16 Jan 2010 - 3:17 a. m.

Hasta que la música los separe

La violinista búlgara sorprendió al público cartagenero con su juventud. Su destreza al momento de ejecutar las cuerdas sobresalió en el Cartagena IV Festival Internacional de Música.

Juan Carlos Piedrahíta B. / Enviado Especial, Cartagena

Las condiciones técnicas eran complejas, la brisa caribeña agitaba más de lo acostumbrado y el público en el escenario improvisado de la Plaza de la Trinidad, en Getsemaní, estaba a la expectativa de la aparición de los músicos. De la capilla ubicada en este popular sector del centro cartagenero emergió una figura muy joven, esbelta y cuyo apellido casi ningún nativo logró pronunciar con fortuna. Bella Hristova, acompañada por su inseparable violín Amati de 1655, comenzó a tocar y los asistentes se dejaron cautivar por su magia.

Algo similar sucedió cuando, fuera de programa, el grupo de Medellín Puerto Candelaria la invitó a ella, a la violista Hsin-Yun Huang, a la cellista Alisa Weilerstein y a los integrantes del Shanghai Quartet a interpretar un porro. En esta ejecución la violinista también se sobró porque se gozó la experiencia y no se detuvo a pensar que esa música que salía de su instrumento poco tenía que ver con sus orígenes búlgaros y mucho menos se relacionaba con las obras clásicas que componen casi la totalidad de su repertorio.

Con su instrumento ha recorrido buena parte de Europa y en diciembre se presentó en el imponente Carnegie Hall, donde interpretó el  Concierto para tres violines de Johann Sebastian Bach (1685-1750) al lado de la Orquesta de Cuerdas de Nueva York. Hristova y su violín conforman un dueto excepcional en el que ella aporta la sensibilidad y el instrumento ofrece la experiencia de estar brindando música por más de tres siglos.

“Yo empecé a tocar cuando tenía seis años. Recuerdo que mi primer instrumento era un violín muy pequeño y yo quería tocar piano o percusión, pero mi mamá insistió en que fuera violinista. Mi primer encuentro con el instrumento fue un gran abrazo y fue tan fuerte por la emoción que lo dañé”, comenta esta artista apasionada tanto por las sonatas para piano de Bach y Beethoven como por las canciones de Frank Sinatra, Billie Holiday y Radiohead.

Debutó en el mercado discográfico con una selección de obras del reconocido compositor belga Charles de Bériot, que publicó bajo el sello Naxos. Fue galardonada en el Concurso Internacional de Violín de Indianápolis, así como con el Premio de la Competencia Internacional Michael Hillen y en la actualidad es miembro de la Sociedad de Música de Cámara del Lincoln Center.

“Todos esos reconocimientos han sido importantes para mí. Sin embargo, creo que lo relevante fue que desde los doce años me fui a estudiar música a Viena. Fue una experiencia maravillosa porque fue la primera vez que observé la rica cultura musical de países como Austria. Fui a la casa de Mozart, en Salzburgo, y cosas como esa contribuyeron a que mi amor por la música creciera considerablemente”, añade Bella Hristova.

Es la primera vez que pisa tierra colombiana y tiene la firme intención de volver para conocer más sobre el porro, hacerles frente a las condiciones técnicas adversas, aprovechar la brisa caribeña y, sobre todo, seguir cautivando a un público que descubrió a una artista muy joven acompañada por una joya de la historia que produce notas musicales.

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