más desespero; una vez activada, la función puede ser programada al gusto del usuario, por si acaso hay alguien que tiene una amistad muy profunda y recurrente con la botella de tequila.

Primer paso, quien sabe de lo comunicativo que es su álter ego etílico debe activar la opción en Gmail. Cuando retorna a su casa después de una noche de tragos y va hasta el computador con un par de cosas para decirle a la ex novia, al jefe mandón o a la mujer que se sienta al lado en la clase de cálculo, el servicio de correo le va a hacer algunas preguntas simples, pero que pueden resultar retadoras para algunos después de la enésima cerveza.

A modo de santo y seña, Gmail pregunta cuánto es 48 menos 38, dos multiplicado por cinco y cosas parecidas; a un lado de la pantalla una cuenta regresiva le indica al borracho de turno el tiempo que le resta para completar la prueba. De salir airoso, el usuario puede enviar todos los mensajes que quiera; si no lo logra, es mejor que se acueste y al siguiente día, en medio del guayabo, le encienda un par de velas al equipo de ingenieros de Google. 

Ambas herramientas pretenden que el usuario pueda seguir mirando a sus compañeros de trabajo a los ojos, mantenga a una sabia distancia a la ex novia, no corra el riesgo de perder su trabajo y que, en últimas, no tenga que sufrir la angustia asfixiante que produce la vergüenza encarnada en el correo electrónico que nunca quiso haber enviado, o al menos no a esa persona.

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