13 Feb 2009 - 9:07 p. m.

El liceo de la manigua

El Plan Padrino de la Presidencia, con recursos de Asobancaria, inauguró varias obras de adecuación que beneficiarán a 250 jóvenes, en su mayoría indígenas.

Redacción Vivir

“Hace muchos años vino doña Ana Milena de Gaviria. Hoy les decimos que vuelvan, que las cosas no se queden en esta visita, que no se olviden de nosotros”, le pidió uno de los habitantes de Araracuara a la primera dama, Lina Moreno, y a la presidenta de Asobancaria, María Mercedes Cuéllar, en el acto protocolario de presentación de las reformas que, con dinero de la asociación bancaria, y bajo la supervisión de la Presidencia de la República, se le hicieron al internado Fray Javier Barcelona, sede educativa para 250 jóvenes en su mayoría indígenas.

Araracuara es un pueblo ubicado en la frontera entre el Caquetá y el Amazonas, sumergido en la espesura de una selva que desde el aire se anuncia como un tapete verde que lo cubre todo. El avión aterrizó en una pista hecha de piedra, que en cada extremo tiene los restos de un avión oxidados por la humedad inclemente de la Amazonia, como una especie de advertencia para quienes tocan tierra en aquél lugar. En otros tiempos, hace unos seis años, la pista era manejada por la guerrilla y el narcotráfico para sacar desde allí su variada producción. En ese entonces, Araracuara era uno de esos tantos sitios del mapa donde la presencia estatal se reducía al registro de los combates entre el Ejército y la guerrilla.

En 2003 llegó un batallón de soldados del Ejército colombiano y estadounidense, y la guerrilla, según los uniformados, se replegó hacia la manigua. Lo que antes era una cárcel para secuestrados es hoy la agencia de Satena, que aún conserva el alambre de púas en su lugar.

Las refacciones del internado hacen parte de las acciones del Plan Padrino, una iniciativa estatal que data de los tiempos del gobierno de Andrés Pastrana, que busca ampliar la cobertura educativa en zonas apartadas del país mediante mejoras en infraestructura. Esta semana, en medio de un calor sofocante, fueron inauguradas las obras: cuatro aulas, baterías sanitarias, zonas de circulación y un depósito.

El recibimiento a la comitiva oficial incluyó una danza de la abundancia para las mujeres, quienes llegaron al sitio, junto con un destacamento moderado de policías y escoltas. Afuera de la Maloka donde se llevó a cabo el acto, un lugar en el que era imposible respirar sin sudar, se oía la voz del anunciador dando a conocer la gran noticia de esa tarde: “Asobancaria dona dos computadores para que Araracuara se conecte con el mundo”. “¿Solamente dos?”, preguntaron entre risas varios espectadores.

Después de una visita corta a las instalaciones, de descubrir la placa que quedará para que la selva se la coma lentamente y de las fotos de rigor, la comitiva partió de nuevo en camiones del Ejército rumbo a Bogotá y en el aire quedó la frase: “Esperamos que vuelvan, que no se olviden de nosotros”.

Comparte: