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23 Jan 2010 - 4:00 a. m.

Franco Dragone y los límites de lo imposible

Revolucionó el mundo del espectáculo y por más de 15 años fue el director creativo del Circo del Sol.

Liliana López Sorzano / Enviada especial Las Vegas

Más de 1.500 personas entre acróbatas, mimos, payasos, bailarines, expertos en artes marciales, equilibristas, juglares, gimnastas, músicos y deportistas hicieron audiciones alrededor del mundo para formar parte de Le Rêve, el espectáculo de Franco Dragone, con la colaboracion del Hotel Casino Wynn Las Vegas, que revela un mundo insospechado donde los sueños nadan en el aire y bailan en el agua.

Monjes de cultos inexistentes caen del cielo al son de cantos gregorianos. Mujeres que evocan a Marilyn Monroe nadan sincronizadamente con tacones puestos. Hombres que bailan como Tony Manero en un sábado de fiebre por la noche se sumergen en el agua. La Capilla Sixtina, el jardín del Edén, son recreados en un escenario imponente y sorprendente diseñado exclusivamente para Le Rêve, el show que lleva más de 2.000 presentaciones en Las Vegas.

Franco Dragone es el artífice de este sueño esculpido con tecnología y talento humano que da como resultado un espectáculo energético, poético y romántico, que calan por siempre  en la memoria. A este belga de nombre italiano se le siente la sensibilidad por todas las esquinas, la generosidad en afecto y sus presentaciones son un fiel reflejo de eso. Siendo un hombre tan ocupado que llega a darle la vuelta al mundo cinco veces al año, se muestra calmado, sereno como quien tiene la seguridad de haber llegado a una sabiduría inquebrantable.

Las cifras no escatiman en nada y para darse cuenta de la magnitud y la escala de sus espectáculos basta con mirarlas. Más de 90 personas en escena, 6.000 efectos de sonido diseñados exclusivamente, 207 luces movibles, 180 parlantes en todo el teatro, 1 millón de galones de agua utilizados para llenar la piscina que es el escenario y alrededor de US$200 millones es el estimado del costo total del show.

Resulta paradójico que a Franco Dragone, el superlativo de los grandes espectáculos en el mundo, quien fuera el director artístico del Circo del Sol desde sus inicios en 1985 hasta 1999, se le pregunte por el mejor show que haya visto en su vida y se le venga a la mente el mimo Marcel Marceau, que tan sólo con la fuerza de sus gestos era capaz de crear un océano, un pájaro, montañas y cielos. Es justamente ese mismo impulso el que lo mantiene creando y el que lo hace querer cambiar el mundo. Seguramente ya lo está haciendo.

El próximo 19 de marzo los ojos estarán volcados sobre Medellín porque será la primera vez que un espectáculo de dimensiones gigantes se tome la ciudad y el estadio Atanasio Girardot para dejar que la magia de Franco Entertainment Group haga lo que mejor sabe hacer: “Si soñamos, lo hacemos”. Un lema nada extraño para alguien que considera, al igual que Federico Fellini, “que crear es como ponerse las gafas de un niño y tratar de ver lo extraordinario en lo ordinario”.

El Espectador lo entrevisto desde Las Vegas.

¿Cómo será el show que planea hacer en Medellín?

Cada vez que hablo de este proyecto me enamoro más. Quiero agradecer a quienes me invitaron para poder compartir un bello evento porque los que harán el show serán colombianos que entrenaremos. Esto es más que un show, es un gran evento en el que queremos que la gente de Medellín y de Colombia participe, una gran ceremonia, un momento único e irrepetible del que todos necesitamos sentirnos orgullosos. Alrededor de 25 personas estarán a cargo de la producción y la organización del show, del cual puedo hablar muy poco porque es confidencial y queremos guardar la sorpresa, está inspirado en los valores olímpicos y cada ícono de la cultura colombiana estará representado. Habrá artistas profesionales, 100 bailarines, 50 acróbatas y 1.000 extras voluntarios que harán de este show el más grande hasta el momento. Probaremos  al mundo que podemos hacer un show increíble con un presupuesto limitado, pero con el amor y la motivación de la población. Así pasó en los Juegos Olímpicos de Pekín. Al contrario como se podría pensar, un presupuesto no limita la creatividad, a veces lo que hace es empujarla. Lo que sí es claro es que el dinero da tiempo, y el tiempo es la cosa más importante para ser creativo.


¿Qué tipo de emociones quiere y busca despertar en el público?

Espero que el show despierte toda la sensibilidad posible, como he oído que pasa con sustancias como los hongos mágicos. No me malinterprete, esos estados los vivo con la música o con cosas que veo y que me llegan. Cuando hago los shows busco despertar la sensibilidad de la gente y ponerlos en su lado más humano porque así abrirán las  mentes. El tipo de shows que hago son una especie de trampa, porque quiero atrapar a cada persona para que se vea sí misma. Son como un espejo y quiero que ofrezcan una jornada de conocimiento.

Si tuviera que dar porcentajes como en una receta, ¿cuánto de talento humano y cuánto de tecnología mezclaría?

No quiero resaltar la tecnología, ella está al servicio de los artistas, de la poesía cuando la hay y para transmitir el mensaje. Sin embargo, hay una competencia entre los shows y se necesita entregar una cantidad de lo que llaman valor de la producción. Por lo tanto, es necesario impresionar y siempre es más fácil impresionar con mucha tecnología, pero es difícil tocar  emocionalmente cuando hay demasiada. Así que si me preguntaran si prefiero impresionar o llegar realmente a la gente, sin duda alguna escogería la emoción. Porque con ésta se crea todo. Pero me encanta jugar con ella y usarla para evocar océanos, viento, lagos, olas, pero si es sólo para mostrar tecnología, ahí no me interesa. Entonces la receta sería 50-50.

¿Cómo es su relación con la gente del Circo del Sol y cómo los ve ahora después de haber trabajado tanto tiempo con ellos?

Hice alrededor de 12 shows con ellos así que los quiero y todavía me relaciono. Mis respetos por sus logros y por seguir siendo audaces. Sin embargo, un día decidí que mi meta no sería la económica sino la creatividad. No quiero diluirla con otros intereses. Con Guy Laliberte (CEO del Circo del Sol) aún somos amigos, pero no vivimos en el mismo planeta. Su pregunta es algo incómoda y al decírselo se la estoy contestando.

¿Hay una diferencia entre crear un show para América o Europa?

Antes de Le Rêve no lo había pensado. Mi primera versión de Le Rêve era demasiado subversiva para Las Vegas, así que tuve que sacar ciertas cosas. A los europeos les encantaba, pero a ciertos productores americanos les daba miedo.  En mi experiencia, el mismo show puede verse en muchas partes, pero es la audiencia la que cambia el show porque todos responden de manera diferente y eso lo influencia. Pero  tenemos que ser cuidadosos de no ser influenciados mucho por el público porque de otra manera va a cambiar el show y no significaría lo que  se quería en un principio. Por ejemplo, cuando llevamos ‘Alegría’ o ‘Saltimbanco’ a Estados Unidos, en los Ángeles era un show  suave y en N.Y. era un rock and roll show porque las audiencias lo cambian.

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