3 Sep 2008 - 8:37 p. m.

“En el amor todos perdemos”

El psicólogo argentino Walter Riso revela la forma para alcanzar relaciones amorosas saludables y satisfactorias.

Mariana Suárez Rueda

Durante siete años el psicólogo argentino Walter Riso, especialista en terapia cognitiva, investigó ocho tipos de amores peligrosos hostigante, desconfiado, violento, caótico, egoísta, perfeccionista, subversivo, indiferente, que se han convertido en el tormento de hombres y mujeres alrededor del mundo. Muchos son fruto de la manera disfuncional como se relacionan algunas personas con los demás, otros tienen un gran componente genético. Lo cierto es que es posible detectar este tipo de comportamientos en la pareja cuando apenas está comenzando la relación y evitar un gran sufrimiento.

Riso consignó en un libro de 248 páginas la caracterización de cada una de estas formar particulares de amar, cómo reconocerlas, si es posible llevar una relación sana bajo estas condiciones y por qué nos resignamos a tener relaciones dolorosas. El Espectador se reunió con Riso, quien llegó a Colombia para el lanzamiento del libro Amores altamente peligrosos que se realizará el 16 de septiembre en Casa Medina en Bogotá, para hablar sobre las relaciones de pareja y la fórmula para no fallar en el amor.

¿Cómo surge la idea del libro?

Este tema tiene dos fuentes: la experiencia académica y la de ver durante 30 años a personas que hacen propuestas afectivas que son descabelladas. La motivación fue la de crear un espacio de prevención para que la gente comprenda que el amor irracional es un problema casi de salud pública.

¿Por qué fallamos en el amor?

Tiene que ver con la idea de que el amor todo lo puede, una percepción sobrevalorada no tan realista. Hay un factor cultural que lleva a que las personas confíen excesivamente en el amor. Y hay otra razón que está relacionada con las vulnerabilidades personales. Es decir, cada persona tiene ciertos déficit y busca estar con alguien que la compense.

¿En qué consiste cada una de estas formas de amar?

El amor hostigante pasa por la seducción, la persona cree que debe ser el centro de atención de su pareja. El amor paranoide es el desconfiado, la persona piensa que la van a lastimar y está a la defensiva. El amor subversivo es cuando se ve a la pareja como una fuente de autoridad, pero existe  la necesidad de rebelarse. También está el amor perfeccionista, el narcisista, el antisocial, que es cuando se desprecia al otro; el esquizoide, que es la máxima expresión de indiferencia, y finalmente el estilo límite, aquí las personas no saben lo que quieren. Te aman un segundo y luego te odian.


¿Hay una edad en la que estos estilos sean más frecuentes?

Se supone que con los años la intensidad de algunos disminuye. Por ejemplo, el antisocial con los años se vuelve menos antisocial porque la testosterona baja. Lo que pasa es que muchas parejas se acoplan al estilo del otro.

¿Es fácil detectar estos rasgos?

La gente descubre que hay algo raro, pero como no tiene información, que es uno de los propósitos del libro, no es capas de identificarlo claramente. Además solemos movernos por el principio del placer, si salimos con alguien que nos guste y le vemos un montón de defectos pensamos que es pasajero y usamos la técnica del “perismo”. Es agresivo pero no tanto, me pareció miserable al pagar la cuenta pero lo puede compensar. Además hay que aprender a perder en el amor.

¿El temor a la soledad puede obligar a alguien ha permanecer en una relación dolorosa?

Hay cuatro razones por las cuales la gente se queda con una persona a pesar del sufrimiento que le causa. Uno es el miedo a la soledad, en segundo lugar está el apego, luego las motivaciones religiosas, hay personas que creen que el matrimonio es para toda la vida y finalmente está el qué dirán. Lo que pensarán los demás si me separo, si acepto que fracasé.

¿Cómo tener una relación afectiva sana?

Se necesitan tres elementos. El primero es el deseo. Es decir, el amor de la química, de la sexualidad más allá del sexo, del erotismo. Tu pareja tiene que gustarte como si fuera un postre. El segundo es la filia, que viene de la tradición aristotélica y significa amistad. Para mí es el más importante. El tercer elemento viene de la tradición judeocristiana y es la ternura, que a veces yo dé un paso atrás para que el otro esté bien, es la no violencia. Hay relaciones que son más amistosas, otras más eróticas, pero siempre tienen que estar estos tres elementos para que sea equilibrada. De hecho, cada uno de los estilos disfuncionales rompe una de estas dimensiones.

 msuarez@elespectador.com

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