3 Mar 2009 - 4:00 a. m.

“Fuimos carne de buitre”

Entrevista con el general (r) José Joaquín Cortés, removido por el escándalo de los falsos positivos.

Redacción Judicial

José Joaquín Cortés, ex comandante de la II División del Ejército, fue uno de los tres generales descabezados por el presidente Álvaro Uribe en octubre pasado, tras el escándalo de los falsos positivos. En entrevista con El Espectador se despachó contra el ministro Juan Manuel Santos y el general Freddy Padilla de León, dice que lo hicieron quedar como un criminal de la peor laya y que el general Carlos Suárez, encargado de la investigación, era enemigo del general Mario Montoya y el más interesado en que dejara de ser el comandante del Ejército.

¿Por qué lo sacaron a usted?

Porque en este tipo de hechos, sacar a un mayor o a un teniente coronel no da réditos. Se tiene que sacar a un general.

¿Al menos le informaron por qué lo removieron?

El ministro Santos y el general Padilla no le informaron al general Montoya que mandaban una comisión a investigar los falsos positivos. Ni siquiera tuvieron ese respeto con el comandante del Ejército. Montoya no sabía de esa comisión y no le informé porque sabía que él no era de los afectos del general Suárez. Donde yo le hubiera dicho que él estaba en mi zona pasando revista, él lo hubiera llamado y le hubiera pegado una vaciada terrible por no haberle avisado, por ir a pasarle revista a unidades del Ejército sin habérsele presentado. Fue un irrespeto.

¿Se sintió maltratado por el Ministro y el general Padilla?

Hubo una falta de respaldo a los hombres que están en la guerra.

¿Cree que el Ministro está enterado de las dificultades que se presentan en el terreno?

Si él no está enterado de los problemas de la guerra, está desfasado, está en otro lado, está como Davivienda.

¿Cuánto personal tenía en la División?

26 mil hombres. De ellos, aproximadamente 17 mil en combate.

Hace poco circuló un correo a nombre de los soldados que decía que estaban muy heridos por lo de los ‘falsos positivos’ y que se negaban a seguir operando si por eso iban a ser tachados de criminales. ¿Usted supo de eso?

A mí me llegaron también esos correos. Mis soldados se sacrificaron, se esforzaron, muchos perdieron la vida o salieron heridos y ahora quedaron todos como criminales. Porque si es señalado su comandante como criminal, como asesino, como responsable de esos asesinatos, pues fueron señalados esos 26 mil hombres, porque el comandante los está representando. Nunca he cuestionado mi salida, porque uno tiene a cargo a mucha gente y por ellos toca dar la cara. Ese era mi trabajo y ahí se dio mi salida. Pero no acepto que me hayan sacado en esa rueda de prensa, en ese espectáculo mediático en el que nos tildaron de asesinos.

Su salida ocurrió en momentos en que la Comisionada de los Derechos Humanos para la ONU vino al país. ¿Pura coincidencia?

Eso fue coyuntural. Ella vino y nos sacaron. Fue una jugada política a seis bandas y les dio resultado: calmó a la opinión pública, se quedó bien con la Comisionada de la ONU y sacaron al general Mario Montoya.

¿Lo sacaron quiénes?

El ministro Juan Manuel Santos y el general Freddy Padilla. El Presidente fue engañado.

¿El general Carlos Suárez tenía la intención de sacar al general Montoya del Ejército?

Claro. Era el más interesado porque era su enemigo, porque Montoya lo sacó del Ejército para el Comando General. Montoya le llamó muchas veces la atención, muchísimas. Suárez odiaba a Montoya, era su enemigo.

¿El ministro Santos debió haber salido también?

Eso es potestad del Presidente. Su conciencia le dirá si debía salir o no. Mi conciencia me decía que yo sí debía salir. De hecho, iba a pedir la baja. Yo reuní a los comandantes del Batallón Santander, de la Brigada 30, de la Brigada Móvil 15 y les dije: “Si la Fiscalía establece que hubo homicidios fuera de combate, nosotros tenemos que irnos”. Si yo, por honor, tenía que irme de baja por ser el comandante, pues no sé qué le dirá la conciencia al ministro Santos y de pronto al general Padilla.

¿Qué interés tendría Padilla en sacar a Montoya?

Montoya era una máquina de guerra, un hombre de éxitos, y tenía que seguir ascendiendo. El presidente Uribe le tiene una admiración profunda a Montoya. La única manera de sacarlo era así. Se presentó la coyuntura de los falsos positivos y organizaron una comisión administrativa acomodada que lideró el general Carlos Suárez.

¿El informe que presentó Suárez sobre supuestas fallas en su División no estaba sustentado?

El único trabajo que hizo fue hacer que se diera de baja a tres generales. Ahí cumplió su trabajo, se oxigenó y llegó a ser inspector general del Ejército.

¿Qué pasó entonces en Ocaña con los falsos positivos?

Mi análisis es que ahí hubo infiltración de los terroristas de las Farc. Porque el Ejército está arrollador en esta guerra, las está acabando. La población quiere al Ejército, y Alfonso Cano sabe que un Ejército que se gana el cariño y el corazón de la población, gana la guerra. Entonces, ¿qué hace Cano? Nos infiltra con el propósito de hacer estos falsos positivos y dañar la imagen del Ejército.

¿Infiltrar para matar campesinos y culpar al Ejército?

