13 Jan 2010 - 9:57 p. m.

El síndrome posvacaciones

Después de un merecido descanso, el regreso al trabajo puede convertirse para algunos en un verdadero calvario.

Redacción Vivir

Si por estos días, luego de unas largas y tranquilas vacaciones de fin de año, se ha sentido un poco mareado, irritable, desganado, triste, ansioso, con dolores musculares y no ha logrado conciliar el sueño por las noches, es probable que esté sufriendo del síndrome posvacacional.

Un mal que cada vez es más frecuente entre los empleados y que en países como España ha encendido las alarmas de las autoridades de salud, pues afecta a cerca del 57% de los trabajadores. Los psicólogos y psiquiatras han identificado que este conjunto de signos es fruto del estrés que les genera a las personas el tener que retomar sus responsabilidades y actividades laborales.

La terapeuta Raquel Sánchez explica que los horarios, la intensidad del trabajo y el puesto que desempeñen los empleados influyen en el posible desarrollo de este trastorno, que generalmente dura entre cinco días y dos semanas. Pero si esta sobrecarga emocional, que muchas veces conduce a la depresión, se prolonga por más tiempo, es necesario consultar a un especialista, “pues estaríamos ante un trastorno más grave que requiere atención”, asegura Sánchez.

Una de las formas más efectivas para afrontar este síndrome es asumir el regreso de las vacaciones con tranquilidad y no querer recuperar el tiempo perdido ni adelantar todo el trabajo acumulado en una semana. Lo mejor es incorporarse poco a poco y establecerse metas a corto plazo, además de intentar retomar el ritmo normal para no alterar el sueño ni la alimentación. “En vacaciones comemos a horas distintas y nos acostamos más tarde, así que debemos, con calma, regresar a nuestros hábitos cotidianos”, advierte Sánchez.

Por su parte, la psicóloga María Cecilia Betancur cree que el síndrome posvacacional no es más que una reacción de rechazo de nuestra mente y cuerpo al entorno laboral, pero que se trata de algo pasajero que desaparece con el transcurso de los días. “De lo contrario —concluye— hay que pensar en cambiar de trabajo”. Para combatirlo también es importante generar un buen clima laboral y establecer horarios específicos, que permitan a la persona tener una vida activa que no gire únicamente en torno al trabajo.

Practicar algún deporte, ir al gimnasio, salir a cine, leer un buen libro, hacerse un masaje o salir a comer a un buen restaurante con la pareja y los amigos son actividades que permiten distensionar la mente y relajar el cuerpo, mientras éstos se acostumbran al ritmo acelerado que dejaron atrás durante estos apacibles y merecidos días de descanso.

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