25 Feb 2009 - 11:00 p. m.

El pulso de la salud tibetana

Escogida por el Dalai Lama, Keyzom Bhutti está convencida de que el odio enferma y la compasión sana. A su paso por Colombia dejó una lección sencilla: la vida es corta y hay que fortalecerla con el poder del corazón.

Redacción Vivir

“Se nace para morir, pero mientras llega ese trance lo importante es prodigar felicidad a la mente y el corazón”. El mensaje es de la médica tibetana Keyzom Bhutti, quien después de 37 años de ejercitar los métodos de sanación heredados de la tradición milenaria de su país natal, hoy está convencida de que, más allá de los problemas fisiológicos, los desajustes en la salud nacen de la ignorancia, la agresividad, el excesivo apego y los malos hábitos.De paso por Bogotá, en desarrollo de su quinta visita al país desde 2004, la médica Keyzom Bhutti dejó su tradicional legado de enseñanzas, que ya cuenta con un buen número de multiplicadores en Colombia. No sólo en su diagnosis de pulso y análisis de muestras de orina sin sofisticados exámenes de laboratorio, sino en la praxis de su recetario de sabios consejos sobre la forma de preservar la salud mediante un adecuado balance entre alimentos, descanso y meditación.“Hay tres canales que miden la actividad orgánica. La bilis producida por el hígado, que regula los procesos de la digestión; los fluidos como la saliva o la sangre, que estabilizan diversas actividades fisiológicas; y el aire vital, que penetra hasta los tejidos y las demás funciones del sistema anatómico. Cuando existen malas dietas, choques emocionales, exceso de trabajo o ambientes críticos, se bloquean las energías del cuerpo y vienen los quebrantos”, explica la médica Keyzom Bhutti.Y luego aporta algunos consejos al margen de sus medicamentos hechos a base de hierbas y de minerales: “En lo posible es mejor consumir alimentos fáciles de digerir, definitivamente fumar y beber no son hábitos que convengan a la salud, el ejercicio físico es un procedimiento esencial para la estabilidad corporal, la meditación es el mejor alivio para la mente y la mejor forma de restablecer las energías físicas es el sueño, en lo posible entre seis o siete horas diarias”.Egresada del Instituto Médico y Astrológico Tibetano Dharmasala en 1972, después de un largo derrotero como profesional de la medicina en India, Francia, Bélgica y Holanda, entre otros países, hoy reside en Boston (Estados Unidos), pero procura viajar una vez al año a India para reencontrarse con sus raíces filosóficas. De alguna manera es también un acto de gratitud con el país que le brindó un hogar después de verse forzada a abandonar su natal Tíbet tras el dominio de la China comunista.Fue el destino de su familia, que en 1959, acompañando al Dalai Lama, tuvo que salir al exilio y asentarse en la región de Bengala del Este. Muchos años después, la profesional Keyzom fue escogida personalmente por el Dalai Lama como persona apta para desarrollar la vocación especial de la medicina tibetana. Prueba de ello son los sucesivos galardones y distinciones que ha recibido en Asia y Europa y las invitaciones que suele recibir para atender consultas en diferentes países, entre ellos Colombia.“A la gente de este país le gusta que venga y yo lo hago con agrado”, expresa sonriente, y al ser consultada sobre los beneficios que puede aportarle a una sociedad que aún no supera sus problemas de intolerancia y de violencia, responde enfática: “El odio enferma, el resentimiento daña, hay que insistir mucho en la compasión, es necesario que la sociedad entienda que venimos al mundo a ayudar a los otros y que la gente que mata, tarde o temprano terminará respondiendo por sus actos”.“Yo creo en el karma y estoy segura de que somos el resultado de nuestras vidas previas. Por eso puedo aseverar que si las personas hacen ofrendas van a vivir mejor. Cualquiera sea su deidad, si una persona ora, sus gratitudes son beneficios reales”, insiste con lenguaje pausado y gesto conciliador. Y enseguida añade convencida: “Realmente la vida es corta y por eso es importante invocar para no caer en más errores y fortalecer el corazón, incluso con el buen humor, porque la risa es trascendente”.Lo confirma con ánimo placentero antes de explicar los aspectos más recónditos de su instrucción ayurvédica o de hablar de sus remedios cosechados y preparados en las montañas del Himalaya. Sus métodos de sanación comienzan pulsando con sus dedos los brazos de sus pacientes, según ella, para leer en detalle la condición de los órganos vitales de arriba y abajo, y de esta manera establecer las conexiones vitales necesarias para restablecer la salud o detectar de qué manera encontrar equilibrio entre la mente y el cuerpo.No lo expresa con aire docto. Lo dice porque lleva casi cuatro décadas dedicada al estudio de la que califica como su medicina alternativa. La sanación tibetana, que pasa por preservar la mente no ocupándola demasiado, propiciando una dieta sana y descansando con prudencia, sin olvidarse de los remedios naturales que por si mismos tienen los ingredientes mínimos para restablecer la salud. A imagen y semejanza de la medicina antigua, pero con la sabiduría que Oriente ha propiciado a la humanidad para creer más en la compasión que en la acumulación de riquezas.

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