Claro. Así se va al suelo la imagen del Ejército.

Los falsos positivos pararon el ímpetu del Ejército.

Así es, eso da vergüenza y para el ímpetu de la guerra. La otra hipótesis que tengo es que ahí hay infiltración del narcotráfico. Estas organizaciones infiltran nuestros pelotones, debe haber plata de por medio. Estoy seguro de que esas muertes no se hicieron por unos días de permiso. No cabe en la mente de nadie que haya personas que se llevan a muchachos de Soacha para hacerlos pasar como bajas en combate en Ocaña. Es imposible que al Ejército haya ingresado gente tan criminal.

Usted dice que, según los protocolos, no se falló. El informe del general Suárez decía lo contrario. ¿Era mentira?

Entiendo que en el informe dice que hubo fallas administrativas. Una de esas, que hacía dos años no se pasaba revista a la Brigada Móvil 15. Y yo le demuestro que sí se estaba haciendo, aunque yo como comandante de la División no me fui personalmente a pasar revista del depósito de armamento, a sacar los 4 millones de cartuchos, ponerlos en el piso y contarlos uno por uno. Así quién gana la guerra. Si Suárez pretendía que yo me fuera a contar cartucho por cartucho, en un depósito donde perfectamente puede haber 5 millones de cartuchos o camuflado por camuflado, entonces, ¿quién dirige la guerra?

¿Entonces el informe está como cargado para un solo lado?

Ese informe fue totalmente tendencioso. Yo me pregunto: ¿cómo hizo el general Suárez para que en cinco días determinara que sí hubo homicidios fuera de combate en mi División?

¿En qué va la investigación de la Fiscalía sobre estos casos?

Lo único que sé es que no le han imputado cargos a nadie. Y que no todos los 27 de oficiales y suboficiales removidos por el Presidente salieron del Ejército de verdad. Hay unos que están trabajando, un mayor, capitanes, sargentos.

¿Cree que puede terminar sancionado penal o disciplinariamente?

Abogados cercanos, jueces penales militares, asesores jurídicos y amigos me han dicho que tengo que estar muy pendiente, porque es muy posible que nos estén trabajando falsos testimonios, y que no se me haga raro que nos involucren en esa investigación penal. Me han llegado a decir en qué casino y qué habitación me va a tocar. Fuimos carne de buitre. Con eso, cualquier persona que esté involucrada directamente con los casos, al ver que nos sacaron, se sentirá con autoridad para levantar falso testimonio, y si somos tan de malas de que nos toque un fiscal que odie al Ejército, con mayor razón. El general es bocado de cardenal. Los fiscales también van detrás de los generales en esta guerra jurídica.

¿La Justicia Penal Militar está indagando algo al respecto?

No, a la JPM la acabaron. El ex ministro Camilo Ospina la acabó, y desafortunadamente cuando la JPM debe actuar, no lo hace. El primer caso de los supuestos falsos positivos se presentó el 12 de enero de 2008 en la vereda El Tabaco, ahí combatió un pelotón de una unidad mecanizada. La Justicia Penal Militar no hizo nada, no nos alertó de algo anormal. Si lo hubiera hecho, a más tardar un mes después del combate nos hubiéramos enterado de que dicho

combate tenía visos de anormalidad. De ahí para adelante no habría pasado ni un caso más. La JPM se quedó conociendo casos de deserción, abandono del servicio o del puesto. En esas bobadas se enfrascó, y no en indagar lo que pasó en combates como el del 12 de enero. Si lo hubiera hecho, el caso de Ocaña hasta ahí habría llegado.

¿Va a tomar acciones legales contra el Estado?

Sí, ya le pasé al abogado todos los documentos para entablar una demanda por daños y perjuicios morales. Esto fue una desgracia para mí.

¿Cómo ha vivido estos cinco meses?

Amargos. Una desgracia personal y para la familia. Esto no se le hace a un soldado de la patria.

¿Qué les dice a las madres de los muchachos de Soacha?

Siempre he pensado en las madres y padres de los muchachos de Ocaña. He pensado en presentarles un saludo muy especial en nombre de todos los hombres y mujeres que comandé, y decirles que si eventualmente sucedieron esos crímenes, fue producto de unas manzanas podridas que estaban en el Ejército, de una infiltración del narcotráfico o de las Farc, pero también decirles que nos avergüenza que esto haya sucedido.

Parece que estuviera respondiendo por los falsos positivos ocurridos en el país.

En todo el Ejército ha sucedido esto. Lo que pasa es que yo estoy cargando con los falsos positivos de todo el país, y mi jurisdicción no era todo el país. Mi jurisdicción era solamente la II División: Santanderes, Arauca, sur de Bolívar y sur del Cesar. ¿Por qué dar de baja únicamente a los comandantes de la II y la VII divisiones, si en todas se presentaron también estos casos? Incluso hay sitios en los cuales ya hay detenidos y sentencias. En el caso de Ocaña la Fiscalía no se ha pronunciado.

¿En sus 35 años de carrera había tenido algún episodio similar?

Nunca. Nunca se me hizo una investigación disciplinaria, tampoco una administrativa.

Hace 20 años se hablaba del síndrome de la Procuraduría en contra de los militares. ¿Ahora es el síndrome de la Fiscalía?

No, ahora es el síndrome de La Machaca. Todos le tienen pánico, cuando llega, todos tiemblan.

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