4 Apr 2020 - 12:38 a. m.

¿El COVID-19 abrirá el camino de la empatía?

La humanidad pocas veces se ha encontrado frente a una situación como esta. Nuestra vulnerabilidad se hace evidente y el poder de la solidaridad deja de ser un acto generoso y magnánimo para, incluso, convertirse en un acto egoísta. Quedarnos en casa evita ser contagiados y contagiar.

El Espectador

Es una rutina sencilla y compleja. Por un lado, nos protege de los otros y cuida a quienes inevitablemente deben salir a la calle; su impacto no se limita al entorno inmediato, abarca el planeta entero, desde limpiar el aire y las aguas hasta reinventarnos y despertar la conciencia a la empatía.

Permanecer en distanciamiento es necesario para los demás y para cada uno de nosotros. Estar en la casa, con nosotros mismos, puede abrir nuestro corazón a la empatía y al amor trayendo bienestar a los demás, cercanos y lejanos. Y, a cada uno de nosotros, por extraño y mágico que suene, nos aportará también un mejoramiento en nuestro sistema de defensas.

Por otro lado, en muchos hogares el simple acto de permanecer dentro de cuatro paredes se torna en una experiencia del mayor peligro, allí la intimidad, todavía regulada por las jerarquías de poder, hace mas doloroso y dañino el juego de los dominantes y dominados. Los malos tratos y las expectativas de obediencia se multiplican y con ellos los sentimientos de infravaloración y humillación, hasta llegar a las violencias mas aberrantes y descarnadas.

Las costumbres patriarcales normalmente quebrantan los sistemas familiares al instaurar disfuncionalidades y estrés, que además crean fallas en el sistema de defensas.

Y mas serio aún: hay muchas familias que le suman, a estas ya graves dificultades, la amenaza de la escasez y del hambre y se ven frente a un dilema inhumano: morir contagiados y contagiando o morir de hambre. Nadie en un mundo donde la legalidad ha permitido la acumulación del 99 % de los recursos en manos del 1 % de la población debería verse abocado a semejante atrocidad, hay cómo evitarla.

Seremos capaces de ver amontonarse, en las calles, los cadáveres de otros seres humanos, de saber que hay familias que tienen a sus difuntos dentro de las casas y deben salirse a la calle a esperar que alguien venga a recogerlos para darles sepultura, sin que el corazón nos duela y nos exija un acto de empatía.

No cabe duda, nuestro reto es unir los corazones para asistir a la muerte del individualismo, fortaleciendo todas las acciones para limpiar al planeta del COVID-19 y tomando la decisión de unir imaginariamente manos y corazones en una sola intención: irradiar amor y empatía en aquellos que todavía piensan que salvar el acumulado es más importante que construir una sociedad verdaderamente humana: una empática.

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