En vivo
Contrato del Mintic: juez decide si envía a la cárcel a tres implicados
Abogados de Emilio Tapia, Luis Fernando Duque y Juan José Laverde se defienden de acusaciones de la Fiscalía sobre su supuesto rol en el escándalo del contrato con Centros Poblados.
Abogados de Emilio Tapia, Luis Fernando Duque y Juan José Laverde se defienden de acusaciones de la Fiscalía sobre su supuesto rol en el escándalo del contrato con Centros Poblados.
Minimizar
16 Jan 2010 - 10:00 p. m.

El sueño de ser profesional

El aumento en las matrículas, sumado a la crisis económica, ha convertido en una tarea casi imposible poder graduarse del colegio o la universidad. Al 58% de los padres no les queda dinero de su sueldo para ahorrar y poder costear la formación de sus hijos.

Mariana Suárez Rueda / Valeria Gómez Rodríguez

Créditos a varios años, préstamos familiares o de amigos, ayudas financieras a través de los bancos, trabajar de noche y estudiar de día, aplazar el semestre, cambiarse de colegio, solicitar una beca o viajar al exterior en busca de mejores opciones son tan sólo algunas de las peripecias a las que deben recurrir los jóvenes y padres de familia para poder costear los gastos de la educación.

Durante estos días, previos al regreso a clases, que para la mayoría de universidades y colegios comienzan mañana, el estrés y la ansiedad se han apoderado de un gran número de hogares colombianos que tienen que rebuscarse el dinero para pagar las matrículas, las pensiones y los útiles o textos que exigen en las universidades y colegios. Infortunadamente, la crisis económica ha golpeado a muchas de estas familias, que se están viendo a gatas para lograr que sus hijos se conviertan en profesionales.

Carolina Piñeros, directora de RedPapaz, una asociación que agrupa a padres de los principales colegios del país, cuenta que a su oficina han llegado muchos casos de parejas que se ven obligadas a cambiar a sus hijos de institución porque ya no pueden costear los gastos. “Es muy difícil dejar el colegio que uno ha elegido por este motivo, pero en Colombia hay buenas opciones, así que lo que hacemos es motivar a los padres a apoyar a sus hijos en el proceso de adaptación”.

El problema parece complicarse cuando llega la hora de ingresar a una universidad. Los cupos en las instituciones públicas son rapados y en las privadas los costos se han elevado demasiado, obligando a los estudiantes a recurrir a todo tipo de soluciones para no abandonar su carrera. Hans Peter Knudsen, rector de la Universidad del Rosario, en Bogotá, reconoce que en los últimos años ha habido un incremento en la solicitud de becas. “En el primer semestre del año pasado becamos a 1.260 alumnos y para éste la cifra aumentó a 1.446”.

Sin embargo, esta alternativa no parece ser suficiente para solucionar el problema. Cada semestre se están presentando cerca de 7.950 solicitudes de becas en el Rosario, es decir, que sólo el 19% de los estudiantes que recurren a esta opción salen victoriosos. Según Knudsen, las cifras de deserción también han aumentado, “aunque esto no sólo obedece a causas económicas, sino académicas o vocacionales”.

Esteban Ocampo, decano de la Facultad de Educación de la Universidad Javeriana, se siente igualmente preocupado por la intensidad con que la crisis económica ha afectado la inversión que realizan las familias en educación. “Se nota una disminución en las matrículas y un aumento en las solicitudes de jóvenes que necesitan financiar sus estudios a través de becas o extensiones en los pagos”.

A quienes estas alternativas no les funcionan tienen que recurrir a medidas más drásticas, como trabajar de noche o estudiar a través de programas virtuales, que son más económicos. Rafael Campo, presidente de la Asociación Colombiana de Pedagogía y Educación, asegura que estas dos opciones se han vuelto cada vez más comunes. Y explica que el problema del costo de la educación en nuestro país y de las dificultades que tienen cada vez más los padres para asumir este gasto es un cuello de botella, al que difícilmente es posible encontrarle una salida.

“A diferencia de lo que ocurría en los años 90, ahora las universidades exigen que los profesores tengan doctorado y se dediquen a la investigación, lo cual eleva los costos. Al igual que la inversión en tecnología y en la planta física que se debe hacer para poder competir con el resto de instituciones de educación superior en el mundo”. Según Campo, antes las universidades se medían localmente, pero ahora, gracias a la globalización, los estándares de calidad son internacionales.

Para el rector del Rosario, Hans Peter Knudsen, en Colombia hay un sistema bastante equilibrado entre la educación superior pública y la privada. De hecho, asegura, “esta última hace grandes esfuerzos para recibir estudiantes de bajos recursos”. Sobre este tema Campo reflexiona y asegura que hace unos años en la Javeriana sólo se veía gente de clase alta, pero ahora los estratos bajos están teniendo acceso a través de recursos como los créditos del Icetex o de becas que ofrecen las mismas universidades por el puntaje del Icfes.

