2 Sep 2008 - 10:29 p. m.

El cromosoma de la infidelidad

Según una investigación del Instituto Sueco de Karolinska, el alelo genético 334 es el culpable de este comportamiento. Participaron más de 1.000 parejas heterosexuales. Los hombres que portan el gen llevaban relaciones menos estables.

Redacción Vivir

Varias mujeres decepcionadas por relaciones infructuosas del pasado se han atrevido a asegurar que en la Tierra los hombres fieles no existen. Otras, siguiendo con la misma idea, han optado por decir una frase casi convertida en canon dentro del argot femenino: “Todos son iguales, cortados con la misma tijera”. Estas tesis, que por lo general llevan implícita una dosis de resentimiento, parecen quedar desvirtuadas por la más reciente investigación del Instituto Sueco de Karolinska, en la que después de analizar a más de 1.000 parejas heterosexuales determinó que la infidelidad de los machos tiene un origen genético, un alelo que, de acuerdo con los estudios, presentan en su genoma dos de cada cinco hombres.

Los resultados, publicados por el Washington Post, revelan que el alelo 334, llamado también “cromosoma de la infidelidad”, se presenta como un desafío para el análisis científico. Su función consiste en gestionar la hormona vasopresina, igualmente conocida como hormona antidiurética, encargada entre otras labores de alterar la presión sanguínea y provocar la retención de agua en los riñones. La investigación también determinó que el gen tiene un incidencia mucho menor en las mujeres.

Después de comparar los datos arrojados por las parejas, dentro de los que se tuvieron en cuenta un examen genético de cada individuo y copiosos tests psicológicos, los científicos suecos de Karolinska encontraron que los portadores del controvertido alelo 334 declararon tener lazos afectivos menos fuertes con sus parejas, al igual que ellas aseguraron sentirse menos satisfechas con sus hombres. Un resultado contrario a los casos en los que el cromosoma no aparecía en los genomas masculinos.

Hasse Walum, el médico al mando de la investigación, hizo un anuncio aún más contundente: “Los hombres con dos copias del gen tienen doble riesgo de experimentar conflictos en la relación y divorciarse, en comparación con los hombres sin ninguna copia”.

Por su parte, el sexólogo colombiano Octavio Giraldo, especialista en terapia sexual egresado de la Universidad de Washington, piensa que el estudio puede ser una aproximación científica a la tendencia promiscua que tienen los machos mamíferos (la especie humana no es la única), una explicación que hasta el momento no se había concretado. “Sin embargo, creo que al reducir la infidelidad al campo genético se están dejando de lado otros factores como el religioso y el moral. Puede ser que hombres con el gen se abstengan de ser infieles por simples principios”.

A este argumento se suma Fernando Bohórquez, director de la Clínica Colombiana de la Sexualidad, Familia y Pareja, quien a pesar de reconocer que la infidelidad sí puede estar determinada por la genética,  también cree que es posible que se presente por una razón orgánica. Por ejemplo, “cuando la mujer no satisface debidamente los deseos sexuales de su pareja, o por el simple camino del aprendizaje, porque desde el crecimiento se sigue el ejemplo de un hombre infiel”.

Lo cierto es que estos resultados han desatado una gran controversia entre los grupos feministas, que temen que se conviertan en la excusa perfecta para que los hombres legitimen sus infidelidades. Entre tanto, Walum asegura que más que un asunto sexual, detrás de la investigación se esconden datos reveladores sobre la personalidad del sexo masculino.

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