Ante este panorama el Ministerio de Educación ha intentado promover la ayuda del Estado a las instituciones públicas, realizar campañas para combatir la deserción y apostarle a que por lo menos todos los estudiantes terminen el bachillerato. Pero algunos critican esta política, pues consideran que se queda corta de cara a las exigencias del siglo XXI y a la competencia que enfrentan los jóvenes para conseguir trabajo. “Un modelo de sociedad que le apueste a la educación sería aquel que busque que los estudiantes mínimo terminen una maestría”, advierte Esteban Ocampo.

Para Carlos Mario Lopera, director del Observatorio de la Universidad Colombiana, una entidad que realiza seguimiento al incremento de las matrículas cada año, el centro del problema del acceso a la educación radica en que en los últimos 30 años las matrículas universitarias se han multiplicado entre dos y cinco veces más que los aumentos del salario mínimo, los servicios públicos y el transporte.

“Esto significa que mientras en la década de los 70 era viable que una familia de clase media mandara a sus hijos a estudiar a una buena universidad privada, sin empeñarse con créditos, hoy en día esto es algo prácticamente imposible”. Según las cifras del Ministerio de Educación, la cobertura en educación primaria, media, básica y universitaria en el orden nacional ha aumentado significativamente entre 2002 y 2009 (ver gráfico); sin embargo, aún falta un largo camino por recorrer para garantizar que todos los jóvenes en Colombia puedan ser profesionales.

Ocampo reclama: “A cerca del 58% de la población no le queda un peso de su sueldo para ahorrar y poder costearles la educación a sus hijos. Debemos proteger las nuevas generaciones y por eso esta situación debe cambiar”.


Los precios de las matrículas

Hasta un 7,5% podrán aumentar los precios de las matrículas y pensiones de los colegios privados en 2010. Así lo estableció el Ministerio de Educación mediante la Resolución 6404, del 15 de septiembre de 2009, que establece los parámetros y procedimientos para la fijación de las tarifas educativas que regirán el próximo año.

Los incrementos que podrá aplicar cada establecimiento educativo serán de acuerdo con su evaluación de calidad. En ese sentido, los colegios que mejoren su clasificación de un año a otro tendrán aumentos adicionales de un 0,5%.

Por su parte, las matrículas de las universidades deberían subir el equivalente al Índice de Precios al Consumidor (IPC) anual; sin embargo, argumentando calidad y beneficios para los estudiantes, generalmente suben más. Este año la mayoría de matrículas de las universidades subieron entre el 1,8% y el 4,84%.

Juana María Rodríguez, madre de dos hijos.

“Las universidades están muy caras”

“Quién se iba a imaginar que la universidad pública ha subido más que la privada. Es increíble cómo la Nacional ha elevado el costo de las matrículas. La diferencia de lo que empecé pagando hace dos años a lo que estoy pagando ahora es altísima”.

Juan Sebastián Plata Rodríguez estudia Administración de Empresas en la Nacional y su hermano Brian  Ingeniería de Petróleos en la Universidad América. Su madre, Juana María, paga las dos matrículas de contado, pero para lograrlo tiene que ahorrar hasta el último peso de su salario”.

Elsa Peñalosa, madre de tres hijos.

Dos colegios por uno

Óscar y Mateo tuvieron que cambiar de colegio. Por el valor que Elsa pagaba de la pensión en uno de ellos, ahora puede costear la educación de sus dos niños en una nueva institución.

“Las instalaciones no son muy elegantes, pero es buen colegio”, asegura. Su hija mayor estudia Ciencia Política en la U. del Rosario. “Las matriculas de los colegios son más cómodas”, asevera Elsa, quien para cubrir los costos de la educación de sus hijos tiene un préstamo con la Caja Social y recurre a la ayuda de su hermana.

Enrique Reyes Blandón, padre de tres hijos.

¡Gracias al Icetex!

Su hija mayor, Carolina, ya se graduó de la Universidad Nacional, ahora su compromiso es con sus hijos Juanita y Miguel Ángel.

“Pagar dos universidades al tiempo requiere de ingresos muy altos, por esto solicité un préstamo al Icetex para que subsidiara la mitad de las matrículas y la otra mitad la pago con la colaboración de mi familia.

Los intereses son un poco altos, pero si no fuera así, mis hijos no podrían estudiar en las universidades en las que lo hacen”.

Aura María González, madre de tres hijos.

Buenos colegios, buenas universidades

“La educación es una inversión. Pago buenos colegios a pesar de su costo porque facilitan el ingreso a universidades públicas. Sé que no puedo pagar las privadas”.

Aura María tiene tres hijos, paga dos matrículas de colegio, una en la Universidad Nacional y, adicionalmente, escuelas de música y ballet.

“Pago la universidad con el método de financiación a tres meses libre de intereses, los colegios y la recreación con primas, salarios, cesantías y préstamos. Siempre soy muy puntual con el colegio, me da pánico que no los dejen subir a la ruta”.

Comparte: